
¿Cómo murió el profeta Mahoma? Un final con dos relatos distintos
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La muerte de Mahoma, a diferencia de la de Jesucristo, no ocupa un lugar central en la tradición islámica, que se enfoca más en sus enseñanzas y mensaje. Su fallecimiento en el año 632 en Medina, tras varios días de enfermedad, desencadenó una crisis sobre quién debía liderar la comunidad musulmana.
El último viaje a La Meca y las normas para la comunidad
Fuentes como *Sahih al-Bujari*, *Sahih Muslim* y la biografía atribuida a Ibn Ishaq narran este acontecimiento. La muerte del profeta obligó a organizar el poder político y religioso sin su presencia, algo inédito hasta entonces. Previamente, Mahoma había realizado la Peregrinación de Despedida a La Meca, donde pronunció un sermón que estableció normas de comportamiento para la comunidad, convirtiéndose en un texto de referencia.
Poco después de su regreso a Medina, comenzaron los síntomas que finalmente le quitarían la vida.
Un posible envenenamiento previo
Algunas narraciones sugieren un posible envenenamiento previo. En *Sahih al-Bujari*, se recoge una frase atribuida a Mahoma donde afirma sentir los efectos de un veneno ingerido años antes, tras la batalla de Jáibar en 628. Se relata que una mujer le ofreció carne envenenada, pero Mahoma escupió el alimento al notar algo extraño. Si bien algunos autores sugieren que este episodio influyó en su muerte, la mayoría de los estudios actuales lo consideran difícil de comprobar y apuntan a una infección febril como causa más probable.
La elección de Abu Bakr y el inicio del califato
Mahoma ibn Abd Allah nació en La Meca alrededor del año 570 y comenzó a predicar el monoteísmo tras una revelación en el 610. Formó una comunidad que se consolidó en Medina y llegó a controlar gran parte de la península arábiga. Su muerte dejó a este sistema sin un líder claro. Abu Bakr defendió que Mahoma había muerto como cualquier ser humano y fue elegido como primer califa, dando inicio a una forma de gobierno que se extendió en los años siguientes. Sin embargo, esta decisión generó tensiones, ya que otros consideraban que Alí, primo y yerno del profeta, debía ocupar ese lugar, dando origen a la división entre suníes y chiíes.
Los últimos días bajo el cuidado de Aisha
Los últimos días de Mahoma transcurrieron en la casa de su esposa Aisha, donde fue atendido mientras la fiebre, la debilidad y el dolor aumentaban progresivamente. Su estado empeoró hasta el desenlace final el 8 de junio de 632, cuando tenía alrededor de 62 o 63 años. Murió en Medina y fue enterrado en la misma habitación en la que falleció, siguiendo la tradición de sepultar a los profetas en el lugar de su muerte. Este espacio quedó integrado en la mezquita Al-Masjid an-Nabawi, conocida como mezquita del Profeta.













