
Teruel estrena la ordenanza de prioridad peatonal con incertidumbre y cautela en los comercios
La nueva ordenanza de prioridad peatonal del Centro Histórico de Teruel ha entrado en vigor este 8 de abril, culminando un proceso de transformación urbana que se ha extendido durante casi 25 años. La medida ha sido recibida con “cierta cautela e incertidumbre” por parte de la Asociación de Comerciantes del Centro Comercial Abierto, cuyo gerente, Rodolfo Pangua, ha manifestado en el programa ‘Herrera en COPE en Teruel’ la preocupación del sector ante un cambio que, aunque gradual, plantea importantes desafíos.
Lejos de ser una decisión improvisada, la peatonalización del centro es el resultado de un largo proceso gradual, algo que Pangua considera “beneficioso” para asimilar cambios de esta magnitud. El gerente recuerda que las conversaciones con el consistorio han sido periódicas durante los últimos ocho años. Sin embargo, la inquietud persiste, ya que “nadie puede saber a nivel profesional de los negocios cómo les va a ir”, admite.
Los primeros pasos, hace más de dos décadas con la peatonalización del eje San Juan, Torico y Tozal, ya generaron “muchas diferencias” entre los asociados.
Desde la asociación siempre han defendido que peatonalizar no es simplemente cerrar calles, sino que debe enmarcarse en un plan integral de movilidad y contar con “elementos tractores entre los extremos que hagan que la gente quiera fluir entre ellos” para evitar la creación de guetos. Aunque la configuración de Teruel parece “de manual” para una medida así, Pangua señala complejidades geográficas, como el talud con el barrio del Carmen, que limita las salidas de vehículos y donde el ascensor ha sido un elemento clave para el flujo peatonal.
Uno de los puntos más críticos para los comerciantes es la limitación de los horarios de carga y descarga. Rodolfo Pangua defiende que el peatón debe ser el protagonista del espacio, pero expone la compleja realidad logística de la ciudad. “Teruel no tenemos fuerza para decirle a un distribuidor: ‘no, no, usted cuando pase por aquí entre antes de las 10 de la mañana y déjenoslo’”, lamenta.
La mercancía que llega a la ciudad suele salir de madrugada desde Valencia, pasa a un nodo logístico en Zaragoza y regresa a Teruel a media mañana, haciendo inviable cumplir con franjas horarias estrictas.
A pesar de que a los propios comerciantes no les gusta “que la calle San Juan esté a las 12 de la mañana con furgonetas”, la solución no es sencilla. La idea de crear mini hubs logísticos en la periferia para un reparto posterior con vehículos eléctricos y sostenibles es, según Pangua, “muy utópica” en una ciudad con el tamaño de Teruel, donde la rentabilidad de una iniciativa así es más que “compleja”. La optimización de costes de las empresas de transporte, que operan con márgenes muy ajustados, choca con las necesidades del comercio local.
El gerente del Centro Comercial Abierto subraya que no existen modelos de otras ciudades que se puedan clonar, aunque sí han aprendido de otras experiencias. “Hemos viajado y sabemos cosas que no queremos”, afirma.
Una de esas lecciones proviene de Bolonia, una ciudad con una problemática similar por sus restos arqueológicos. De allí extrajeron una conclusión clara que han transmitido al Ayuntamiento de Teruel: “No nos gustaría que esto fuera un elemento recaudatorio”, en referencia al uso de cámaras para multar.
A pesar de la incertidumbre inicial, los comerciantes esperan que la medida pueda ser buena a medio plazo si se consigue que el turolense “quiera venir aquí a gastar su tiempo de ocio” y a redescubrir un centro histórico que, según Pangua, a menudo no es valorado por sus propios habitantes. Para mitigar el impacto inmediato y fomentar las visitas, la asociación se ha comprometido a incrementar su política de regalo de horas de aparcamiento. “Hay establecimientos que dan más de 600 horas de parking al mes”, revela, explicando que la asociación actúa como una central de compras para obtener mejores precios en los tiques.
Pangua insiste en que la gente “no tiene que asustarse”, ya que el cambio es “el menor de todos” en este largo proceso.
Se mantendrá el acceso justificado para residentes, familiares, personas con problemas de movilidad y la recogida de productos voluminosos, pesados o perecederos. Para este último caso, se ha adoptado un modelo similar al de Pamplona, donde el propio comerciante puede gestionar la autorización de acceso para el cliente. Fijar población en el centro es una prioridad, y por ello han pedido “muchas facilidades para los vecinos del centro histórico”, que podrán entrar sin problemas.
No obstante, el gerente reconoce que existe un “runrún” de enfado en la población, sometida a “mucha tensión durante los últimos años” por diversas decisiones. En este sentido, Pangua señala directamente lo que considera un “error”: la reordenación del tráfico en los accesos al centro, concretamente el cambio de sentido de la Cuesta de la Jardinera para que sea de subida.
Una decisión que, según afirma, contradice lo que estaba previsto en el propio Plan de Movilidad de la ciudad, que recogía que dicha calle debía ser de bajada.













