
Europa pierde la guerra de Irán sin haberla librado
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A veces, la vida nos pone en situaciones paradójicas: uno puede perder una guerra sin siquiera haber participado en ella. Y parece que Europa se encuentra en una de esas encrucijadas, y no es la primera vez.
Recordemos la guerra del Yom Kippur en 1973. Europa no intervino directamente, pero sufrió las consecuencias energéticas: racionamiento de petróleo, restricciones de circulación… Aquella crisis no solo impactó la economía, sino que también marcó un punto de inflexión política, poniendo fin a los 30 años dorados de la socialdemocracia y cuestionando el paradigma del Estado del bienestar.
Posteriormente, a finales de los 70, el auge de la ideología neoliberal, impulsada por figuras como Reagan y Thatcher, terminó de consolidar este cambio de paradigma.
Aunque el panorama energético mundial ha evolucionado y Europa goza de mayor autonomía, especialmente España, y las energías renovables ayudan a mitigar el impacto en la factura de la luz, la sensación es que seguimos perdiendo, incluso sin haber entrado en el juego.
La postura de Estados Unidos
Las dificultades de Estados Unidos para resolver la situación con Irán son cada vez más evidentes. Tras la esperada comparecencia del miércoles, no hubo grandes anuncios, ni operación terrestre ni alto el fuego. Solo la promesa de que seguirán trabajando en ello y que en unas semanas habrán terminado.
Sin embargo, Trump volvió a expresar su frustración con Europa y su decepción con la OTAN, lamentando la falta de apoyo de los aliados. Reiteró que Estados Unidos no se beneficia del petróleo que transita por el estrecho de Ormuz, dejando entrever que aquellos que lo necesiten deben encargarse de liberarlo.
Todo apunta a que, al menos algunos sectores en Washington, están considerando dejar este problema en manos de los europeos. A pesar de haber sido creado por ellos con Israel, no se sienten directamente involucrados. Incluso, podría servirles como excusa para obligarnos a entrar en la guerra. El Secretario de Estado, Marco Rubio, tradicionalmente atlantista, ha insinuado que Estados Unidos está reevaluando su papel en la OTAN, lo que podría significar una posible retirada.
El debilitamiento de la OTAN
El verdadero problema radica en que, aunque Estados Unidos no abandone formalmente la alianza, su insistencia en esta idea sugiere una falta de compromiso con la defensa europea. La OTAN, que hasta ahora garantizaba la disuasión mediante el uso de la fuerza en caso de ataque a uno de sus miembros, ve cómo esa certeza se disipa gradualmente. Otra derrota para Europa.
En el Kremlin, los diplomáticos toman nota de estas señales, que apuntan a un abandono por parte de Trump. Esta semana han añadido una nueva muesca a su cuaderno. La pregunta es cómo podríamos dar una sorpresa a estos observadores rusos, pero la respuesta no es evidente.
Las consecuencias para Europa
Europa comenzó a perder esta guerra desde el principio. Los cuatro millones de desplazados generarán presión en nuestras fronteras, como ocurrió con la guerra civil en Siria. Además, la autorización de Estados Unidos para la compra de petróleo ruso (a pesar de las sanciones) con el fin de contener los precios, fortalece a Rusia, que además ve cómo el mundo desvía su atención de Ucrania.
El panorama se torna cada vez más sombrío para los europeos. ¿Qué se necesita para frenar esta derrota? En primer lugar, superar el *shock* psicológico. Muchos aún se encuentran en estado de negación. Debemos recuperar el “espíritu Groenlandia”, aquel destello de lucidez que recorrió Europa cuando Trump nos atacó directamente. Ahora lo hace de forma más sutil, pero sigue haciéndolo.
En segundo lugar, necesitamos un urgente patriotismo europeo. Ya no se trata solo del programa Erasmus para comprendernos, sino de la sangre y el fuego que siempre han unido a las naciones. Líderes nacionalistas, como Meloni en Italia y Le Pen en Francia, están comenzando a trasladar esos sentimientos del ámbito nacional al continental. La única forma posible de patriotismo nacional con sentido es europea: defender nuestra soberanía, nuestra democracia y nuestro Estado social. No hay desunión en eso. Pedro Sánchez encabeza la oposición política -es el único con ideas claras para el día después-, y de eso también necesitamos más.
Pero, ante la falta de valentía, me conformo con fortalecer un sentimiento poderoso de patriotismo europeo. Solo hay una forma de no perder una guerra sin librarla: decidir que sí es tu guerra.













