
Los Gurús de la Manosfera: Una Falsa Receta para Convertir a Niños y Jóvenes en "Hombres de Verdad
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El documental “Dentro de la manosfera”, estrenado en Netflix, revela que muchos seguidores de estos influencers son menores de edad y jóvenes. La promesa que ofrecen es clara: “Si eres duro, independiente y controlas tus emociones, obtendrás estatus, poder y respeto”.
Harrison Sullivan (@HSTikkyTokky), un influencer de la manosfera, es asediado por niños que buscan saludarlo y tomarse fotos con él mientras camina por Marbella. Esta escena, capturada en el documental de Louis Theroux, se repite en otros países con otros influencers similares, cuyos seguidores son mayoritariamente jóvenes.
Mucho se ha debatido sobre la atracción que ejerce esta ideología en niños y adolescentes. Esta exacerba los rasgos tradicionalmente asociados a la masculinidad, añadiendo una dosis significativa de misoginia. Sin embargo, es crucial analizar el origen de este fenómeno: ¿Será que la manosfera no ofrece un discurso novedoso, sino uno que resuena con valores inculcados desde la infancia?
El “Maricón” Como Mecanismo de Control
Desde la gestación, niños y niñas son tratados de manera diferente. Un estudio alemán de 2023 lo confirma al analizar cómo los futuros padres preparan habitaciones y compran ropa según el sexo del bebé, perpetuando roles de género desde el inicio.
Micaela Guzmán Bernal, profesora de primaria con amplia experiencia, señala los mensajes diferenciados que reciben los niños: “Eres un machote”, “los niños fuertes no lloran”, “tienes que ser valiente”.
Judy Y. Chu, investigadora especializada en el desarrollo psicosocial infantil y la construcción de la masculinidad, observó en un estudio de 1999 cómo la capacidad de los niños para ser emocionalmente perceptivos disminuía a medida que crecían y entendían que esas cualidades eran “femeninas” e inadecuadas para encajar entre sus pares.
“Se volvieron menos visibles a medida que los niños aprendían que demostrar que son chicos implica, ante todo, demostrar que no son chicas”, explica Chu en su libro “When Boys Become Boys: Development, Relationships, and Masculinity”.
Si te sales de lo que se considera aceptable, te arriesgas a la vergüenza o a la exclusión. Así que muchos niños y hombres sienten que tienen que demostrar constantemente que cumplen ciertos estándares. Ese proceso no ha cambiado demasiado.
Judy Y. Chu – investigadora (NYU)
Chu considera que, a pesar de la evolución cultural reflejada en algunos personajes de Disney, la realidad en los hogares y patios de recreo no ha cambiado drásticamente en los últimos 27 años. “La idea de que hay una sola forma correcta de ser un hombre ‘de verdad’ sigue ahí”, afirma.
La investigadora explica que la masculinidad a menudo necesita demostrarse para acceder a estatus y privilegios. Incluso las chicas que quieren tener éxito sienten que deben probarse en términos masculinos.
Además, existen fuertes presiones sociales como jerarquías, competencia y “vigilancia de género”. Chu resume la promesa implícita: “Si eres duro, independiente y controlas tus emociones, obtendrás estatus, poder y respeto”. Nuria Alabao añade que “el ‘maricón’ sigue funcionando como mecanismo de control que patrulla las fronteras del género masculino y castiga a quienes se desvían de la norma”.
Ser “Más Hombre”: La Receta Perfecta
La dificultad para los niños y hombres de ser siempre duros e independientes genera inseguridad y ansiedad. La masculinidad se vuelve frágil y vulnerable, afirma Chu.
Los gurús de la manosfera ofrecen una receta para “ser auténticamente hombres todo el tiempo”, buscando ser queridos, apreciados y protegidos por el grupo. En el fondo, buscan conexión, al igual que todos.
Sin embargo, es difícil conectar con los demás sin mostrar vulnerabilidad. La sociedad mutila la capacidad de los niños para expresar sus emociones, generando un vacío que se traduce en rabia, la única emoción permitida a la masculinidad tradicional. Esta sensación de inadecuación se agudiza cuando la sociedad espera que sean emocionalmente competentes, una habilidad que no han desarrollado.
En este contexto, la manosfera ofrece una salida “familiar”, una estrategia de supervivencia conocida y alentada durante años: ser “más hombres”.
Chu señala que acercarse a rasgos tradicionalmente masculinos se ve como un ascenso para las niñas, mientras que expresar rasgos femeninos se considera un descenso para los niños, restringiéndolos y generando malestar, desconexión e infelicidad. Numerosos estudios vinculan esta restricción emocional con problemas de salud mental en la adolescencia y adultez.
En el documental, un acólito de Justin Waller afirma que “los tíos estamos destinados a sufrir, no a ser felices. No creemos en la depresión”. Sin embargo, revela que su hermano se suicidó, invalidando su discurso.
Estos contenidos están diseñados para captar la atención, optimizados para los algoritmos, y circulan en un ecosistema donde ciertos marcos reaccionarios ya forman parte del sentido común.
Nuria Alabao – antropóloga y autora de ‘Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas’
Alabao explica que no se necesita una convicción previa fuerte para que un joven se interese por la manosfera; basta con curiosidad o malestar difuso para que esos discursos empiecen a estructurar su experiencia.
Masculinidades Más Diversas, Presión Persistente
Los personajes masculinos “evolucionados”, los libros infantiles con mensajes positivos y los programas educativos centrados en la igualdad son positivos, pero pueden llevarnos a observar a la infancia actual con un sesgo, según Guzmán Bernal.
En las familias aún existen mensajes explícitos y no explícitos sobre roles de género, como la distribución de tareas, los juguetes, la ropa y las actividades extraescolares. Los medios de comunicación y las redes sociales también transmiten estereotipos sobre el cuerpo, el habla y el comportamiento.
Guzmán Bernal reconoce que ahora hay más interacción entre niños y niñas, y algunos niños expresan sus sentimientos sin reservas. Sin embargo, estos son los que menos se adscriben al estereotipo masculino y muestran mayor empatía.
Estudios demuestran que a mayor conformidad a las normas de género tradicionales, menos expresión afectiva se revela.
A pesar de que los seres humanos nacemos con la potencialidad de manifestar nuestra dimensión emocional, los niños comienzan a reprimir sentimientos de tristeza o ansiedad y a expresar más enfado entre los cuatro y los seis años.
Chu relata cómo los padres de los niños que observó notaron este cambio y, aunque les entristecía, lo entendían como necesario para integrarse en la sociedad. Incluso ella misma, a pesar de comprarle a su hijo el vestido que quería, le negó la posibilidad de salir de casa con él por miedo a las consecuencias.
“La representación está mejorando: estamos viendo un abanico más amplio de masculinidades, más expresión emocional, más vulnerabilidad. Eso es muy positivo. Pero incluso con más opciones, la presión por demostrar la masculinidad sigue ahí”, afirma Chu. La clave está en crear entornos donde distintas formas de ser estén realmente respaldadas.
La clave es que entiendan que el feminismo también lucha contra lo que les oprime a ellos —los mandatos de masculinidad, la exigencia de ser siempre fuertes, la soledad emocional— y que sus frustraciones legítimas tienen causas estructurales.
Nuria Alabao – antropóloga
Chu recomienda proteger a los niños y prepararlos para el mundo, apoyando sus decisiones y ayudándolos a navegar la realidad. Es fundamental que sepan que tienen un lugar seguro donde son aceptados. Una sola relación de apoyo puede ser enormemente protectora.
Alabao destaca la importancia de potenciar la educación sexual y afectiva, que sigue siendo deficiente. Los jóvenes reciben antes la influencia de la manosfera que una conversación seria sobre deseo, consentimiento o relaciones.
La antropóloga propone crear espacios donde puedan expresar dudas y equivocarse, generando espacios donde pensar con ellos de verdad. La educación feminista debe enseñar a pensar de forma autónoma y a discriminar argumentos, en vez de exigir adhesión a un dogma. Además, debe incluir a los niños como parte del proyecto feminista, haciéndoles entender que también lucha contra lo que les oprime a ellos.













