
La contracrónica mallorquinista de Manu Montero: "Un amor de película"
Mi momento favorito de las películas románticas es cuando un enamorado empieza a correr desesperado con la idea de quedarse sin el amor de su vida. Pasa muy a menudo.
Lo vimos con Sam y Joanna en Love Actually, con William y Anna en Notting Hill, y con Vedat Muriqi y el RCD Mallorca el sábado en Son Moix.
Los finales felices siempre tardan en llegar. Hay que ser muy optimista para pensar que siempre habrá uno.
Aquí somos bastante de eso. Siempre me he considerado optimista, incluso hasta el punto de ser un poco enfermizo.
Soy de los que creen en eso de “al final todo estará bien, y si no lo está, es que no es el final”. A veces me basta con pequeños detalles para concienciarme de que siempre puedo tirar para adelante: mirar de vez en cuando al cielo, un helado de stracciatella o saber que aún hay gente que hace el crucigrama del periódico.
Y ese mismo optimismo fue el que me hizo creer que el Mallorca podía plantarle cara al Real Madrid.
Y no contentos con competirle a un gigante, como David contra Goliat, el Mallorca tuvo la geta de vencer al Real Madrid al más puro estilo Real Madrid: en el último golpe y casi sin avisar. Con garra, con fe, con ese optimismo del que hablábamos.
Y con un pirata que, después de semanas en las que la vida solo le daba machetazos, volvió a calibrar la brújula para llevar al Mallorca a buen puerto.
Son Moix se vistió de gala para convertirse en el escenario perfecto de una película romántica. Una isla paradisíaca, miles de personas con una sola voz y un gol en el último suspiro de un tipo que se deja la vida por amor a unos colores.













