
Celebración Solemne del Viernes Santo en la Catedral de Jaén
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La Catedral de Jaén fue el escenario de la conmemoración del Viernes Santo, presidida por el obispo Don Sebastián Chico Martínez. La ceremonia, caracterizada por su sobriedad, se desarrolló con el altar despojado y el templo en penumbra, invitando a la reflexión y a la contemplación del misterio de la Cruz.
El obispo, vestido con una casulla roja, dio inicio a la celebración en silencio, postrándose ante el altar durante un breve instante. Lo acompañaron miembros del Cabildo catedralicio, el diácono permanente Manolo Rico y seminaristas, cuyas voces se unieron en cantos durante la liturgia.
Homilía del Obispo
En su homilía, el obispo enfatizó que en este día la Iglesia se sume en silencio, escucha, ora y contempla, presentándonos ante la Cruz del Señor, donde las palabras vacías resultan innecesarias. Resaltó que la Pasión, según San Juan, deja un legado de dolor pero también de paz, ya que en ella Jesucristo no es una víctima, sino el Hijo que se entrega libremente por la salvación del mundo.
Don Sebastián señaló que la Pasión revela la verdad del corazón humano, mostrando la cobardía, la violencia y la debilidad.
Reconoció que, a menudo, tampoco nosotros somos fieles, pero recordó que al mirar al Crucificado, cada uno puede sentirse amado a pesar de sus errores.
El prelado jiennense hizo un llamado a la conversión, explicando que la cruz nos obliga a reconocer nuestra condición de pecadores necesitados de salvación. Sin embargo, enfatizó que el pecado no tiene la última palabra, sino el amor de Dios. Cristo, como Siervo sufriente, toma sobre sí nuestra culpa para abrirnos un nuevo camino.
Adoración de la Cruz
Uno de los momentos más emotivos fue la adoración de la Cruz. La imagen del Cristo de las Misericordias, obra de Gutierre Gierero, fue llevada hasta el presbiterio mientras se proclamaba: “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo”.
El obispo, descalzo, fue el primero en venerar la Cruz, seguido por presbíteros y fieles.
Don Sebastián invitó a los fieles a una adoración sincera, aclarando que no se adora un madero, sino a Cristo que nos ha amado hasta el extremo. Tras este acto, se distribuyó la Sagrada Comunión, consagrada durante la celebración del Jueves Santo.
Bendición con el Santo Rostro
Al concluir la liturgia, se cumplió con una tradición arraigada en la Iglesia de Jaén. El obispo se dirigió a los balcones de la Catedral para bendecir la ciudad, sus habitantes y sus campos con el Santo Rostro desde los cuatro puntos cardinales.
Sábado Santo
La celebración del Sábado Santo comenzó a las 9 de la mañana con el rezo de los Laudes y culminó con la Solemne Vigilia Pascual, que se celebró a las 22:30 horas en la Catedral, también presidida por el obispo.













