
Antonio, reparte paquetes: "La empresa de paquetería que mejor paga es Impost; trabajamos con 8; de las 100 personas que entran al día por paquetes solo un 10% compra, apenas un 5% de las ventas"
La proliferación de los puntos de recogida de paquetes se ha convertido en un servicio habitual en muchos comercios de barrio. Sin embargo, ¿es realmente un negocio rentable para ellos?
Antonio, dueño de un supermercado que opera como Punto Pack, ha arrojado luz sobre esta cuestión en una entrevista con el youtuber Adrián G. Martin, desvelando la escasa conversión en ventas y qué empresa de paquetería ofrece mejores condiciones.
Según explica Antonio, por su establecimiento pasan unas 100 personas al día exclusivamente para recoger paquetes.
De ellas, solo un 10% acaba realizando alguna compra, lo que se traduce en que este servicio supone “apenas un 5% de las ventas” totales.
A pesar de trabajar con hasta ocho empresas de paquetería, el comerciante tiene claro cuál es la más ventajosa: “trabajamos con 8 empresas de paquetería, la que mejor paga es Impost”.
Antonio gana, de media, unos 26 céntimos por cada paquete que gestiona, repartidos en 13 céntimos por recibirlo y otros 13 por entregarlo.
Su tienda tramita entre 200 y 300 envíos diarios, lo que se traduce en una facturación mensual de entre 300 y 350 euros, alcanzando hasta 800 euros en temporadas altas como Navidad o el inicio del curso escolar.
Para él, se trata de un ingreso extra, pero no de un salario suficiente para vivir. La carga de trabajo y la presión diaria son tan intensas que asegura que no volvería a repetir la experiencia.
“Es un trabajo muy duro, y el trato directo con los clientes también tiene su peso”, admite.
A los márgenes ajustados se suma el riesgo de perder algún paquete. Aunque cuentan con seguro, en algunas ocasiones han tenido que asumir ellos mismos el coste.
“Si la culpa es nuestra, pagamos de nuestro bolsillo”, señala.
La pérdida de objetos valiosos, como un teléfono o un ordenador, puede borrar meses de ganancias en un instante.
El beneficio de atraer clientes a la tienda también es limitado: de las 100 personas que entran cada día por la paquetería, solo un 10% termina comprando algo, lo que representa aproximadamente el 5% de las ventas totales del supermercado.
La situación de Antonio refleja una problemática más amplia que afecta a otros sectores, como el campo. Es el caso de Jorge, un ganadero de vacuno del Pirineo entrevistado en el canal de YouTube MP DANCAUSA, quien cifra la realidad de su explotación:
Con 80 vacas puedes facturar en terneros hasta 35.000 euros, con ese dinero da para que coman los meses estabuladas”.
Unos ingresos que, como él mismo aclara, se destinan íntegramente a cubrir los costes de alimentación, sin generar beneficio.
La supervivencia de su explotación depende, por tanto, de factores externos. “Las ayudas nos permiten soportar los gastos”, confiesa Jorge, en referencia a la Política Agraria Común (PAC), un salvavidas indispensable para mantener la actividad en un contexto de rentabilidad mínima.
Más allá de la economía, Jorge identifica otro gran obstáculo para el campo: la administración.
“La burocracia, ese es el mayor peligro que puede comer más que un oso”, sentencia, relatando cómo las exigencias se han multiplicado hasta un punto “salvaje”. Este exceso de papeleo es una carga que, según su padre, habría sido impensable en generaciones anteriores.
A esta presión administrativa se suman amenazas como el acuerdo comercial con Mercosur, visto por el sector como una forma de competencia desleal.
Desde Málaga, el ganadero Antonio denunciaba en COPE la incoherencia del pacto: “Lo que llevan años diciendo que no podíamos hacer ahora lo quieren meter, ya no por la puerta de atrás, sino la de delante”.
Un temor que comparte Jorge, quien teme que la entrada de carne de Brasil o Argentina les “acabe de hundir”.













