
Andrea García-Santesmases analiza el "nuevo contrato sexual" y el auge del deseo femenino
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Sesenta años después del inicio de la llamada liberación sexual, la investigadora Andrea García-Santesmases plantea interrogantes cruciales sobre el estado actual de los roles de género y los estereotipos en la sexualidad. En su libro, Un nuevo contrato sexual. Placer y poder en la industria del deseo femenino, García-Santesmases explora si el auge de productos y servicios sexuales dirigidos a mujeres representa un verdadero avance en la liberación sexual o simplemente una estrategia de marketing que no transforma las dinámicas de género.
El auge del deseo femenino y el mercado
La autora señala que el mercado ha detectado la creciente demanda de las mujeres como sujetos sexuales, convirtiéndolas en consumidoras de un mercado erótico en expansión. Sin embargo, advierte que esta conversión en consumidoras se ha presentado como sinónimo de empoderamiento femenino, un concepto que ha sido cooptado por la industria del deseo femenino para estandarizar y mercantilizar las demandas sexuales.
Para ejemplificar este fenómeno, García-Santesmases menciona la higienización de los sexshops, que han evolucionado de tiendas oscuras y sórdidas a espacios agradables y seguros, con personal capacitado para asesorar a las compradoras. Sin embargo, la autora insta a la cautela al considerar esto como un empoderamiento, ya que la sexualidad y el consumo se vuelven prescriptivos, estableciendo que para ser una mujer empoderada, es necesario ser sexualmente activa y consumir ciertos productos.
Liberación sexual y postfeminismo
García-Santesmases reconoce la importancia de las conversaciones generadas por la liberación sexual, pero alerta sobre cómo ciertos posicionamientos postfeministas generalizan la idea de que los logros y fracasos individuales son únicamente resultado del esfuerzo personal, ignorando el contexto social. Esto tiene como efecto la asunción de que la igualdad ya existe y que todo depende de las acciones y decisiones individuales.
La autora critica esta deriva postfeminista, argumentando que niega la necesidad de una reflexión feminista en el ámbito de la sexualidad y promueve una idea neoliberal en la que no hay estructuras sociales ni imaginarios, y donde el éxito sexual se equipara al éxito general.
La eterna juventud y la violencia sexual
La investigadora también aborda la presión sobre las mujeres para mantenerse eternamente jóvenes y deseables, señalando la paradoja de que deben esforzarse por lograrlo, pero sin que se note demasiado. Además, destaca la omnipresencia del temor a la violencia sexual en las historias de mujeres, lo que dificulta la posibilidad de pensar en el sexo y el placer sin tener en cuenta esta amenaza.
García-Santesmases menciona un estudio de la socióloga Lisa Wade sobre la cultura sexual en los campus estadounidenses, donde jóvenes de entornos conservadores se sienten presionados a perder la virginidad rápidamente para encajar en la vida universitaria, al mismo tiempo que existe una creciente visibilización de la violencia sexual. Esto genera una dicotomía difícil de manejar para los jóvenes.
El heteropesimismo y el nuevo contrato sexual
La autora relaciona el auge del consumo de bienes y servicios sexuales con el heteropesimismo, una sensación de decepción y desgaste ante la dificultad de encontrar relaciones satisfactorias con hombres. García-Santesmases sugiere que este consumo es impulsado por el desencanto con la heterosexualidad y la búsqueda de controlar los aspectos negativos de esta, en lugar de un verdadero empoderamiento.
Finalmente, García-Santesmases propone un nuevo contrato sexual que no imite los patrones masculinos tradicionales, sino que busque relaciones diferentes donde la erótica y los afectos tengan cabida. Se trata de aprovechar la reivindicación del placer femenino y la crítica a la heteronorma, pero problematizando cómo todo esto ha sido cooptado y estandarizado como producto de marketing.
La clave, según la autora, es no juzgar la decisión individual, sino criticar una heteronorma que limita las opciones y hace que solo ciertas rutas sean posibles y deseables. Es necesario ser “hetero optimistas” y ofrecer imágenes positivas de la heterosexualidad, para evitar que las promesas incumplidas de la liberación sexual impulsen a los jóvenes hacia posturas neoconservadoras.













