La lección de Artemisa: Un viaje en espejo para ver el “ocaso” de EEUU desde la Luna

La lección de Artemisa: Un viaje en espejo para ver el "ocaso" de EEUU desde la Luna
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La lección de Artemisa: Un viaje en espejo para ver el "ocaso" de EEUU desde la Luna

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La historia se repite, a veces como un juego de espejos. El programa estadounidense para volver a la Luna, llamado Artemisa en honor a la hermana gemela de Apolo, establece una simetría que a menudo se invierte. Un paralelismo notable es la imagen icónica de las misiones Apolo 8 y Artemisa II. Mientras la primera se simbolizó con el “amanecer de la Tierra” (Earthrise), esta vez se ha elegido un “ocaso terrestre” (Earthset), una escena donde nuestro planeta azul se desvanece tras el horizonte lunar.

Esta elección funciona como una alegoría del papel crepuscular de EEUU en la carrera espacial y como líder mundial. Mientras los tripulantes de la cápsula Orión regresaban, el presidente estadounidense amenazaba con “borrar” civilizaciones enteras del mapa y recortar la inversión en ciencia y exploración espacial.

A diferencia de 1969, cuando EEUU era una potencia ascendente, ahora es una nación en decadencia, perdiendo su hegemonía política, científica y tecnológica frente a China, y dispuesta a una tercera guerra mundial por sus intereses.

Palíndromos espaciales

La misión Artemisa II se ha regido por este juego de espejos. La NASA incluso diseñó una insignia oficial reversible, mostrando la Tierra elevándose sobre la Luna en una cara y la imagen invertida en la otra, representando el regreso a casa. Los controladores y astronautas dieron la vuelta a la insignia al emprender el viaje de vuelta.

Algunas cosas persisten, como la retórica épica y el discurso religioso, pero otras cambian sutilmente. La edad media de los astronautas de Artemisa II es de 50 años, mientras que en Apolo 8 rondaba los 40. Además, ahora llevaban móviles en lugar de cámaras Hasselblad, replicando la imagen de la Tierra en la oscuridad con un perturbador giro en el eje norte-sur.

En el lado positivo, destaca la mayor diversidad de la tripulación, con la primera mujer, el primer afroamericano y el primer no estadounidense. El canadiense Hansen portó su propio parche de la misión con elementos de culturas indígenas. La NASA también jugó con la abreviatura de Artemisa II (“All”), significando “todos”. Sin embargo, estos mensajes chocan con un contexto de persecución a los diferentes por parte del gobierno estadounidense.

La luz y la sombra

¿Por qué volvemos a la Luna? Es una pregunta recurrente ante una misión llena de contradicciones. En un mundo con imágenes de niños muertos por bombas, la sucesión de imágenes bonitas y apelaciones a la inspiración resultan insuficientes. Como dijo el historiador Robert Poole, la apelación de la NASA a la humanidad “ya no cuela”.

“Mi hijo necesita el almuerzo, y tengo que preparar su mochila/ pero una civilización entera morirá esta noche”, escribió el artista Michael F. Dubois, recordando el “Whitey on the Moon” de 1969. Otro paralelismo entre Apolo y Artemisa, con una ración extra de desengaños. Al menos, los “destructores de mundos” de la guerra fría sentían remordimientos; los líderes de este nuevo mundo enloquecido lo proclaman con orgullo.

¿A qué “humanidad” se dirige la NASA en este mundo cada vez más fragmentado y regido por autócratas que se revuelcan en su propia estulticia?

En las primeras misiones a la Luna descubrimos la fragilidad de la Tierra, mientras que en Artemisa asumimos la necesidad de escapar de ella. El movimiento ambientalista que inspiró la “Canica azul” no ha detenido la voracidad de quienes quieren seguir taladrando la “nave Tierra” y extender este modelo a la Luna, Marte y los asteroides.

Entre los científicos se palpan sentimientos encontrados: la emoción por la hazaña tecnológica lunar se mezcla con el sinsabor de ver un país liderado por “cafres” que solo ven en el espacio una oportunidad de negocio.

Christina Koch, especialista de la misión, captó este juego de espejos: “Sabemos que podéis mirar hacia arriba y ver la Luna ahora mismo. Nosotros también os vemos”. En su discurso también percibió el giro en la carrera espacial: “Lo que cambió al mirar la Tierra fue que me di cuenta no sólo de su belleza, sino también de cuánta oscuridad había a su alrededor”. Tal vez esa es la lección final de Artemisa: antes buscábamos la Luna y admiramos la belleza de la Tierra. Ahora, en el regreso, se manifiesta la oscuridad que nos rodea.