Un tesoro botánico en Barcelona: el único jardín de España con una planta extinta en la naturaleza

Un tesoro botánico en Barcelona: el único jardín de España con una planta extinta en la naturaleza
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Un tesoro botánico en Barcelona: el único jardín de España con una planta extinta en la naturaleza

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El Jardín Botánico de Barcelona, ubicado en la montaña de Montjuïc, es un espacio único que combina la educación, la ciencia y la conservación. En sus 14 hectáreas, los visitantes pueden explorar la flora de regiones con clima mediterráneo de todo el mundo, observando cómo se adaptan las plantas a diferentes microclimas en un entorno urbano.

Un jardín para la conservación

Este jardín fue creado con el objetivo de preservar y dar a conocer colecciones de especies mediterráneas de todo el planeta. A lo largo del recorrido, se encuentran ejemplares de Sudáfrica, California, Chile, Australia y la cuenca mediterránea, cada uno ubicado en una zona que reproduce las condiciones ambientales de su lugar de origen. Esta distribución permite una experiencia educativa y visualmente diversa, mostrando la adaptación de las plantas y ofreciendo un aprendizaje continuo sobre la biodiversidad mediterránea global.

Más allá de su valor educativo, el Jardín Botánico de Barcelona juega un papel crucial en la conservación de especies vegetales en riesgo. Aquí se encuentra la *Lysimachia minoricensis*, una planta extinta en la naturaleza fuera de este jardín, convirtiéndolo en el único lugar de España donde se puede admirar.

Lysimachia minoricensis: una superviviente fuera de su hábitat natural

La *Lysimachia minoricensis* es una especie endémica de Menorca que crecía naturalmente en el barranco de Sa Vall. Desapareció de su hábitat natural, pero antes de su extinción, se recolectaron semillas en 1926 que permitieron su cultivo en el Jardín Botánico de Barcelona.

Tras periodos de abandono, se creyó que la planta se había perdido por completo. Sin embargo, durante la restauración del jardín, se identificó un pequeño grupo de ejemplares que había sobrevivido, protegido por arbustos. Este hallazgo permitió continuar su conservación y enviar semillas a otros jardines botánicos europeos.

En 1959, se confirmó su extinción definitiva en su hábitat natural. Aunque se han intentado reintroducciones, ninguna ha tenido éxito. La *Lysimachia minoricensis* figura en el “Catálogo Español de Especies Amenazadas” como “En peligro de extinción” y representa un caso excepcional de conservación fuera de su entorno natural. Su presencia en Barcelona brinda la oportunidad de estudiar su reproducción, floración y desarrollo en condiciones controladas.

Además de su valor científico, esta planta destaca la importancia de los jardines botánicos como herramientas de preservación de la biodiversidad. Cada semilla y planta cultivada representa un esfuerzo por evitar la desaparición completa de la especie. Su presencia en Barcelona sirve como recurso de divulgación para visitantes y estudiantes, quienes pueden observar un caso único de conservación.

Un recorrido por la flora mediterránea global

El Jardín Botánico de Barcelona alberga vegetación de las cinco regiones del mundo con clima mediterráneo: la cuenca mediterránea, el sur de Australia, Sudáfrica, el centro de Chile y California. Las especies se distribuyen en ocho áreas diferenciadas que reproducen las condiciones ambientales de cada zona: Australia, California, Chile, Sudáfrica, Norte de África, Mediterráneo oriental, Península Ibérica y las Islas Canarias.

El terreno del jardín, con desniveles y pendientes, facilita la creación de microclimas que favorecen la adaptación de las especies. Los visitantes pueden observar árboles y plantas de distintos continentes, comprender su comportamiento estacional y aprender sobre técnicas de conservación y cultivo. La función del espacio se centra en la preservación, el estudio y la difusión de colecciones vegetales mediterráneas, garantizando que los ejemplares se mantengan en óptimas condiciones para la investigación y la educación ambiental.

El Jardín Botánico de Barcelona demuestra cómo un espacio urbano puede proteger especies únicas, ofrecer oportunidades de aprendizaje y permitir el contacto directo con la naturaleza. Su existencia refuerza la importancia de los jardines botánicos como instrumentos de conservación y la relevancia de mantener la biodiversidad frente a la pérdida de hábitats y la extinción.