Puerta grande de Samuel Navalón en la reapertura taurina de Hellín

Puerta grande de Samuel Navalón en la reapertura taurina de Hellín
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Puerta grande de Samuel Navalón en la reapertura taurina de Hellín

Lorenzo del Rey – Redacción COPE Albacete

La tarde en Hellín transitó entre el respeto contenido del inicio y la voluntad firme de no dejar caer la tauromaquia en la localidad. Hubo entrega, percances y desigualdades con los aceros, pero también momentos de verdad y emoción, especialmente en la actitud de quienes se presentaban y en el empuje de Navalón. 

Una jornada con altibajos en lo artístico, pero con el peso suficiente para confirmar que la plaza vuelve a tener vida. Más de media entrada de aforo, con un cartel interesante y un hierro que sobre el papel prometía y que al final no llegó al aprobado en líneas generales. Se emocionó el respetable con el minuto de silencio por el padre de Curro Díaz recientemente fallecido y por Ricardo Ortiz, torero y corralero en la Malagueta.

El astado “Castañuelo” y “El Cid” fueron los encargados de reanudar la actividad taurina en la localidad albacetense. El de “Alcurrucén” se aquerenció en el centro del ruedo y en lugar de embestir y acudir a los cites, miraba y miraba hasta que el diestro de Salteras le enjaretó unas verónicas estimables para después dejar el toro una pelea desigual en varas con un puyazo que se estimó largo. Poco que contar en banderillas, salvo que quedó como un alfiletero, con los palos por todos lados, y “El Cid” brindó al respetable. No tardó en coger la zurda y dejó una serie inicial con poso y sabor.

Bajó la intensidad al igual que el empuje del animal que optó por defenderse, llegando a desarmar al matador. Eso no arrugó al de luces y siguió rebañando muletazos, si bien con dispar -poco- lucimiento. Se le fue la espada al sótano de primeras y luego dejó una más atravesada y delantera con desarme de muleta, y ahí se fue todo al traste. Con el cuarto, que se empleó poquito en capote, peto y un pelín más banderillas, el diestro brindó también a Pérez y dejó medios pases en medias embestidas en un largo trasteo que se antojó excesivo, hasta que el toro arrojó la cuchara.

“El Cid” luchó y campeó, en resumen. El toro se amorcilló y eso dificultó la suerte de matar, que se alargó hasta el noveno intento -más dos avisos- donde cayó rodado el toro.

Se presentaba Víctor Hernández en Hellín y tampoco pudo lucir de capote al abanto que le tocó de primeras. Un puyazo marcado que fue un suspiro dio paso a unas banderillas efectivas que le valieron a Yelco Álvarez para desmonterarse. Brindó al diestro local Cristian Pérez y Hernández dejó claro su concepto de firmeza, citando en la rectitud y firmando algunos naturales más que notables.

Faena compacta que el desacertado uso de espada y descabello, sumado a que hubo que atender a una persona en el tendido, desdibujaron todo.

En el quinto, Hernández también dio una larga cambiada de rodillas y luego a la verónica. Se arrancó el toro al peto que no correspondía por orden y el matador sumó un vistoso quite. Y en la muleta, más de lo mismo: labor maciza presentando la muleta adelante y llevándolo sometido. Aunque se desentendía un poco al final de los pases, fue el mejor toro del encierro.

Sabor añejo, ganando pasos y muy acinturado. La espada, otra vez, fue su cruz. La vuelta al ruedo supo a poco.

Y Navalón, que también se presentaba en Hellín, llegó, y vaya si llegó. Larga cambiada de rodillas en el tercero de la tarde para enlazarla con verónicas muy enfibrado para enchufar al público.

Un puyazo con el palo puesto sin apretar y el reciente triunfador de Fallas dio otra descarga con un quite ceñido por chicuelnas. Buen tercio de rehiletes, brindis a Cristian Pérez y lo toreó de rodillas con mando. Ya en pie, lo fue domeñando y en un derrote le prendió, viviéndose con angustia los segundos que estuvo en el piso a merced del astado. Se levantó y no pareció estar herido pese a la paliza recibida, y Navalón dejó un trasteo aguerrido con un toro de embestida informal y hasta engañosa porque iba pero luego se acortaba en un viaje sin franqueza.

La estocada, en lo alto entrando en corto y por derecho. Las dos orejas fueron más emotivas que por obra tangible, pero ahí queda la sensación patente y notoria de querer ser torero, que no es cosa menor.

Con el que cerraba plaza, se fajó y poco más ya que no dio facilidades con el percal de salida. Derribó al picador el toro y Navalón hizo un quite por chicuelinas ajustadísimo. Bien Javier Perea en el segundo tercio donde el astado de la familia Lozano se movió renqueante de los cuartos traseros y aun así el de Ayora expuso y dispuso de nuevo, dejando una obra de pundonor a la que le faltó un punto de limpieza ante un toro que le faltaba casta por doquier. Lo mejor, la última serie al natural previa a un nuevo capítulo de fallos con los aceros donde la oreja fue anecdótica pero la gran actitud del diestro ya es algo habitual.

El esfuerzo municipal para sostener los toros en Hellín apenas supone alrededor del 0,2% del presupuesto total, una cifra modesta dentro de las cuentas públicas pero suficiente para mantener viva la llama de la tauromaquia en la ciudad.

Muy lejos de otras partidas festivas, los toros ocupan un espacio pequeño en lo económico, pero grande en lo identitario: lo justo para que la plaza tenga vida, haya paseíllo y no vuelva el silencio a los tendidos. Porque, al final, no se trata de números, sino de que Hellín siga teniendo toros. Y esa apuesta hay que anotársela al alcalde Manuel Serena. Por su parte, la empresa de Nacho Lloret ha empezado con buen pie en Hellín, mostrando trabajo y ganas de seguir creciendo.

La historia taurina de la localidad se lo merece, sin duda.

Ficha del festejo

Plaza de toros de Hellín. Más de media entrada. Se lidiaron seis toros de “Alcurrucén”, correctos de presentación con alguna desigualdad, pobres de pitones y bajos de casta y venidos a menos, siendo el mejor el quinto.

“El Cid”: ovación y palmas tras dos avisos.

Víctor Hernández: saludos desde el tercio tras dos avisos y vuelta al ruedo tras abuso.

Samuel Navalón: dos orejas y oreja tras aviso.