
Investigación pionera explora el uso de la equitación para mejorar el desarrollo en niños con TEA
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Un innovador proyecto liderado por Juan Vives, profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera, está investigando el potencial de la equitación como herramienta para mejorar el equilibrio, la concentración y el comportamiento en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Integración sensorial y terapia equina
La investigación se centra en la integración sensorial, un proceso esencial para el aprendizaje. El profesor Vives explica que el cuerpo humano no solo posee cinco sentidos, sino ocho, incluyendo los sistemas vestibular, propioceptivo e interoceptivo. Estos sistemas permiten al cuerpo recibir y organizar información sensorial para responder de manera adaptativa al entorno.
Muchos niños con autismo experimentan dificultades en este proceso, lo que puede generar problemas de comportamiento. El equipo de Vives ha observado que algunos niños de hasta 14 años aún no han adquirido los principios básicos del desarrollo sensorial.
La terapia con caballos emerge como una alternativa para abordar la falta de motivación que a veces presentan estos niños hacia el aprendizaje, utilizando el entorno natural y la interacción con el animal como elementos motivadores.
El movimiento del caballo como estímulo
El movimiento del caballo juega un papel fundamental en esta terapia. Al montar, el niño se enfrenta a un constante desequilibrio que lo obliga a procesar una gran cantidad de estímulos para reorganizar su postura. De esta manera, mientras el niño se divierte y juega, su sistema nervioso trabaja intensamente.
Este reajuste postural es clave, ya que, como explica Vives, “si no te reajustas, acabas cayéndote”. El caballo, respetando su condición de ser vivo, se convierte en una herramienta para estimular el sistema vestibular, aplicando principios similares a los utilizados en centros de rehabilitación, pero en un ambiente más lúdico y motivador.
Resultados prometedores y normalización familiar
Aunque los estudios realizados hasta el momento involucran una población reducida y sus resultados no son definitivos, todos apuntan en la misma dirección.
El investigador afirma: “No podemos decir que montar a caballo mejora la integración sensorial, pero sí que podemos decir que los estudios que hay presentados apuntan en la misma dirección de que parece que vamos en la buena línea”. Esta estimulación sensorial, subraya, impacta positivamente en los procesos básicos del aprendizaje.
El impacto de esta actividad se extiende a las familias, promoviendo la normalización. Los padres sienten que no están llevando a sus hijos “a hacer terapia”, sino “a montar a caballo”, lo que les brinda la oportunidad de disfrutar de actividades de ocio y tiempo libre, a menudo limitadas, con un beneficio psicológico significativo.
Hacia la generalización de las terapias equinas
Vives defiende que este tipo de terapias representan un espacio complementario a la educación convencional. A pesar de las barreras de infraestructura y económicas, se espera que, a medida que la ciencia valide estas ideas, puedan generalizarse y llegar a toda la población escolar que pueda beneficiarse de ellas.













