Los escritores no existen: Reflexiones sobre el oficio y los premios literarios

Los escritores no existen: Reflexiones sobre el oficio y los premios literarios
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Los escritores no existen: Reflexiones sobre el oficio y los premios literarios

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Un artículo reciente en la revista estadounidense *The Baffler* recordaba una anécdota de Wallace Stegner, un escritor e historiador que impartía clases de escritura creativa en Stanford. Un estudiante le preguntó cuántos de los participantes en su curso, a lo largo de veinte años, habían logrado vivir de su trabajo como escritores. La respuesta de Stegner fue contundente: “No lo entiendes. Has escogido una profesión que no existe”.

El Premio Aena y la realidad del mercado literario

Esta semana se fallará en Barcelona el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, una iniciativa de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea que ha generado controversia. El premio está dotado con un millón de euros para el ganador y 30.000 euros para cada uno de los cuatro finalistas. Si bien algunos critican la elevada suma, otros argumentan que la lengua española carece de un galardón de esta magnitud, comparable al Goncourt francés o al Booker inglés.

La cuestión central no es si es mejor premiar obras publicadas o inéditas, sino la propia existencia del escritor como profesional. En España y en el ámbito internacional, los premios, ya sean millonarios o modestos, parecen preceder a la profesión del escritor en sí misma. Los escritores no existen como tales; existen asalariados, autónomos o rentistas que dedican parte de su tiempo a la escritura.

Pluriempleo y la búsqueda de ingresos alternativos

El artículo de *The Baffler* cita ejemplos de autores aclamados que han debido recurrir a trabajos diversos para subsistir: desde el servicio forestal hasta la investigación de redes sociales para empresas de seguros, pasando por la hostelería. En España, la situación es similar. Escribir se asemeja más a un hobby que a una fuente de ingresos estable, proporcionando, en el mejor de los casos, un cierto estatus cultural.

¿Es posible una solución?

La pregunta que surge es si realmente queremos que la escritura se convierta en un oficio capitalista como cualquier otro. ¿Qué mercado podría sostener a la gran cantidad de autores y libros que se publican cada año? En un contexto en el que se pagan cantidades irrisorias por artículos y reseñas, ¿es apropiado que la intervención institucional en el campo literario se limite a la distribución de un premio millonario?

Si bien existen ayudas a la creación literaria, estas forman parte de una carrera por becas, residencias y proyectos en la que los escritores compiten entre sí. La pregunta fundamental es si un premio de un millón de euros contribuye realmente a que florezca la literatura en lengua castellana y a que los escritores puedan dedicarse a su oficio.

La dicotomía entre literatura y mercado

La escritura sigue siendo un campo en el que existe una gran distancia entre la literatura y el mercado, entre la calidad y las sumas desorbitadas de dinero. Incluso los libros más vendidos generan ingresos modestos en comparación con otros productos culturales. Es probable que el impacto del Premio Aena en esta situación sea limitado.

Grandes autores como Beckett, Spinoza, Chéjov y Kafka tuvieron otras ocupaciones para ganarse la vida. Como decía Gonzalo Torné: “¡Jóvenes! Si os queréis ganar la vida con la literatura, buscaos un trabajo”. Afortunadamente, los escritores no existen, porque si existieran, ¿qué sería de los libros?