
El auge de los 'beach clubs' y hoteles desata la indignación de las discotecas tradicionales en Ibiza
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Las discotecas tradicionales de Ibiza expresan su malestar ante lo que consideran una competencia desleal por parte de los ‘beach clubs’ y hoteles que operan como espacios festivos a plena luz del día, incluso en áreas naturales protegidas.
Bartolo Torres, residente de Ibiza de 61 años, recuerda con nostalgia la época dorada de Ku, su discoteca favorita en los años 80, que atraía a celebridades internacionales y se convirtió en un ícono de la isla.
La creciente popularidad del ocio nocturno transformó la economía de Ibiza, atrayendo a multitudes en busca de diversión en casas tradicionales convertidas en templos de la música disco y electrónica.
Sin embargo, las quejas de los vecinos por el ruido llevaron a las autoridades locales a exigir la insonorización de los establecimientos, una medida que marcó un punto de inflexión en la regulación del sector.
La Asociación Empresarial de Ocio Nocturno Noches de Ibiza (AEON) solicita ahora una reforma de la Ley Turística de 2012 para frenar lo que consideran intrusismo y desregulación, argumentando que los ‘beach clubs’ y hoteles disfrutan de ventajas injustas en términos de horarios, aforos y licencias.
La fiesta diurna: una guerra perpetua
La evolución de las fiestas en Ibiza ha sido rápida. Tras una batalla inicial contra los ‘afters’, los ‘beach clubs’ emergieron a principios de los 2000, como el ya desaparecido Bora Bora. En 2011, Ushuaïa nació en este entorno, junto al local con nombre de isla polinesia.
En la misma época, Andy McKay creó el Ibiza Rocks Hotel, un hotel-discoteca que acogió a artistas anglosajones de renombre y sentó las bases para un nuevo modelo de negocio.
Con la apertura de Ushuaïa, impulsada por Yann Pissenem, los eventos musicales al aire libre se consolidaron como una oferta diurna, atrayendo a los mejores DJ del mundo y a un público dispuesto a pagar elevadas entradas.
El origen, los clubs al aire libre
Bartolo recuerda los inicios del ocio nocturno en Sant Antoni, donde espacios como el antiguo Star Club atraían tanto a residentes como a turistas europeos. Operadores turísticos como Air Tours y Club 18-30 canalizaban a los visitantes hacia grandes discotecas como Ku (luego Privilege, ahora UNVRS) y Amnesia.
El ecosistema incluía locales icónicos y otros más informales, como una discoteca en Cala de Bou con parrilla al aire libre. Los hoteles también contaban con discotecas para retener a sus clientes.
La profesionalización del sector en los años 90 y la irrupción de la música electrónica llevaron a la desaparición o relegación de muchos de estos espacios. A mediados de la década, negocios como Café del Mar ganaron popularidad con música ‘chill out’.
La fiebre por los ‘beach clubs’
Algunos locales han sobrevivido reconvirtiéndose ante la masificación. Sa Trinxa, un emblemático chiringuito de ses Salines, dejó de organizar sesiones de DJ para cumplir con la normativa del Parque Natural, lo que generó protestas de sus clientes habituales.
Naor Shaharabani, guía de senderismo y educador ambiental, destaca la importancia de proteger los espacios naturales y concienciar sobre el impacto del ruido y la contaminación en la fauna local.
El Govern recordó que el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del Parque Natural de ses Salines prohíbe la celebración de fiestas y eventos en este entorno protegido.
Una situación extendida a Formentera
En Formentera, el supuesto restaurante Cala Dúo fue sancionado con 150.000 euros por organizar fiestas con exceso de decibelios y superar el aforo permitido.
Los propietarios son los mismos que fundaron Beso Beach en Ses Illetes, un local frecuentado por celebridades como Jeff Bezos y Leonardo DiCaprio.
La asociación de Ibiza reclama medidas similares para la isla, incluyendo inspecciones reforzadas, horarios diferenciados y un plan específico contra el intrusismo, con el objetivo de combatir las 25.000 nuevas plazas diarias aproximadas y sus efectos en el mercado laboral, la vivienda y el medio ambiente.
Shaharabani señala que la idea romántica de la Ibiza de ‘antes’ asociada a los ‘beach clubs’ debe dar paso a la prioridad de establecer límites y proteger aspectos que antes se pasaban por alto, dada la mayor presión demográfica y turística.













