
El nitazeno llega a España: la droga 40 veces más potente que el fentanilo que enciende las alarmas
Ha saltado la alarma por la que podría ser la primera muerte en España relacionada con el consumo de nitazeno, un opioide sintético descrito como hasta 40 veces más potente que el fentanilo.
El suceso ocurrió en el verano de 2024 en Pamplona, donde un joven de 21 años falleció cinco días después de ingresar en el hospital y admitir haber consumido esta sustancia.
El joven fue encontrado inconsciente con síntomas de sobredosis y fue tratado con naloxona antes de ser trasladado al hospital. Allí, los análisis de drogas dieron negativo para opioides, aunque sí positivo para anfetamina, metanfetamina, cannabis y cocaína.
El propio paciente, una vez estabilizado, afirmó haber consumido nitazeno, pero pidió el alta voluntaria cuatro horas después.
Fue hallado muerto en su casa cinco días más tarde con evidencias de consumo de drogas esnifadas.
La razón de que el caso trascienda casi dos años después es la publicación de un estudio interno por parte de especialistas del hospital de Navarra. Dicho estudio analiza varios casos con síntomas de sobredosis similares en los que se sospechaba el consumo de nitazenos, pero los test toxicológicos no lo confirmaban.
Por tanto, aunque el joven afirmó haberlo consumido, su muerte quedó documentada como un policonsumo de varias sustancias, sin incluir oficialmente el nitazeno al no poder ser detectado.
Para aclarar la naturaleza de esta droga, Emilio Salgado, responsable de la unidad de toxicología clínica del Hospital Clínic de Barcelona, explicó que el nitazeno no es una sola sustancia, sino una familia de fármacos sintéticos derivados del opio.
Fueron sintetizados en los años 50 mientras se buscaban analgésicos, pero su desarrollo se detuvo debido a su extrema potencia.
“Eran venenos realmente muy potentes”, afirmó Salgado, por lo que quedaron “abandonados en un cajón” hasta su reaparición en el mercado ilícito alrededor de 2020.
El principal efecto de los opioides, según el doctor, es la depresión respiratoria. El nitazeno “mata a la persona diciéndole a su centro respiratorio […] que deje de respirar”.
La diferencia fundamental con otras drogas como la heroína es la dosis: “Estamos hablando de una dosis mínima que puede causar la muerte a una persona, incluso en personas que están ya con una tolerancia”.
Uno de los mayores problemas es su detección.
Salgado aclaró que los análisis de orina habituales solo detectan heroína, codeína y morfina, pero no opioides sintéticos como el fentanilo o los nitazenos. Para ello se necesitan técnicas de cromatografía y, crucialmente, los patrones de la molécula, que los laboratorios clínicos y forenses apenas ahora comienzan a tener disponibles.
A pesar de la gravedad del caso, Emilio Salgado llamó a la calma, subrayando que es una situación “extraordinariamente poco habitual” y que no hay que caer en el alarmismo.
En el área mediterránea, el consumo de opioides es “muy, muy, muy residual”. De hecho, en el Hospital Clínic, solo el 1,7% de las 1.500 intoxicaciones por drogas atendidas el año pasado se debieron a opioides, frente al 56% del alcohol o la cocaína.
Sin embargo, el gran peligro, advierte Salgado, es la adulteración de otras drogas.
“El riesgo fundamental es […] la adulteración de la heroína”, explicó. Si la heroína que llega a la calle se mezcla con nitazenos o fentanilo, se podría producir un brote de intoxicaciones con una mortalidad muy relevante entre el pequeño grupo de consumidores.
“Habría muchísimo riesgo”, sentenció.
El programa también abordó otras drogas como la llamada cocaína rosa o tusi, relacionada con la muerte de un menor de 14 años en Getafe.
Salgado aclaró que esta sustancia “ni es cocaína, sigue rosa, pero no es cocaína”. En realidad, es una mezcla de MDMA (éxtasis), ketamina y cafeína en proporciones desconocidas, lo que la hace extremadamente peligrosa, ya que ni el vendedor ni el consumidor saben qué están tomando exactamente.
Respecto a las tendencias de consumo, el experto señaló que la pandemia de COVID fue un punto de inflexión, con un repunte de intoxicaciones en 2022 y 2023 que parece estabilizarse en 2024.
El patrón en España es un consumo ligado al ocio nocturno, donde la cocaína sigue siendo la droga estimulante “reina”.
La aparición de estas nuevas sustancias demuestra que el problema de las drogas no desaparece, sino que se transforma, exigiendo una vigilancia constante.













