
De la guerra de liberación a la guerra de destrucción: la "trampa de la escalada" ante el fracaso militar en Irán
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El fracaso estratégico de Israel y Estados Unidos en Irán está llevando a una nueva fase del conflicto, transformando lo que se vendió como una guerra de liberación en una guerra de destrucción. Washington se encuentra atrapado en la “trampa de la escalada”, con pocas horas restantes del ultimátum de Trump bajo la amenaza de una devastación total.
La campaña de asesinatos de altos mandos iraníes, con la esperanza de provocar un cambio de régimen, no ha tenido éxito. Los bombardeos contra objetivos militares iraníes no han disminuido su capacidad de respuesta, y la presión militar no ha alterado la determinación del régimen, que se ha vuelto aún más radical. Las amenazas de la mayor potencia militar mundial no han logrado forzar la reapertura del estrecho de Ormuz, mientras que Irán continúa lanzando ataques con misiles y drones en toda la región.
La inteligencia estadounidense estima que casi la mitad de las plataformas de lanzamiento de misiles de Irán permanecen intactas y que Teherán aún posee miles de drones.
Obsesión por la Edad de Piedra
La respuesta que se plantea es devolver a Irán a la Edad de Piedra, una amenaza ya escuchada anteriormente, incluso por Israel hacia Líbano. Ahora, Trump y su ministro de Guerra adoptan abiertamente esta estrategia israelí, una expresión que ya se usó en Vietnam del Norte e Irak en 1991 y que es sinónimo de crímenes de guerra. Y esta vez, no es solo retórica.
Un día después del discurso de Trump, el Instituto Pasteur de Teherán, un centro de investigación médica y salud pública fundado en 1920, fue bombardeado. El ataque no ha sido reivindicado ni por Israel ni por Estados Unidos.
“El Instituto Pasteur ha sido un referente del sistema sanitario iraní, un símbolo del Irán moderno. Su destrucción no podría tener otro propósito que el de atentar contra la historia de Irán, borrando la historia de su modernización y desarrollo”, denunció Vali Nasr, profesor en la Universidad John Hopkins.
“La Universidad Sharif es el MIT de Irán. Ha producido un gran número de ingenieros que han ido a Silicon Valley y fundado algunas de las empresas tecnológicas estadounidenses más exitosas. ¿Por qué estamos bombardeando una universidad en una ciudad de 10 millones de personas?”
Nasr señala que “esto ya no es una guerra contra la República Islámica, sus misiles o sus instalaciones nucleares. Es una guerra contra el país. Se trata de convertir Irán en un Estado fallido”.
El mismo día, Trump reconoció públicamente haber destruido el puente colgante más alto de Oriente Medio, una obra de ingeniería que aún no había sido inaugurada. En el valle debajo del puente, familias celebraban el fin de año persa cuando cayeron las bombas, causando 13 muertes, según cifras oficiales. Trump presumió del ataque, afirmando que “ni siquiera ha empezado a destruir lo que queda de Irán. Los puentes son lo siguiente y después, las centrales de energía eléctrica”.
Fuentes de EE.UU. justificaron el ataque alegando que el puente se utilizaba para trasladar misiles desde Teherán hasta el oeste de Irán.
Este lunes, le tocó el turno a la Universidad Tecnológica Sharif, en Teherán. “La Universidad Tecnológica Sharif es un icono de la modernización y el progreso en Irán. El objetivo de este tipo de destrucción indiscriminada solo puede ser la propia nación de Irán”, señala Nasr.
El ataque también ha generado críticas en el Congreso de EEUU. La congresista Yassamin Ansari, de Arizona, cuestionó: “¿Por qué estamos bombardeando una universidad en una ciudad de 10 millones de personas?”.
Unos días antes, un misil impactó en el laboratorio de investigación sobre plasma y láser de la Universidad Shahid Beheshti de Teherán. La semana pasada Israel también bombardeó una de las principales compañías farmacéuticas del país, destruyendo sus unidades de producción e investigación.
La trampa de la escalada
A pocas horas de que se cumpla el ultimátum de Trump contra las plantas eléctricas del país, Israel ya ha comenzado a destruir su infraestructura energética. Atacaron el mayor complejo industrial petroquímico de Irán y una instalación petroquímica en el mayor yacimiento de gas natural del mundo. Según el ministro de Defensa de Netanyahu, Israel Katz, los dos objetivos atacados “representan cerca del 85% de las exportaciones petroquímicas de Irán”.
Thomas E. Griffith, experto en estudios de defensa y seguridad nacional, concluye que la destrucción de estos sistemas rara vez logra los objetivos políticos o militares deseados, incluso resultando contraproducente.
“Los ataques contra el suministro eléctrico para minar la moral de la población civil no han sido eficaces a la hora de cambiar el comportamiento político”, señala el experto.
“Esto ya no es una guerra contra la República Islámica, sus misiles o sus instalaciones nucleares. Es una guerra contra el país. Se trata de convertir Irán en un Estado fallido”
Trump está atrapado en la “trampa de la escalada” y nada puede salir bien. “Los bombardeos iniciales no resuelven el conflicto, sino que lo expanden. EEUU tiene una decisión difícil: escalar para recuperar el control o aceptar un nuevo equilibrio de poder”, explica Robert Pape, profesor de la Universidad de Chicago.
“Incluso las propuestas que se discuten ahora, como los ataques masivos a la infraestructura de Irán, no solucionan este problema: imponen gran daño a los civiles, expanden las represalias por todo el Golfo y agravan la condena internacional contra Washington. Esto refuerza la posición de Irán en lugar de debilitarla”, añade Pape.













