MORANTE DE LA PUEBLA REVIVE LA MAGIA EN SEVILLA

MORANTE DE LA PUEBLA REVIVE LA MAGIA EN SEVILLA
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MORANTE DE LA PUEBLA REVIVE LA MAGIA EN SEVILLA

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Morante de la Puebla regresó a Sevilla con una actuación que evocó recuerdos de tardes gloriosas, especialmente tras su última aparición destacada el 12 de octubre de 2025. La Maestranza, rendida a su arte, lo recibió con la admiración que merece un torero único, estableciendo una conexión que trascendió los simples trofeos.

Un evento cargado de simbolismo

El festejo, marcado por la presencia del rey Juan Carlos I y el debut de José María Garzón como empresario, ya tenía un protagonista antes de comenzar, y Morante se encargó de reafirmarlo durante la corrida.

Aunque su primer toro no le permitió lucirse, el ambiente ya presagiaba lo que estaba por venir. En el cuarto toro, Morante desató la euforia. Unas verónicas ajustadas y una media de cartel encendieron los tendidos.

El quite posterior mantuvo la misma intensidad.

Con la muleta, el torero sevillano ejecutó una faena de sabor añejo. Inició con suavidad, marcando el terreno, para luego desatar su arte al son de ‘Gallito’, coordinando cada movimiento con el cuerpo y girando sobre la cintura. Un toreo cadencioso y armónico que transportó al público a otra época. Aunque el toro perdió fuelle en los naturales, la faena ya había alcanzado su punto culminante.

La estocada, certera, provocó una petición unánime.

Dos orejas fueron concedidas, la segunda con cierta controversia. Sin embargo, la importancia de la aritmética se desvaneció ante la sensación de haber presenciado un momento irrepetible. La vuelta al ruedo, apoteósica, reflejó una tarde que sitúa a Morante en el centro de atención.

Actuaciones de Roca Rey y David de Miranda

Roca Rey tuvo una tarde irregular. Aunque se mostró firme con su primer toro, el conjunto perdió intensidad a medida que el animal se debilitaba.

Se recuperó en el quinto, un toro con más posibilidades, y logró conectar con el público. Su faena, más calculada, culminó con una estocada eficaz que le valió una oreja, premiando su esfuerzo de menos a más.

David de Miranda enfrentó una tarde de desafíos. Presionado por el escenario y el ambiente, tuvo dificultades con su primer toro. En el sexto, tras sufrir una dura voltereta, demostró su valía.

Con determinación, se adentró en los terrenos del toro, mostrando un valor seco y sin concesiones.

Sus naturales, especialmente los ligados a pies juntos, resonaron en el público. Fue una actuación de superación, imponiéndose a la adversidad. La estocada final y la oreja obtenida confirmaron una actuación de peso, superando los momentos de dificultad.