Antoñita Senise: Una vida de devoción a la Virgen de la Piedad en Cartagena

Antoñita Senise: Una vida de devoción a la Virgen de la Piedad en Cartagena
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Antoñita Senise: Una vida de devoción a la Virgen de la Piedad en Cartagena

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Antoñita Senise, una mujer de 89 años originaria de Linares, se ha convertido en un pilar fundamental de la cofradía de la Piedad en Cartagena, a pesar de no ser originaria de la ciudad. Su profunda devoción a la Virgen trasciende la mera fe, considerándola una madre y una presencia constante en su vida.

Un vínculo que nació de la gratitud

La conexión de Antoñita con la Virgen de la Piedad se remonta a 1967, un año después de que su hija sufriera un grave accidente que requirió la extirpación de un riñón. A partir de ese momento, comenzó a acompañar a la Virgen en las promesas, junto a dos amigas, incluso antes de la existencia formal de la Junta de Damas.

Posteriormente, fue invitada a formar parte de la Junta de Damas por el entonces presidente, Paco Rojas, y desde entonces su implicación ha sido total. Inicialmente desempeñó funciones de relaciones públicas y luego asumió el cargo de camarera de la Virgen, una labor que continúa realizando en la actualidad.

Su principal responsabilidad es el cuidado de la vestimenta de la imagen, incluyendo toallas y, antiguamente, el mantel del altar.

Una presencia constante

Antoñita describe su relación con la Virgen como algo cotidiano y palpable. “La madre mía que me trajo al mundo ya no está, pero a ella sí la tengo aquí. Una imagen, pero yo la siento viva, la siento con calor, a mi lado, así constantemente”, afirma emocionada.

Vuelta a la procesión tras el luto

Tras un periodo de luto por el fallecimiento de su marido, Antoñita ha decidido volver a participar activamente en la procesión de este año. Su amor por la Piedad es una fuerza que la impulsa a superar la ausencia y a seguir honrando a la Virgen.

Para ella, participar en el desfile es un acto de profunda solemnidad y respeto.

Un mensaje para las nuevas generaciones

A pesar de los años, Antoñita irradia vitalidad y resume su secreto en un sencillo lema: “Pocas silla, poco plato y mucha suela de zapato”. Llegada a Cartagena a los 22 años, Antoñita formó una numerosa familia y se siente “inmensamente feliz” en la ciudad. Finalmente, lanza un mensaje a las nuevas generaciones, invitándolas a apreciar la belleza de Cartagena y, especialmente, su Semana Santa.

Con humildad, Antoñita espera que alguien la sustituya en su cargo, aunque reconoce que será difícil igualar el esmero y el cariño que ella dedica a la Virgen. Recuerda con cariño una fotografía donde se le permitía tocar el rostro de la Virgen, un gesto que hoy ya no está permitido.