
Iglesia, Estado, Aragón y Cataluña, ¿quién ha estado a la altura de los murales de Sijena?
Esto abre la vía a un continuo enfrentamiento por el control patrimonial de la zona que acabará en mayo de 2025 con la sentencia firme del supremo que obliga al Museo Nacional de Arte de Cataluña a devolver las pinturas murales. ¿A riesgo de perderse para siempre?El historiador de arte Albert Velasco lleva 25 años siguiendo el caso de manera directa. Él era el conservador del Museo de Lérida y máximo experto del arte de la Franja cuando la Guardia Civil entró en el centro a la fuerza para requisar 43 piezas originarias de Sijena, que los juzgados habían determinado que pertenecían a la iglesia aragonesa. Ahora reúne la historia de estos hechos en el ensayo ‘Les pintures de Sijena.
Un foc que encara crema’ (Pòrtic). El libro traza el recorrido de esta obra maestra del románico tardío desde su concepción en el año 1200 por un colectivo de artistas que se presupone ingleses, hasta la actualidad, en que la jueza de instrucción número 2 de Huesca, Rocío Pilar Vargas, todavía estudia los 4.000 páginas de informes para decidir cómo y cuándo se devuelven las pinturas, si es posible retornarlas. «A veces nos olvidamos que las pinturas no son patrimonio catalán, ni aragonés, ni siquiera español, sino que es universal. Nuestro único deber debería ser preservarlo.
Son una absoluta obra maestra. Creer que no hay riesgo de perderla para siempre, obviar los informes técnicos y que así suceda es una vergüenza que nos acompañará toda la vida», comenta Velasco.Después de aquel trasvase de diócesis, en 1997 arrancan los múltiples pleitos iniciados por el entonces alcalde de Sijena, Alfonso Salillas . Empieza a extenderse el relato de que el rescate del incendio de las pinturas murales en 1936 no había sido más que un expolio orquestado por los catalanes y que Josep Gudiol sólo las salvó como botín de guerra. «Llegaron a decir que los propios catalanes habían quemado la iglesia, cuando está documentado, como ocurría por todas partes en aquellos años, que eran los propios vecinos de Sijena, entre sus grupos anarquistas, quienes provocaron los fuegos.
Sin Gudiol no existiría ningún litigio de Sijena, así que deberían hacerle una placa en el pueblo más que intentar demonizarlo», defiende Velasco. Noticia relacionada general No No El misterio del expolio del Picasso del siglo XII Carlos SalaEl ensayo cuenta con mucha documentación inédita, como el acuerdo económico que llegó a tener en los años 80 Joan Ainaud de Lasarte , antiguo director de museos de Barcelona, con las monjas de Sijena y que determinaba que la voluntad de las religiosas era que las pinturas murales se guardaran para siempre en el MNAC. «El documento era una de las estrategias clave del museo y la Generalitat dentro del primer juicio en 2015 por la titularidad de las pinturas murales. Sin embargo, la jueza no le dio ningún valor y prácticamente acusó a la Generalitat de habérselo sacado de la manga», dice Velasco.
En los años 90 hubo un segundo intento de dejar definido de forma firme el depósito de las obras en el MNAC cuando hubo negociaciones entre las monjas y la Generalitat para ceder los murales por un valor de 50 millones de pesetas de entonces. En ese momento, las monjas tenían una deuda con el Incasol, entidad pública de gestión inmobiliaria, por la construcción de un nuevo convento en la localidad catalana de Valldoreix. Según explica Velasco, se llegó a un acuerdo para perdonar dicha deuda, pero nunca se plasmó por escrito, lo que frenó el acuerdo definitivo. Hasta que, en medio de las negociaciones, sucedió el trasvase de diócesis y Aragón frenó en seco cualquier acuerdo.
«No sabemos qué les prometieron a las monjas, pero la historia dio un giro de 180 grados. Después del incendio del 36, l a iglesia de Santa María de Sijena pasó 60 años sin techo , perdiéndose los restos que no habían sido recuperados en el 36. Es decir, que si Gudiol no hubiese sacado de allí las pinturas, se hubieran perdido para siempre. Y después de años de dejadez, ahora parecían la máxima prioridad para el gobierno de Aragón», asegura Velasco.
La monja heredera de SijenaDespués llegaría el extraño caso de Virginia Calatayud , una monja de un convento de Álava convertida por decreto vaticano en heredera de los bienes de Sijena y que cedió sus poderes a Aragón para que se iniciase en 2013 los litigios sobre las pinturas murales. «No fue una cesión sencilla. Tuvo que presentarse en notarías, juzgados, incluso llega a declararse en rebeldía una vez por no presentarse. No parece que se metiese en todos estos berenjenales de forma gratuita», descubre Velasco.El caso es que la vía judicial arranca y en 2015 se niegan todos los documentos de titularidad de los bienes de Sijena de la Generalitat y se da validez a las reclamaciones aragonesas.
Lo que no se entiende aún hoy es cómo los abogados de la Generalitat y el MNAC no centraron su defensa en los aspectos técnicos de la devolución de las pinturas murales y la dificultad de llevar acabo cualquier traslado. «Creo que se confiaron, que tenían bien definido el caso con los documentos de cesión y obviaron las cuestiones técnicas. Es fácil decirlo a toro pasado, tenían un buen caso, pero no funcionó. El problema llegó después, cuando en los recursos tampoco entraron a determinar, con informes, la fragilidad de las piezas y la imposibilidad del traslado.
Las cuestiones técnicas hubieran entrado en la causa y el Supremo entonces no hubiese tenido más remedio que tenerlas en cuenta. El Supremo sólo valoró lo que entró en el primer juicio, donde no se priorizaba la conservación, sino la titularidad, así que estaba claro que la sentencia se mantendría», asegura Velasco.El caso Sijena evidencia la priorización política sobre la conservación del arte universalEl historiador del arte pone el caso de Gianluigi Colalucci , máximo experto mundial en conservación patrimonial, que ya en 2016 aseguraba que era una locura cualquier traslado por el bien de las obras, pero nadie le pidió entonces un informe vinculante alguno. La pregunta entonces es sencilla. ¿Alguien estuvo a la altura del valor de las pinturas murales de Sijena?
La respuesta parece ser que no, ni Aragón, con su idea de primar la propiedad sobre cualquier duda sobre la conservación, ni Cataluña, con una incapacidad o incluso dejadez a la hora de defender mejor las piezas, y mucho menos el Estado, que pudo zanjar el asunto como lo había hecho en los casos de la Dama de Elche o El Guernica, con informes técnicos valorando el traslado por parte del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE) amparándose en la Ley de Patrimonio. «Todavía no se entiende que el máximo organismo patrimonial del Estado no haya entrado a valorar si el traslado es posible o no. No ha hecho ningún informe. Esto es como si estás enfermo e impides que se consulte al mejor médico.
Aquí se demuestra que el problema de Sijena es que nunca fue una cuestión patrimonial, sino que siempre fue un tema meramente político», dice Velasco.El historiador del Arte pone de relieve varias declaraciones de los protagonistas de esta polémica, empezando por la propia jueza del caso, que ha declarado que no necesita para nada ningún informe del IPCE para decidir el caso. Del abogado del gobierno de Aragón, quien afirmó que si las pinturas sufrían algún daño en el traslado, pues se arreglarían después, demostrando un gran desconocimiento sobre la conservación de estas obras. O el propio presidente de la Generalitat, Salvador Illa , que llegó a decir que no había que hacer enfadar a los aragoneses, porque eran necesarios para que se aprobase la nueva petición de financiación para Cataluña. «Mezclar cosas que no tienen nada que ver es de una ingenuidad tremenda.
Tampoco se entiende la dejadez de funciones de Ernest Urtasun y Jordi Martí, ministro de Cultura y su mano derecha, a la hora de defender el patrimonio cultural español», lamenta Velasco.Un patrimonio universal en riesgoEs decir, ni Aragón, ni Cataluña, ni el ministerio de Cultura, ni la judicatura, ni siquiera el MNAC han sabido finalmente cómo defender un patrimonio único y que puede perderse para siempre. «El MNAC es el mejor museo del mundo en arte románico. Nadie le llega a la altura de los zapatos. Seguirá siendo el museo más importante del románico cuando se marchen los murales, pero no se puede decir, como se ha dejado oír en alguna ocasión desde el museo, que no pasa nada si se pierden las obras.
Puede que la imagen de Sant Climent de Taüll sea más icónica e importante en la colección del museo, pero a nivel histórico no hay obra como los murales de Sijena», advierte Velasco.La última pieza del puzzle de esta lamentable historia ocurrió hace unos días, cuando cinco ex consejeros de Cultura , que tampoco consiguieron defender las obras cuando tenían responsabilidad pública, presentaron una querella preventiva contra la magistrada, el ayuntamiento de Sijena y el Gobierno de Aragón por prevaricación si al final las obras se trasladan y ocurre cualquier desperfecto. Según su querella, amparándose en la Ley de Patrimonio que hace prevalecer la preservación de las obras antes de cualquier consideración, que una sentencia obligue a trasladar los murales contradiciendo los infinitos informes técnicos que lo desaconsejan, sería una circunstancia punible. ¿Alguien pagará las consecuencias de perder nuestro patrimonio? «La querella ha llegado en el momento justo.
Quizá no tenga recorrido, porque la demanda se ha presentado en Huesca y es difícil que jueces aragoneses vayan contra sus colegas, pero es una medida de presión más para dejar ver la incongruencia de obligar a mover unos murales cuya fragilidad es cien veces mayor que los de la Dama de Elche o el Guernica», concluye Velasco.












