¿Por qué mi hijo muerde? Claves para entender y abordar esta conducta

¿Por qué mi hijo muerde? Claves para entender y abordar esta conducta
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

¿Por qué mi hijo muerde? Claves para entender y abordar esta conducta

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

La mordedura en niños pequeños suele ser una fuente de preocupación para los padres, generando tensión tanto en el niño que muerde como en el mordido y sus familias. Sin embargo, el psicólogo infantil y educador Javier de Haro señala que, más allá del acto en sí, esta conducta puede ser una señal importante. “Muchas veces, que un niño muerda es un indicativo de que necesita algo”, afirma el experto, “algo que no sabe expresar o manejar y para lo que requiere ayuda”.

Etapas evolutivas y significado de la mordedura

Es crucial diferenciar las etapas del desarrollo. En la fase oral, los bebés exploran el mundo con la boca, por lo que un mordisco aislado puede considerarse normal.

La situación cambia cuando el niño ya ha desarrollado cierto lenguaje y habilidades sociales, alrededor de los cuatro años. A esta edad, morder deja de ser una conducta evolutiva natural y se convierte en una “señal de que necesita algo”, según De Haro.

Posibles causas detrás de la mordedura

La frustración es uno de los principales desencadenantes. Cuando un niño no puede expresar sus necesidades o emociones con palabras, puede recurrir al impulso de morder. Esto, sumado a la falta de habilidades sociales para resolver conflictos o un retraso en el lenguaje expresivo, puede convertir la mordedura en un hábito preocupante.

Otro factor que puede influir es la imitación.

De Haro ha observado casos de niños que, sin presentar esta conducta previamente, comienzan a morder después de ver a otros hacerlo, en una especie de efecto contagio.

Cómo abordar la situación

Es fundamental comprender el motivo detrás de la acción, así como los sentimientos del niño, para determinar la mejor manera de actuar.

Un enfoque innovador en lugar del castigo

El psicólogo advierte sobre el error común de centrarse únicamente en el castigo. Propone un enfoque diferente, como el que se implementó en un colegio con un niño que mordía: “Lo pusimos de sheriff para vigilar que ningún otro niño mordiera, es decir, era el vigilante para que nadie mordiera”, explica De Haro. De esta manera, se aborda la situación de forma positiva, dándole al niño una misión para que se implique y “ayude a otros niños a que no sean mordidos”. Se trata de poner el foco en la reparación y no solo en la reprimenda.

Actuar en el momento

Aunque el “antes” y el “después” son importantes, también es necesario actuar en el momento de la mordedura.

Lo primero es establecer un límite firme: “no se muerde, hace daño”. Inmediatamente después, hay que atender al niño que ha sido mordido y, finalmente, retirar al que ha mordido de la situación.

Retirar al niño de la escena “no es un castigo”, sino una forma de ayudarle a calmarse, ya que probablemente esté experimentando una desregulación emocional. Una vez tranquilo, se le explica lo ocurrido, se investiga el motivo y se le enseñan alternativas, como pedir un juguete en lugar de morder.

Buscar ayuda profesional

El experto recomienda tener paciencia, ya que morder es un impulso y la reacción no es inmediata. Sin embargo, si la conducta “se demora en el tiempo, es muy intensa o habitual”, es recomendable buscar la ayuda de un profesional y lograr que el colegio y la casa trabajen de manera coordinada.

Asimismo, es importante reparar el daño con un abrazo o una frase de consuelo, en lugar de simplemente exigir una disculpa inmediata.

El niño debe ser consciente de que ha causado dolor y desear enmendarlo. No se trata tanto de un castigo, sino de “reparar” el dolor.