
La odisea de Amalia, superviviente del Alvia de Adamuz: sigue sin recibir las ayudas del Gobierno
Amalia, la última víctima del accidente ferroviario en Adamuz en recibir el alta hospitalaria —de forma voluntaria hace más de dos semanas—, todavía no ha recibido ninguna ayuda del Gobierno. Así lo ha confirmado su portavoz, Eduardo Curiel, que ha denunciado la situación de desamparo que sufre la superviviente, quien se encuentra en silla de ruedas y con multitud de fracturas a la espera de las compensaciones aprobadas por el Ejecutivo hace ya dos meses.
Eduardo Curiel ha sido tajante al respecto: “No ha cobrado nada”.
La familia solicitó la ayuda hace un mes, cuando Amalia aún estaba en el hospital, pero desde entonces solo ha encontrado obstáculos. “No hacen nada más que poner pegas y exigir nuevos documentos, nuevos papeles”, lamenta el portavoz.
Esta situación obliga a la familia a adelantar gastos como la asistencia psicológica, con la administración exigiendo detalles como el número de colegiado del psicólogo, a pesar de que ya figura en la factura.
La burocracia también ha afectado a una de las peticiones más básicas de Amalia: una tarjeta de movilidad reducida. “No necesito explicaciones por parte de nadie, no necesito el perdón de nadie, necesito ahora una tarjeta de movilidad reducida, que me han dicho que no me dan hasta dentro de seis meses o un año”, reclamó ella misma ante la prensa.
Según Curiel, la ayuda ha llegado finalmente desde Castilla-La Mancha, cuyo presidente, Emiliano García-Page, contactó con ella para agilizar los trámites de la tarjeta de ámbito nacional tras los “problemas” interpuestos en Huelva.
El portavoz de la familia ha confirmado que a Amalia le quedarán secuelas importantes que afectarán a su capacidad para andar, además de las estéticas. El impacto del accidente no es solo físico, sino también mental.
El trauma ha sido tan grande que, según Curiel, “lo psicológico supera a lo físico”.
Aunque “está mejorando”, Amalia sigue “muy afectada psicológicamente”, enfrentándose a un “shock y un trauma” que marcan su día a día. A esta carga se suma el hecho de que ella, como médico de profesión, “es consciente” de la gravedad de sus lesiones, lo que supone un “mayor prejuicio para ella”, concluye su portavoz.













