
Tercer intento fallido para localizar a víctimas del franquismo en Los Cerralbos
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La búsqueda de cinco víctimas del franquismo en Los Cerralbos, Toledo, ha concluido sin éxito tras un tercer intento. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha estado trabajando desde 2021 para localizar los restos de Pablo, Teodoro, Lucio, Baldomero y Eulogio, cinco jóvenes asesinados en 1936.
A pesar de los esfuerzos y el hallazgo de casquillos de bala de la época, los cuerpos no han sido encontrados, lo que ha supuesto un duro golpe para las familias y el equipo de búsqueda.
La memoria colectiva es fundamental para mantener vivos los recuerdos y los acontecimientos históricos. Sin embargo, el miedo y la represión a menudo silencian estas historias, relegándolas al olvido. Durante casi 90 años, muchas historias de personas asesinadas durante la Guerra Civil Española se han perdido o han permanecido ocultas.
Este es el caso de las cinco víctimas de Los Cerralbos. En noviembre de 1936, Pablo, Teodoro, Lucio y los hermanos Baldomero y Eulogio fueron llevados a un paraje rural y asesinados.
Las investigaciones de la ARMH
La ARMH, a petición de los familiares de Pablo, Teodoro y Lucio, inició un proyecto para esclarecer las circunstancias de sus muertes y recuperar sus restos. Se realizaron dos excavaciones previas, una en julio de 2021, donde se encontraron casquillos de bala, y otra en mayo de 2022. Una tercera fase de excavación tuvo lugar en febrero de 2026, pero tampoco arrojó resultados positivos.
Marco González, coordinador del proyecto, expresó la frustración del equipo y el dolor de las familias por no haber encontrado los cuerpos.
¿Quiénes eran las víctimas?
Pablo Arrogante Alía, nacido en Lucillos (Toledo) en 1907, era miembro de la Casa del Pueblo y afiliado sindical. Estaba casado y tenía cuatro hijos. Fue detenido junto a otros seis hombres del pueblo y llevado a Talavera de la Reina, donde fue fusilado. Tenía 21 años.
Teodoro Dionisio Fernández Fernández, nacido en Los Cerralbos (Toledo) en 1909, era jornalero, casado y con tres hijos. Se cree que simpatizaba con la II República.
Lucio Jiménez Fernández, nacido en 1909 en Los Cerralbos (Toledo), también era jornalero y soltero. Pertenecía a un sindicato y estaba afiliado a un partido político.
También se buscan los restos de Baldomero Díaz Zapata y su hermano Eulogio Díaz Zapata, de quienes se conocen pocos datos.
Según testimonios familiares, estos cinco hombres fueron ejecutados extrajudicialmente alrededor del 5 de noviembre de 1936. La familia de Teodoro relató que los hombres fueron a buscar leña al monte y alguien los delató a la familia rica del pueblo, acusándolos de robar. Fueron fusilados a las afueras del pueblo, junto con un sexto hombre, Ángel el maestro, quien fue liberado por pertenecer a una familia adinerada.
El inicio del proyecto de búsqueda
Marco González explicó que el proyecto comenzó a raíz de los testimonios de familiares de Pablo, Teodoro y Lucio. El paraje donde se cree que se encuentra la fosa común está situado a un kilómetro del pueblo. Sin embargo, las investigaciones han encontrado diversas dificultades.
Además de los testimonios familiares, la ARMH se basó en el libro ‘Azulejo: un niño en la gran tormenta’, escrito por Francisco Fernández Santos, hijo de Ángel, el maestro que sobrevivió a la matanza. El libro narra cómo los cinco hombres fueron asesinados y enterrados en una finca del maestro, que en realidad pertenecía a su esposa.
También se utilizaron diferentes investigaciones publicadas a principios del siglo XXI.
La ubicación de la fosa: un misterio
La ubicación exacta de la fosa sigue siendo un misterio. La ARMH, basándose en testimonios y documentación, cree que los restos se encuentran en una finca dentro del paraje de ‘Los Parrales’, a un kilómetro del municipio. Se compararon registros catastrales actuales con imágenes de vuelos americanos de 1946 para delimitar el terreno.
Tres excavaciones sin éxito
La búsqueda se inició en la parcela de la familia de Ángel, en una zona denominada ‘Las siete olivillas’. En 2021, se realizó la primera excavación, donde se encontraron casquillos de bala Mauser de la época. Se utilizaron detectores de metales y dos máquinas para desbrozar la tierra y se abrieron zanjas durante varios días.
En 2022, un nuevo testimonio proporcionó nuevas pistas, indicando una finca cercana a un reguero. Se obtuvieron los permisos del propietario y se abrieron zanjas durante varios días, pero no se encontró nada.
La familia Arrogante siempre había escuchado que en los años 60, durante la concentración parcelaria, se había alineado el reguero. Se centró la búsqueda en esta zona, pero tampoco se encontraron restos.
Tras esta segunda excavación, la búsqueda se paralizó, pero se mantuvo la posibilidad de retomarla si surgía un nuevo testimonio.
A finales de 2025, dos familiares de Teodoro Dionisio, su hija y bisnieta, contactaron con la ARMH para interesarse por el caso. Se realizó un nuevo estudio de la zona y se identificó un área sin cubrir cerca de donde se habían encontrado los casquillos. En esta tercera búsqueda se encontraron nuevos casquillos con marcaje italiano de la época, pero no se encontraron restos humanos.
El problema, según Marco González, es que la estructura de las parcelas se desdibujó con la concentración parcelaria de 1960. Antes, la finca tenía cuatro parcelas, pero después se convirtió en una única de varias hectáreas. Al perderse las referencias, se peinó toda la zona pegada al camino y al reguero, pero sin éxito.
Documentos de la década de 1950 confirmaron traslados al Valle de los Caídos. El gobernador civil de Toledo hizo un listado de fosas comunes, incluyendo una en Los Cerralbos con cinco personas, pero sin dar las coordenadas exactas.
Otras hipótesis
Marco González señala que la ubicación popular de la fosa común, basada en la transmisión oral, es errónea. Ahora se baraja la posibilidad de que los cuerpos estén en los límites de la finca, ya que los asesinos los dejaron abandonados y no fueron enterrados en el cementerio. Otra hipótesis es que estén en otra finca cercana, lo que dificultaría enormemente la búsqueda.
La implicación de las familias
Marco González reconoce que esta búsqueda ha sido “tremendamente dura” y que les dio “bastantes problemas”. La implicación de las familias ha sido “impresionante”. Una de ellas incluso llevó por su cuenta un georradar y marcó varias zonas con incidencias en el terreno.
La familia de Teodoro ha sido la más presente y la que “hizo que estuviéramos allí”. Se creó una vinculación muy estrecha: “Comíamos con ellos y todo, es una putada que no hayan salido bien las cosas y tener que decirle a la hija de Teodoro que no ha habido suerte y no hemos encontrado a su padre. Eso mina a las personas mayores, sobre todo porque nunca han tenido una respuesta del Estado”.
A la espera de nuevos testimonios
El coordinador del proyecto expone que hablar con la hija de Teodoro y contarle que “no ha aparecido es durísimo, tanto para ella como para el equipo” y reivindica que “si las familias se hubieran visto amparadas una vez murió Franco, si alguien hubiera hecho estas búsquedas… pero nadie lo hizo y las autoridades no estuvieron a la altura”.
El proyecto de intervención en la búsqueda de la fosa de Los Cerralbos ha sido financiado en exclusiva con fondos propios de la ARMH. Por el momento se encuentra paralizado, pero no dejarán de intentarlo: “Si hay una pista solvente, si aparece un testimonio de una persona que nos dice ‘está en la finca de al lado, ¿cómo no buscasteis ahí?’, alguien que quizá tiene 95 años y no viene al pueblo de hace muchos años… volveríamos”.












