
Un sistema pionero de la UPV monitoriza a tiempo real la Catedral de Valencia gracias a la IA
El patrimonio cultural de Valencia, con la Catedral como uno de sus grandes emblemas, se enfrenta a un desafío derivado del éxito turístico. El aumento de visitantes, que casi se ha triplicado en los últimos años, está provocando un deterioro acelerado en el monumento y afectando a la calidad de la experiencia.
Para abordar este problema, un sistema desarrollado por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) busca mejorar tanto la conservación del edificio como la visita a través de la tecnología digital.
Así lo ha explicado la Catedrática de Gestión Turística Patrimonial, María José Vinyals, en el programa Mediodía Cope Más Valencia, destacando que la afluencia al interior de la Seo ha pasado de 350.000 visitantes antes de la pandemia a casi 800.000 el año pasado. Vinyals subraya la necesidad de “gestionar esto de una manera decisiva y, sobre todo ya con estas cifras que manejamos, con la ayuda de tecnologías digitales”.
El proyecto de la UPV se desarrolla en dos ámbitos: los espacios interiores de la Catedral y las calles de su entorno.
En el interior, los investigadores están calculando la capacidad de carga para determinar cuántas personas pueden estar en un espacio de manera segura y confortable. Además, se está monitorizando en tiempo real la calidad del aire, especialmente en lugares confinados como la capilla del Santo Cáliz o la cripta.
En el exterior, se han instalado cámaras que, sin registrar imágenes, cuentan el número de personas y envían datos cada diez segundos.
Este sistema se ha complementado con el uso de drones durante grandes acontecimientos, como el día de San José, para analizar el flujo de personas en el entorno urbano.
Uno de los principales factores de riesgo es el dióxido de carbono (CO2) que se acumula por la respiración de los visitantes. Según Vinyals, “la calidad del aire interior es la que comanda el número de personas que van a poder estar ahí a la vez”.
Una concentración excesiva no solo afecta a la salud y el confort de las personas, sino que tiene un efecto corrosivo directo sobre el monumento.
La catedrática ha detallado que “el CO2, combinado con la alta humedad relativa que tenemos en Valencia, provoca un ácido carbónico que disuelve el roquedo calcáreo”. La piedra de la Catedral, una caliza muy porosa, es especialmente vulnerable a este fenómeno.
Se trata de una degradación invisible que se produce sin contacto directo, solo con la respiración.
Con los datos recogidos, el equipo de la UPV plantea varias estrategias para “dispersar la carga”. En el interior de la Catedral, las soluciones pasan por gestionar horarios, limitar el número de visitantes e implantar sistemas de ventilación mecánica para renovar constantemente el aire y reducir la concentración de CO2.
En el exterior, el estudio se centra en identificar las mejores rutas de visita para distribuir los flujos de turistas y, crucialmente, las rutas de evacuación más eficientes en las estrechas calles del centro histórico.
Para ello, como ha revelado Vinyals, actualmente están escaneando todas las calles del centro histórico en 3D, un trabajo en evolución para proteger el patrimonio valenciano.













