Los cánticos que se lo pusieron fácil a los campeones del auto fustigamiento

Los cánticos que se lo pusieron fácil a los campeones del auto fustigamiento
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Los cánticos que se lo pusieron fácil a los campeones del auto fustigamiento

La FIFA ha abierto expediente por los famosos cánticos “musulmán el que no bote” que se escucharon en el España-Egipto disputado en el estadio del Espanyol. La Federación Española (RFEF) acreditará que tomó las medidas necesarias cuando se escucharon estos cánticos, dentro del protocolo contra el racismo, la xenofobia o la violencia, como llamadas de atención en la megafonía y las indicaciones para que cesaran esos cánticos desafortunados.

En este cajón de sastre de la lucha contra la violencia, el racismo etc puede caber todo aquello que no nos gusta ni en el deporte ni en la sociedad: el odio, la violencia, la discriminación etc. pero también todo aquello que resulta hoy en día políticamente incorrecto, amén de éticamente reprobable. 

Estamos en una sociedad de ofendidos, especialmente en lo que conocemos como “occidente” en la que llevamos al límite lo moralmente aceptable. Quien no se ofende hoy en día no es nadie.

No es casual, forma parte del bombardeo ideológico que lleva décadas golpeando la conciencia y la mente de los pobres ciudadanos y en especial los jóvenes (hay que hacer cantera para domesticar a las masas). 

Naturalmente que hacer alusión a cualquier religión, como la condición sexual, raza o color de piel de cualquiera es algo reprobable. Los desafortunados cánticos de la semana pasada acabaron convirtiéndose en asunto de Estado como el beso de Rubiales en un sistema político y mediático que se escandaliza muy fácilmente con unas cosas y pasa por alto otras que considera libertad de expresión. El Gobierno tuvo unos días estupendos de cortina de humo, se encargó a la Fiscalía investigar, iniciaron los Mossos una investigación para dar con los que cantaron.

Sustituyan musulmán por español y verán como rápidamente acuden a la libertad de expresión los mismos que se rasgaban las vestiduras por los cánticos de Cornellá. Porque ya ha ocurrido antes.

 Tras los cánticos en Cornellá, el Gobierno tuvo unos días estupendos de cortina de humo, se encargó a la Fiscalía investigar, los Mossos iniciaron una investigación para dar con los que cantaron etc. Me pregunto si el celo puesto por cierta clase política, por la España institucional y que no tiene nada que ver con la España de la gente, lo pondrán en la próxima pitada al himno nacional, por ejemplo en la inminente final de la Copa del Rey.

No se hizo en el pasado en tantas ocasiones como ocurrió.  

Ojalá que no se produzcan esos gritos y pitada porque avergüenza vivir esto. Si ocurre, queremos ver el mismo celo, la misma indignación política, las mismas investigaciones policiales, las mismas llamadas de atención en la megafonía para que se abstengan de cantar contra nuestra nación y ofenderse a sí mismos. Porque ésa es otra, quienes silban el himno son tan españoles como aquellos a los que quieren ofender, les guste o no les guste, se sientan como se sientan.

Uno puede sentirse gato, pero es hombre o mujer, no hay más, lo que sienta va a su conciencia, sus sentimientos, hay hechos irrefutables y todo aquello que les da derechos y obligaciones, una personalidad jurídica, es su nacionalidad. Por lo tanto aquellos que pitan su propio himno porque ellos son tal y no cual, pueden sentirse como quieran, pueden tener los argumentos que quieran, pero son tan españoles como aquellos a los que detestan.

 Por lo tanto se están pitando a sí mismos, es auto odio de manual.

No es casualidad tampoco, es fruto de décadas de odio institucionalizado desde las propias instituciones públicas, políticas, educativas y mediáticas. La piel muy fina con los cánticos de Cornellá se convierte en piel de reptil resistente a cualquier rasguño cuando se trata de ofender a la propia nación o al resto de españoles. 

Desquiciamiento.-

El desquiciamiento general durante toda la Semana Santa ha sido tal, la matraca ha sido tal, que se ha escuchado y leído de todo. Hasta nos preguntábamos a nosotros mismos si merecemos organizar un Mundial junto a Marruecos y Portugal. Debe ser que en Portugal y Marruecos todos son santos, que no hay violencia, que no hay cánticos.

Es mentira que los marroquíes pitaran el himno español hace un par de años, nada, eso lo hemos soñado, eso no ha ocurrido. ¿Alguien cree que en Marruecos se hacen estas preguntas por ello? 

Lo que pasa es que tenemos campeones en auto fustigarse, en España parece que hay que pedir perdón por cada acto reprobable de un grupo mientras no nos hacemos esas preguntas con el resto. Debe ser que en el resto de países de la misma Europa todos son santos, que no hay violencia ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni en Italia ni en Francia, ni en Polonia…nada.

Fue un cántico más ingenuo que otra cosa, de mirada corta, sobre todo porque uno de los referentes de España es Lamine Yamal, joven futbolista musulmán y al que muchos ven marroquí cuando es español, de origen paterno marroquí y origen materno ecuatoguineano, lo que equivale a decir que hispano porque Guinea Ecuatorial fue España.

Todos los que entonaban ese cántico sobre los musulmanes, más divertidos que enfadados, es posible que tengan un vecino, conocido, compañero de trabajo, un amigo musulmán. No tiene ningún sentido. 

En todo caso, fueron cánticos que se lo pusieron muy fácil a quienes quieren seguir inculcando que aquí somos peores, aunque todos quieran venir aquí.