
GUERRA EN IRÁN: ¿AMENAZA PARA EL SUMINISTRO MUNDIAL DE ALIMENTOS?
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Las cosechas mundiales de 2026 penden de un hilo. Un documento interno del Gobierno español advierte sobre una posible escasez global de alimentos debido al conflicto en Irán y sus consecuencias en el transporte de fertilizantes.
El cierre del estrecho de Ormuz, ruta clave para el transporte de fertilizantes, podría provocar una reducción en la producción de alimentos y un aumento de la presión migratoria hacia Europa en 2027.
IMPACTO RETARDADO DE LA GUERRA
Aunque el impacto inmediato de la guerra en Medio Oriente se ha sentido en los precios de los combustibles, el análisis interno del Gobierno español señala que los efectos en la agricultura podrían ser aún más graves. La interrupción en la producción y exportación de fertilizantes del Golfo Pérsico ocurre en un momento crítico para la siembra en el hemisferio norte.
Luis Planas, ministro de Agricultura español, ha solicitado a los actores de la cadena alimentaria que eviten trasladar el incremento de precios a los consumidores, pero el análisis interno de Moncloa apunta a una crisis de alcance global.
AGRICULTURA INTENSIVA EN RIESGO
La agricultura intensiva, dependiente de fertilizantes derivados de combustibles fósiles, se enfrenta a serias consecuencias. La producción agrícola consume el 15% del petróleo y gas a nivel mundial, según la FAO, y una parte importante se destina a la fabricación de fertilizantes.
La realidad es que la falta de fertilización en primavera es irrecuperable, afectando la cosecha del hemisferio norte de 2026. El documento del Ejecutivo español indica que esta situación se reflejará en las estadísticas de producción global a partir de agosto.
CRISIS EN ÁFRICA Y AUMENTO DE PRECIOS
La ONG International Fertilizer Development Center advierte que la crisis llega en un momento especialmente delicado para los países africanos, que dependen de las importaciones de fertilizantes y se encuentran en su periodo principal de siembra. La organización califica como “urgente” la disponibilidad de estos productos para evitar disrupciones en las cosechas de 2026.
El estrecho de Ormuz es una vía clave para el comercio de fertilizantes. Catar, un importante exportador de urea, ha paralizado su producción tras los ataques a su planta de gas. Otros productores importantes como Bangladés, India y Pakistán también han reducido su fabricación por la escasez de gas licuado.
El Gobierno español calcula que el precio de la urea ha subido un 47% en tres semanas y podría duplicarse. La FAO coincide en que los precios globales de los fertilizantes podrían ser entre un 15% y un 20% más altos en la primera mitad de 2026 si la crisis persiste.
IMPACTO EN LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y MIGRACIÓN
Máximo Torero, economista jefe de la FAO, alerta sobre un “shock sistémico” que afecta a los sistemas agroalimentarios. Los agricultores se enfrentan a una doble crisis: el encarecimiento de los fertilizantes y la necesidad de fertilizar menos o plantar cultivos menos demandantes.
Una caída significativa en los rendimientos agrícolas en países dependientes de importaciones del Golfo Pérsico podría elevar los precios de los alimentos en el cuarto trimestre de 2026 y aumentar la presión migratoria sobre Europa en 2027.
El análisis interno del Ejecutivo español describe un escenario que va desde la escasez de fertilizantes hasta la inestabilidad política en economías frágiles y, finalmente, los flujos migratorios hacia Europa.
Un estudio del Banco de España sobre crisis alimentarias y migración forzada concluye que las crisis alimentarias tienen un impacto directo en los flujos migratorios internacionales.
El Informe global de la crisis alimentaria, coordinado por la ONU, estima que la falta de comida obligó a desplazarse a 95 millones de personas en 2024, un 5,5% más que el año anterior.
LA DEPENDENCIA DE LOS FÓSILES
La llamada Revolución Verde, que multiplicó la cantidad de alimentos disponibles a partir de 1960-70, se basó en la selección genética de cultivos y en el aumento del uso de fertilizantes inorgánicos. Entre 2000 y 2020, el uso de fertilizantes en el mundo subió un 49%, según la FAO.
Sin embargo, esta fórmula intensiva de cultivar ha generado una dependencia de los combustibles fósiles y ha contribuido al calentamiento global.
El método intensivo que confía en los fertilizantes sintéticos ha disparado las emisiones de óxido nitroso (N2O), un potente gas de efecto invernadero, generando un conflicto entre la alimentación de la población y la protección del clima.












