
Absentismo laboral: ¿Qué hay detrás de la desafección emocional?
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
El debate sobre el absentismo laboral se centra a menudo en datos fríos sobre el aumento de las ausencias injustificadas, según las organizaciones empresariales. Se engloban desde el ejercicio de derechos fundamentales hasta las bajas por incapacidad temporal supervisadas por profesionales sanitarios. Las organizaciones sindicales, por su parte, impugnan estas cifras y ofrecen una lectura alternativa de las causas complejas detrás de estas ausencias.
Ciclos económicos y absentismo: ¿causa o consecuencia?
Algunos análisis sugieren una posible relación entre los ciclos económicos y la intensidad de las bajas por incapacidad temporal. Las empresas lo atribuyen a que, en épocas de bonanza, los trabajadores “se cogen más bajas”. Los sindicatos invierten la relación, señalando que en momentos de elevado desempleo, las personas acuden al trabajo incluso enfermas por temor a perder su puesto. Esta actitud cambia cuando la situación económica mejora.
La desafección emocional: una perspectiva inexplorada
Sin embargo, existe una perspectiva menos explorada: la desafección emocional. La idea de que “cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da” puede ser útil para entender dinámicas en las relaciones laborales.
Empresas que abusan de la contratación temporal o despiden indiscriminadamente durante los períodos de prueba, esperan un compromiso incondicional de sus empleados. Empresas que imponen largas jornadas y se niegan al control horario, buscan una entrega total. Empresas que aplican ritmos de trabajo deshumanizadores con control tecnológico, pretenden que sus trabajadores se sacrifiquen incluso cuando están enfermos.
Es cierto que existen casos de picaresca, pero el desequilibrio entre lo que se ofrece y lo que se espera recibir, a menudo desborda el ámbito empresarial y se extiende a la sociedad. Un sistema socioeconómico que descuida la formación, incumple las promesas de movilidad social y promueve una meritocracia ilusoria, no puede esperar una implicación laboral abnegada de sus ciudadanos.
Una sociedad que acepta la vivienda como producto financiero en lugar de un derecho, y obliga a los trabajadores a vivir lejos de sus empleos, no puede esperar compromiso. Un mundo que impide a las personas vivir y trabajar en sus países, forzándolas a emigrar en condiciones inhumanas, no puede esperar una implicación plena y sacrificada.
La “Gran Deserción” y sus causas profundas
En el contexto de la pandemia, se habló de la “Gran Deserción”, un fenómeno de abandono voluntario del empleo incluso sin alternativas. Se atribuyó erróneamente a efectos psicológicos de la pandemia, pero las causas subyacentes persisten. Los empresarios y la sociedad en general deberían analizar este fenómeno de desafección, que se manifiesta de diversas formas.
A veces, los conflictos sociales no se expresan a través de mecanismos colectivos tradicionales, sino de maneras más difusas pero igualmente impactantes. “Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da”, como canta Jorge Drexler, una verdad simple pero fundamental.













