Puneh Farhani: La guitarrista iraní que encontró su voz en el flamenco

Puneh Farhani: La guitarrista iraní que encontró su voz en el flamenco
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Puneh Farhani: La guitarrista iraní que encontró su voz en el flamenco

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La vida de Puneh Farhani, nacida en Teherán en 1988, dio un giro inesperado cuando descubrió el flamenco. A los 18 años, su profesor de guitarra clásica en Isfahán le obsequió un método de flamenco de Juan Martín, el único traducido al persa disponible en Irán, que incluía un casete con el maestro tocando. La farruca que escuchó en esa cinta la atrapó irrevocablemente.

Aunque nunca conoció a Juan Martín en persona, este influyó profundamente en su vida. Farhani abandonó la guitarra clásica para dedicarse al flamenco, un camino lleno de desafíos en la República Islámica, especialmente para una mujer.

La conexión con el flamenco fue instantánea.

Farhani explica que la música persa, la árabe y el flamenco comparten muchas similitudes, y creció escuchando a grandes compositores de ambas ramas.

Un debut en un tablao histórico

Recientemente, Farhani se presentó en el Corral de la Morería, un emblemático tablao madrileño que ha acogido a figuras destacadas del flamenco y personalidades internacionales. Fue en el marco de la presentación del festival Bierzo Al Toque, que contará con artistas como Estrella Morente, Arcángel, Farruquito y José del Tomate, además de la propia Farhani.

En este evento, la guitarrista iraní interpretó seguiriyas junto a la cantaora Montse Cortés y el bailaor Iván Vargas, ante la atenta mirada del maestro Serranito, a quien el festival rinde homenaje.

Farhani lamenta no haber podido ver a Paco de Lucía en directo. En 2013, cuando vivía en Roma, Paco tocó allí, pero ella estaba en un curso en Sevilla. Falleció al año siguiente.

La Revolución Islámica y sus consecuencias

La Revolución Islámica de 1979 marcó un antes y un después en la vida de Farhani y de todos los iraníes.

El régimen represivo instaurado por Jomeini afectó profundamente la cultura y la libertad de expresión.

Antes de la revolución, el sah Mohamed Reza Pahlaví había promovido cierta modernización, permitiendo a las cantantes tener un espacio en conciertos y medios de comunicación. Sin embargo, con Jomeini, la música fue considerada “opio para la sociedad” y prohibida. Las mujeres no podían cantar en público y muchas se vieron obligadas a exiliarse.

Farhani recuerda que antes de la revolución, Irán tenía festivales y conciertos modernos, pero Jomeini los suprimió, junto con los clubes y los cines. La guerra contra Irak empeoró la situación cultural.

Solo los cantantes de música tradicional recibían permisos para actuar.

Censura y restricciones

Con Alí Jamenei, la línea dura se mantuvo. Se prohibió cualquier tipo de baile que condujera a la corrupción y el uso de instrumentos musicales. Los creyentes debían combatir estos actos.

Cuando Farhani comenzó a tocar la guitarra clásica, se permitía a las mujeres cantar en coro, pero los conciertos eran cancelados bajo el pretexto de que “las voces femeninas eran más fuertes que las masculinas”. Ni siquiera los gobiernos reformistas revirtieron esta situación.

Farhani relata que si la Policía de la Moral la veía con un instrumento, podía registrarla y buscarle problemas.

En casa, escuchaban discos de mujeres y veían películas censuradas del mercado negro. Su profesor le grababa conciertos en CD, como uno de Sara Baras, que intercambiaba con amigos como si fuera droga.

En Irán, la gente vive una doble vida, haciendo cosas ilegales bajo riesgo. Aunque el flamenco no es ilegal, es casi imposible obtener permiso para dar un concierto. El proceso es complicado y a menudo resulta en una denegación, especialmente si eres mujer.

El baile está totalmente prohibido y las mujeres solo pueden cantar para otras mujeres o acompañando a un hombre sin destacar.

La búsqueda de un maestro

Después de dos años estudiando flamenco, Farhani buscó un profesor de mayor nivel. Viajó de Isfahán a Teherán, recorriendo más de 400 kilómetros en autobús para una clase de media hora. Ofreció conciertos ilegales en su escuela, con amigos vigilando por si venía la policía. Ante el estrés, decidió marcharse de Irán.

Se mudó a Roma para estudiar Bellas Artes y pasaba los veranos en Andalucía tomando clases.

Estudió con Manolo Sanlúcar y Gerardo Núñez, y pasó tiempo en Jerez de la Frontera, escuchando a los cantaores. En 2017 se instaló en España, donde ha tenido otros grandes maestros.

Aprendiendo de cero

Farhani notó una gran diferencia entre los maestros iraníes y españoles. Los iraníes nunca habían estado en España y estudiaban flamenco a través de partituras y vídeos. Al llegar a Sevilla, se dio cuenta de que debía empezar de cero.

Farhani lleva dos años sin ir a Irán.

Desde que comenzó la guerra, solo ha podido hablar con sus padres tres veces. Le encantaría volver a actuar en su país, pero rechaza hacerlo solo para mujeres o con restricciones que impidan el acceso a los hombres.