¿Cuánto vale una vida humana en la era de la IA?

¿Cuánto vale una vida humana en la era de la IA?
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¿Cuánto vale una vida humana en la era de la IA?

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La historia de la humanidad se define, en parte, por el momento en que decidimos no abandonar al enfermo, al anciano, al huérfano, o a aquel que, tras un accidente, no podía valerse por sí mismo. Este acto fundacional implicó asumir que el valor de la vida de un semejante no se limitaba a su utilidad para proveer alimento o seguridad. Así, la humanidad comenzó a ser una comunidad moral.

El peligro de la involución moral

Sin embargo, no estamos a salvo de involuciones morales. Declaraciones como las de Sam Altman, CEO de OpenAI, generan preocupación. Altman comparó la energía necesaria para entrenar un modelo de IA con la requerida para el desarrollo intelectual de un ser humano, sugiriendo que ambos podrían situarse en planos semejantes de valor. Esta comparación deshumaniza, equiparando personas con herramientas tecnológicas.

Esta deshumanización nos ha conducido, en el pasado, a situaciones inimaginables. En las primeras décadas del siglo XX, miles de personas fueron esterilizadas forzosamente en EE. UU. bajo leyes eugenésicas. Décadas después, el programa Aktion T4 de la Alemania nazi promovió el asesinato sistemático de personas con discapacidad, considerándolas “vidas indignas de ser vividas”.

La idea de fondo, lamentablemente, persiste: hay vidas menos valiosas, de las que se puede prescindir o que no conviene proteger. Aunque en las democracias occidentales nadie reivindica abiertamente la eliminación de los “menos productivos”, el éxito económico se ha convertido en la medida casi exclusiva del valor personal. La productividad, la eficiencia y la optimización son palabras fetiche.

Exclusión y biotecnología

Sobre estas ideas se sustenta el avance de movimientos ultranacionalistas, de extrema derecha y excluyentes, que predican la idea de que algunos “sobran” y que el Estado no debe proteger a quienes no encajan en un ideal productivo o en “nuestros” usos y costumbres. La exclusión se manifiesta como abandono, estigmatización y desmantelamiento de redes de protección.

El debate adquiere nuevas aristas en la era de la biotecnología y la inteligencia artificial. La capacidad de discriminar a través de mejoras tecnológicas nos resitúa en escenarios que creíamos superados. ¿Quién tendrá acceso a las mejoras biológicas y a la neurotecnología? ¿Qué ocurre cuando los algoritmos asignan recursos basándose en estadísticas que reproducen desigualdades previas?

La humanidad empezó a ser plenamente humana cuando empezó a cuidar al otro. Conviene recordarlo cada vez que alguien sugiere, explícita o implícitamente, que hay vidas que pesan demasiado o incluso a comparar el valor de las personas con las máquinas.