
La historia de Desirée Salazar, una madre gitana contra la brecha educativa: “Lo hago por mis dos hijos”
La historia de Desirée Salazar es un relato de esfuerzo, superación y, sobre todo, de una determinación inquebrantable por cambiar un destino que parecía escrito. A sus 29 años, esta madre de etnia gitana ha decidido desafiar las estadísticas y retomar los estudios que se vio forzada a abandonar en su infancia. Su lucha no solo busca un futuro mejor para ella, sino también convertirse en un faro de inspiración para sus dos hijos, Aarón, de 8 años, y José, de 3.
El camino de Desirée se enmarca en una realidad social compleja. Según datos de la Fundación Secretariado Gitano, la brecha educativa es una de las problemáticas más acuciantes para el pueblo gitano.
En la provincia de Málaga, solo un 17 por ciento de la población gitana mayor de 16 años tiene estudios de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) o superiores, una cifra que contrasta drásticamente con el 80 por 100 de la población general. En la capital malagueña, donde residen más de 14.000 personas de esta etnia, historias como la de Desirée ponen de relieve tanto los obstáculos como la capacidad de resiliencia.
El suyo es un ejemplo de cómo la voluntad puede sobreponerse a las barreras. Tras obtener el título de la ESO hace un año, en septiembre se matriculó en un grado medio de Enfermería, un reto que compagina con su trabajo cuidando a una persona mayor y la crianza de sus dos pequeños. Cada paso que da es un mensaje para sus hijos.
“Cada vez que pasamos por al lado del colegio donde yo voy, del instituto, ellos me dicen, ‘mira, mami, ese es tu colegio’”, cuenta con orgullo.
La motivación principal de Desirée son sus hijos. La imagen de estudiar juntos o hacer los deberes en compañía se ha convertido en un pilar fundamental de su día a día. “Lo hago por ellos, la verdad, también por mi formación, pero para que me vean que soy una madre que pueden seguir, que puedo ser yo una referencia para ellos”, afirma. Quiere dejarles claro que el estudio es el camino y que, con esfuerzo, todo se puede lograr.
Para entender la magnitud de su logro, es necesario retroceder en el tiempo.
Originaria de Viveiro, un pueblo de Galicia, Desirée explica cómo las tradiciones y la cultura de su entorno marcaron su infancia. “Nuestras raíces, nuestra cultura, pues, es muy cerrada. Con muy corta edad nos quitaban del colegio para ayudar a nuestras madres a hacer el oficio de la casa”, recuerda. Este fue, según sus palabras, el destino que le fue asignado.
A la presión cultural se sumó la falta de un impulso en su propio hogar.
“Tampoco he tenido unos padres que me ayudaran a estudiar y a enfocarme en los estudios y animarme”, lamenta. La combinación de ambos factores hizo que abandonara su formación prematuramente. La creencia era que las chicas debían aprender a llevar su propia casa, una tarea que se consideraba incompatible con la formación académica. Durante años, Desirée cargó con la idea de que no era capaz.
“Yo pensaba que no tenía la inteligencia suficiente para hacerlo”, confiesa.
Hace aproximadamente una década, Desirée tomó una decisión que cambiaría su vida: dejar su Galicia natal y mudarse a Málaga “en busca del amor”. Aquí se casó y tuvo a sus hijos, echando raíces en la Costa del Sol. Sin embargo, su vida dio un vuelco tras separarse de su pareja, un momento que describe como “muy duro”. Sola en una ciudad lejos de su tierra y con dos niños a su cargo, sintió la necesidad de ser “algo en la vida”.
Fue en ese instante de vulnerabilidad cuando resurgió con más fuerza el anhelo de estudiar.
Mientras buscaba una manera de retomar su formación, el destino la puso en contacto con la Asociación Dosta y con Vanesa Jiménez, su portavoz. “Llamé a Vane y ella fue la que me impulsó y la que me animaba cada día a seguir hacia adelante, y a que yo iba a lograr sacar mis estudios”, relata Desirée. Esa llamada fue el primer paso hacia su nueva vida.
Con el apoyo de la asociación, se preparó para la prueba de la ESO en un tiempo récord y lo consiguió. Al recordar el momento en que vio que había aprobado, su incredulidad todavía es palpable.
“Yo no me lo creía. No me creía que yo tenía la ESO. Digo yo, ‘¿cómo yo voy a tener la ESO? No puede ser’.
Pues sí, pues tengo la ESO”, cuenta emocionada. Hoy, cursa tres asignaturas del grado de Enfermería, un camino que, aunque “un poquillo difícil” por los años que ha pasado sin estudiar, afronta “con muchas ganas”.
Su mensaje para otras mujeres gitanas que, como ella, no tuvieron la oportunidad de estudiar, es claro y contundente. “Nunca es tarde, que nosotras valemos, que si podemos hacer tantas cosas a la vez, también podemos sacar unos estudios”, proclama. Las anima a no perder la esperanza y a retomar sus sueños, sin importar los obstáculos.
“Aunque pensemos que no entendemos ni cómo va la tilde ni la coma, poco a poco nos podemos formar. Somos muy inteligentes las mujeres gitanas y de nada sacamos mucho”, concluye.
La pieza clave en la transformación de Desirée y de muchas otras personas es la Asociación Dosta. El nombre, que en caló significa “Basta”, es toda una declaración de intenciones. Fundada en 2019, la organización se dedica a proporcionar herramientas a personas gitanas para que obtengan titulaciones académicas, poniendo el foco especialmente en las mujeres, quienes más sufren la brecha educativa.
Vanesa Jiménez, al frente de la asociación, explica que la desigualdad de género sigue siendo un factor determinante.
“La mujer al final sí se hace más cargo de las cosas del hogar que los hombres. Todo eso es lo que ha ido influyendo y haciendo que las mujeres gitanas tengan más obligaciones dentro de casa, menos referentes fuera”, señala. Esta realidad, subraya, no es cosa del pasado: “Por desgracia, continúa habiendo un alto índice de mujeres gitanas que no pueden finalizar sus estudios”. Las cifras generales son alarmantes, ya que 7 de cada 10 gitanos abandonan la educación obligatoria.
En sus seis años de vida, centenares de mujeres y hombres gitanos han pasado por las instalaciones de Dosta para mejorar su futuro académico y laboral.
Cuentan con una sede en el barrio de El Molinillo de Málaga y otra en Alhaurín de la Torre, donde un equipo de profesores ofrece formación y orientación. Coincidiendo con el Día Internacional del Pueblo Gitano, la asociación celebra unas jornadas universitarias por la igualdad y la diversidad gitana entre el 13 y el 15 de abril en la Facultad de Estudios Sociales y Trabajo de la UMA, visibilizando una lucha que, como demuestra Desirée, se libra y se gana cada día.













