¿Trump amenaza con sacar a EE.UU. de la OTAN? Un desvarío sin encaje legal

¿Trump amenaza con sacar a EE.UU. de la OTAN? Un desvarío sin encaje legal
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¿Trump amenaza con sacar a EE.UU. de la OTAN? Un desvarío sin encaje legal

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Donald Trump ha manifestado que está considerando “seriamente” la posibilidad de retirar a Estados Unidos de la OTAN. Esta afirmación, similar a sus anteriores amenazas de expulsar a España de la Alianza Atlántica, carece de fundamento real.

Este exabrupto refleja el malestar del mandatario estadounidense ante la falta de sumisión de sus aliados, quienes se muestran reacios a secundarlo en su confrontación con Irán. Más allá de su desconocimiento sobre el funcionamiento interno de la OTAN, donde no existe un mecanismo para expulsar a un miembro, esta amenaza revela una incomprensión sobre el significado de la Alianza para los propios Estados Unidos.

La imposibilidad legal de una salida unilateral

Trump ignora que la decisión de abandonar la OTAN no está dentro de sus competencias. La adhesión de EE.UU. como miembro fundador en 1949 se formalizó mediante un tratado internacional, que solo puede ser revocado con la aprobación del Congreso, requiriendo una mayoría de dos tercios. Dicha aprobación se antoja difícil, dado el rechazo del Legislativo al creciente abuso de poder del Ejecutivo en política exterior.

Además, la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2024 prohíbe expresamente la salida de la OTAN por decisión unilateral del presidente. Esta disposición fue impulsada por el actual secretario de Estado, Marco Rubio.

Trump también parece olvidar que la OTAN es una organización militar de carácter defensivo. Su intervención militar solo se justifica como respuesta a un ataque contra uno de sus 32 miembros en su propio territorio, activando el artículo 5 de defensa colectiva. En el caso de Irán, no hay base para la legítima defensa ni un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU que autorice el uso de la fuerza militar.

Por lo tanto, una intervención en Irán constituiría una flagrante violación del derecho internacional, lo que justifica que la Alianza se mantenga al margen. Ni siquiera Turquía, que ha sufrido ataques con misiles iraníes, ha invocado el artículo 5. Trump es consciente de que su beligerancia hacia Irán se basa únicamente en su “soberbia imperial”.

La única vez que se invocó el artículo 5 fue tras los atentados del 11-S, sin que George W. Bush correspondiera a la solidaridad aliada. Tampoco se debe olvidar el apoyo brindado en la invasión y ocupación de Afganistán. Por lo tanto, la acusación presidencial de que los aliados europeos nunca ayudan a Washington carece de fundamento.

Lo que Trump no puede exigir es que sus aliados se unan a una agresión contra un país soberano, por muy criticable que sea su régimen, colaborando en una violación del derecho internacional.

La OTAN: ¿Más beneficiosa para EE.UU. que para Europa?

Si bien Trump no puede decidir unilateralmente la salida de la Alianza, sí puede obstaculizar su funcionamiento. Sin embargo, esta actitud iría en contra de los intereses estratégicos de Estados Unidos. A menudo se cree que Europa debe estar agradecida por la protección que EE.UU. le brinda a través de la OTAN, pero la realidad es diferente.

Para EE.UU., la OTAN es un instrumento para subordinar a sus aliados europeos, permitiéndole imponer una relación ventajosa en términos militares y comerciales. Washington no tiene interés en una Unión Europea autónoma en materia de defensa, ya que perdería influencia y beneficios concretos, como ser el principal proveedor de armas y gas a los Veintisiete.

Además, las bases militares en territorio europeo son esenciales para proyectar el poder estadounidense hacia Oriente Próximo y Medio. Sin esta red de apoyo, su liderazgo global se vería comprometido. Por lo tanto, la salida de EE.UU. de la OTAN sería un duro golpe para sus aspiraciones hegemónicas, más que para los europeos.