
TODO FUNCIONABA EN ARTEMIS II HASTA QUE EL SISTEMA DE ORINA DE 23 MILLONES SE ATASCÓ
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El espacio presenta desafíos únicos para las funciones corporales humanas. Los astronautas, aunque fuera de la Tierra, mantienen necesidades básicas que requieren sistemas diseñados para operar en condiciones de microgravedad, donde los fluidos y los residuos se comportan de manera diferente.
Resolver este problema implica controlar el movimiento de líquidos, aislar olores, evitar la contaminación biológica y garantizar la fiabilidad del sistema durante largos periodos. En este contexto, incluso un pequeño error puede tener un impacto significativo en la vida a bordo. Una función tan esencial como ir al baño puede complicarse en ausencia de gravedad.
Los técnicos descartaron un problema mecánico evidente
La misión Artemis II experimentó problemas con su sistema de gestión de residuos, aunque la situación se mantuvo bajo control. Según informes de Space.com, se detectaron dificultades para expulsar la orina almacenada al exterior, lo que requirió el uso de métodos alternativos mientras se investigaba la causa.
El director de vuelo Rick Henfling aclaró que “el inodoro sigue funcionando”, pero el sistema de ventilación no funcionaba como se esperaba, lo que obligó a utilizar otros medios. A pesar de este inconveniente, la misión completó su trayectoria alrededor de la Luna sin poner en riesgo a la tripulación.
El origen del problema sorprendió a los ingenieros, ya que no parece ser un fallo mecánico evidente. El sistema, valorado en 23 millones de dólares, utiliza soluciones complejas para operar en microgravedad, incluyendo materiales avanzados y procesos químicos para prevenir la formación de microorganismos en los depósitos.
Sin embargo, este mismo sistema químico podría haber generado residuos sólidos durante una reacción interna, bloqueando un filtro. Inicialmente se sospechó de hielo en los conductos, pero esta explicación fue descartada después de que la orientación de la nave hacia el sol y la activación de calentadores no resolvieran la obstrucción.
La NASA y la tripulación trabajaron juntas para resolver el fallo
La responsabilidad de abordar el fallo recayó en los ingenieros de la NASA y en la tripulación, en coordinación con el control de la misión en Houston. Christina Koch, especialista de la misión, participó en las pruebas para intentar restaurar el sistema después de que el ventilador de recogida de orina se atascara. Paralelamente, el equipo en tierra desarrolló un análisis exhaustivo de las posibles causas, un “árbol de fallos”, para identificar el punto exacto del bloqueo.
Rick Henfling sugirió que “podría haber algo relacionado con una reacción química que genera residuos”, aunque aún no se ha confirmado una causa definitiva. Lori Glaze, responsable del desarrollo de sistemas de exploración, señaló que el análisis completo se realizará en tierra, donde se podrá acceder y revisar cada componente del sistema sin restricciones.
Los astronautas recurrieron a soluciones de emergencia previstas
Mientras tanto, la tripulación se adaptó a la situación utilizando soluciones de emergencia. Dado que el sistema principal no podía expulsar los líquidos normalmente, los astronautas utilizaron dispositivos personales reutilizables para recoger la orina. Estos contenedores, diseñados como respaldo, se convirtieron en el método principal durante gran parte del viaje.
Koch llegó a describirlos como “probablemente el equipo más importante a bordo”. El sistema para residuos sólidos funcionó con normalidad, almacenando los desechos en bolsas que regresarán a la Tierra para su tratamiento.
El regreso permitirá analizar a fondo lo ocurrido
El regreso de la misión está previsto para el viernes 10 de abril, con amerizaje frente a la costa de San Diego. Este evento marcará el final del primer vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre baja desde 1972, y también permitirá investigar en detalle el fallo del sistema.
Los ingenieros trasladarán la nave al centro de procesamiento en el Kennedy Space Center, donde podrán desmontar el equipo y comprobar qué ocurrió dentro del circuito de residuos. Este análisis servirá para ajustar el diseño antes de futuras misiones, porque cada detalle cuenta cuando se trata de mantener a una tripulación durante varios días lejos de la Tierra.













