Dentro del Opus Dei: “La manipulación es constante

Dentro del Opus Dei: "La manipulación es constante
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Dentro del Opus Dei: "La manipulación es constante

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Marina Pereda relata su experiencia de una década dentro del Opus Dei en su libro “La Obra”, donde describe un “complejo engranaje de presiones” que operan desde dentro, afectándola desde una edad temprana.

El “Minuto Heroico” y las Mortificaciones

Durante diez años, el despertador marcó el inicio de una batalla diaria para Marina Pereda. El “minuto heroico”, levantarse al instante al sonar la alarma, era la primera práctica para los miembros célibes del Opus Dei. Para ella, poco madrugadora, esto generaba ansiedad y culpa. Le seguían la ducha fría y, a veces, renunciar al azúcar en el café. Además, si no era domingo, podía usar el cilicio alrededor del muslo durante dos horas, como un sacrificio adicional.

Estas “mortificaciones” cotidianas son comunes entre los miembros célibes del Opus Dei, quienes las aplican para cumplir su misión divina y “santificar” el mundo a través del sufrimiento físico y psicológico.

Marina Pereda vivió estas prácticas durante los diez años que perteneció a la organización fundada por José María Escrivá de Balaguer en 1928.

Una Estructura Asfixiante

En su libro, Marina describe cómo funciona la orden desde dentro, convertida en Prelatura Personal de la Iglesia Católica por Juan Pablo II en 1982. Busca que su experiencia sirva para entender la estructura detrás del Opus Dei, señalando que no son casos aislados. Metafóricamente, compara la orden con un decorado teatral, donde los miembros interpretan el papel de la “santidad en la vida cotidiana”, que puede convertirse en una “máscara asfixiante”.

El Proceso de Captación

Nacida en una familia miembro del Opus Dei, Marina comenzó a asistir a los clubes organizados por la orden en Vitoria. Estos clubes, asociaciones culturales segregadas por sexo, ofrecen actividades como baile, teatro y cocina. Gradualmente, se proponen charlas con sacerdotes y confesiones, insistiendo en la oración y la petición de milagros a Escrivá, normalizando así la presencia de la orden.

Los clubes, junto con colegios, escuelas de formación y fundaciones, son las puertas de entrada al Opus Dei. Se anima a los habituales a invitar a otras “amiguitas”. Según Marina, aunque la palabra “captación” pueda sonar fuerte, se crea un clima constante, buscando proyectar una buena imagen e invitando a actividades de ocio o charlas para padres con figuras de prestigio.

Las numerarias, quienes viven en los clubes y organizan las actividades, practican la abstinencia sexual y dedican su vida a la organización. Los supernumerarios, en cambio, pueden casarse y tener hijos.

El Plan de Dios y la Manipulación

Marina explica el “engranaje de presiones” que la llevaron a pedir la admisión al Opus Dei a los 14 años y medio. Durante la Semana Santa de 2004, en un campamento con otras chicas “potenciales candidatas”, fue guiada hacia la opción de ser numeraria, considerada una “entrega total y superior”.

Tras solicitar la admisión, Marina incorporó las costumbres propias de una miembro a su vida diaria. El agobio y la incomodidad convivían con la promesa de “salvación” y la creencia de aceptar “el plan de Dios”. Al expresar sus dudas a los 16 años, la respuesta no fue tranquilizarla, sino convencerla de ser agregada, un estatus similar a las numerarias pero sin la obligación de vivir en un centro.

Marina mantuvo este estatus hasta dejar la orden en 2013, a los 24 años. Describe un ambiente donde no podía echarse atrás, sintiendo que rechazar la orden sería desobedecer a Dios. Según Marina, la directora no dudaba de su vocación al celibato y la instaba a no imitar al “ángel caído”.

Describe el *modus operandi* como un proceso de “manipulación constante”, con presiones psicológicas. Con el tiempo, se dio cuenta de que vivió un “condicionamiento de la libertad” y un “filtrado de la información” que la condujeron paso a paso, insistiendo en que había sido llamada a ese camino y que debía entender las normas al cumplirlas para acercarse a Dios.

Respuesta del Opus Dei

La Oficina de Comunicación del Opus Dei responde que “respeta profundamente la experiencia de cada persona” y remite a los “canales de diálogo” abiertos en los últimos años para “escuchar” a exmiembros. Reconocen que la salida pudo ser un proceso doloroso y lo lamentan profundamente. Sobre la admisión de Marina a los 14 años y medio, rechazan comentar “relatos individuales”, pero aseguran que “la vocación en el Opus Dei se vive siempre en libertad” y que cualquier persona puede abandonarla cuando desee, sin presiones ni consecuencias.

Prohibido Mirar a los Chicos

Marina detalla la influencia de los sacerdotes y directoras espirituales, a quienes describe como “herramientas clave” para tejer una “confianza” forzada con las jóvenes, convirtiéndose en sus “confidentes” vitales y espirituales. Les contaba su intimidad, sus amigas, su relación con la familia, sus rezos y mortificaciones, e incluso si le gustaba algún chico.

Una de las primeras directrices era no relacionarse con hombres de su edad. Tenía prohibido mirarlos o tenerlos como amigos, lo que la hacía sentirse extraña y la llevaba a distanciarse socialmente. También debía consultar las películas y libros que quería ver o leer para evitar tentaciones o ideas que pusieran en peligro su fe y su compromiso.

A pesar de no estar obligada a vivir en una residencia del Opus Dei, Marina se trasladó a un Centro de Estudio y Trabajo (CET) en Bilbao a los 16 años. Trabajaba limpiando habitaciones y cocinando para una residencia de hombres adyacente, y luego daba clases de teatro y vigilaba las salas de estudio de las niñas que acudían al centro.

Revisión Laboral y Salida de la Orden

Tras la denuncia de 44 mujeres en Argentina, Marina aprovechó la Oficina de Escucha del Opus Dei para pedir una revisión de su vida laboral, señalando que nunca firmó ningún contrato. Sin embargo, la respuesta fue que no hubo relación laboral y que solo “colaboró en tareas del hogar como cualquier grupo de amigas que viven juntas”.

El 5 de octubre de 2012, Marina dio el “paso definitivo” en la organización, un “compromiso de por vida” formalizado como un “matrimonio celestial”. Tenía casi 23 años y ya había terminado la carrera en la Universidad de Navarra. Trabajó en diversas labores para la organización, entregando el dinero a la directora de su centro, quien le daba lo suficiente para sobrevivir ese mes y pagar el alquiler.

Marina salió definitivamente del Opus Dei en la Navidad de 2013, tras un duro proceso que afectó su salud mental. Un sacerdote le recomendó acudir a una psicóloga. Según su relato, hubo presiones para que no se fuera, pero finalmente se mantuvo firme en su decisión, recordando que cuando pidió la admisión a los 14 años no le habían hecho tantas preguntas.

Actualmente, Marina es voluntaria en AFISE, una asociación de apoyo a víctimas de sectas y grupos coercitivos. No señala a responsables individuales, sino a una “estructura” que la convirtió en algo que no era, y a una sociedad que aún no ha abierto los ojos del todo.