
La salud tiene código postal: vivir en un barrio u otro de Barcelona puede restar o sumar 11 años de vida
El código postal se ha convertido en un factor determinante para la salud. En el marco del Día Mundial de la Salud, el ‘Informe Social 2025’ de la Generalitat de Cataluña arroja datos contundentes que demuestran cómo el nivel de renta y el lugar de residencia influyen directamente en la calidad y la esperanza de vida de las personas.
La diferencia en Cataluña puede ser de hasta dos años entre vivir en un municipio rico o en uno pobre, pero la brecha se dispara en la ciudad de Barcelona, donde la variación en la esperanza de vida entre sus barrios puede superar los 11 años.
El doctor Jordi Mestres, vocal de la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria (CAMFiC), explica que esta disparidad no es casual. Señala que, si bien los recursos sanitarios a los que tenemos acceso influyen en nuestra salud, estos solo representan aproximadamente un 30% del total. El 70% restante está condicionado por “dónde vivimos, el barrio y la familia, que marcarán muchísimo nuestra salud y cómo podemos mejorarla”, asegura el experto.
Estos factores, conocidos como determinantes sociales de la salud, rompen con la idea extendida de que tener una buena salud es simplemente una decisión individual.
Disponer de una vivienda digna, una alimentación saludable o una buena educación son elementos que no se eligen y que dependen en gran medida del entorno en el que una persona nace y crece. “No escogemos dónde nacemos”, recuerda Mestres, quien subraya que estas desigualdades se manifiestan con crudeza al analizar los datos en detalle.
Lejos de ser una cuestión de falta de interés, las condiciones de vida imponen barreras a menudo insalvables para el autocuidado. Factores como tener un trabajo estable, llegar a fin de mes, poder irse de vacaciones o simplemente disponer de tiempo son cruciales. El doctor Mestres señala el caso de la “mujer de mediana edad” de la “generación sándwich”, que se ve sobrepasada cuidando a sus padres y a sus hijos y no encuentra el momento para cuidarse a sí misma.
La desigualdad económica no solo acorta la vida, sino que también empeora su calidad.
Según los estudios, los problemas de salud se duplican en las personas más pobres y vulnerables, quienes además tienden a acumular más enfermedades crónicas. El doctor Mestres identifica un patrón claro en las patologías asociadas a la precariedad.
La primera esfera afectada, según el especialista, es la de la salud mental y emocional, que actúa como catalizador de otros problemas. A esta le siguen patologías cardiovasculares como el sobrepeso, la obesidad, la diabetes y la hipertensión. Mestres describe este proceso como una espiral destructiva en la que un problema lleva a otro.
Uno de los ejemplos más claros de cómo las condiciones de vida determinan la salud es la alimentación.
El acceso a una dieta saludable está directamente ligado a los recursos económicos, lo que explica que la obesidad infantil prácticamente se duplique en los colectivos más desfavorecidos. En muchos casos, la falta de recursos o de tiempo de los padres para supervisar la dieta de sus hijos conduce a una alimentación basada en los productos más baratos, como los hidratos de carbono.
Esta realidad socioeconómica es un factor que los profesionales de la Atención Primaria deben tener presente en sus consultas. Mestres subraya que es “imprescindible” conocer el entorno del paciente para que cualquier tratamiento o recomendación tenga éxito. De lo contrario, los consejos pueden resultar frustrantes, tal como explica el doctor: “Le podemos decir a la gente que coma mejor, y que compre pescado fresco, fruta y verdura, pero no es realista en algunos casos que no son viables”.
El problema, además, se está extendiendo y ha dejado de ser exclusivo de barrios concretos considerados tradicionalmente como vulnerables.
El informe de la Generalitat muestra que cada vez más personas, incluso con trabajos cualificados, no llegan a final de mes y se ven afectadas por esta espiral de precariedad y mala salud. La crisis de la vivienda, que obliga a la gente a mudarse a la “tercera corona” metropolitana para encontrar un hogar digno, es otro de los factores estructurales que agravan la situación y que los médicos ya están viendo en sus consultas.













