
RAFA SERNA SE REENCUENTRA CON LA AFICIÓN SEVILLANA EN UNA TARDE DE HONESTIDAD
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Rafa Serna regresó a Sevilla para ofrecer una faena marcada por la honestidad, vestido de blanco y plata, con una entrega que evocaba el recuerdo de su padre y su notable confirmación. En una tarde dominical en la Maestranza, Serna buscaba dejar su impronta, a pesar de su ausencia en San Isidro.
Una tarde de quites y entrega
Su capote pareció susurrar mientras realizaba un quite por tafalleras que, de haber sido ejecutado por otro torero, habría levantado al público. Serna, con la cintura quebrada y los talones firmes, demostró su entrega y respeto al destino. Los quites, breves y precisos, recordaban las enseñanzas de su padre.
La corrida de Fuente Ymbro presentó toros de gran seriedad, con hechuras que recordaban a los de Alcurrucén, aptos para plazas de primera categoría.
Uno de ellos, el quinto, destacó por su exigencia y casta, generando tanto admiración como inquietud.
El toro “Escogeperro” y la búsqueda de la autenticidad
Serna recibió a “Escogeperro” en la puerta de chiqueros, un toro de imponente presencia. La emotividad del sevillano al recibir al toro con el capote marcó un momento crucial en una tarde que se tornaba complicada. Molina ya había destacado en los quites, con una cordobina interminable.
Serna brindó a la afición y se arrodilló, lidiando una embestida que apretaba. Tras algunos ajustes en el terreno, logró naturales que evocaban la primavera.
En un esfuerzo constante, el torero se entregó por completo, buscando la autenticidad en cada movimiento, como si rindiera homenaje a su padre.
La faena fue in crescendo, alcanzando su punto álgido cuando Serna tomó la derecha, atacando a “Escogeperro”. La cercanía entre el torero y el toro generó emoción, aunque quedó la duda de qué habría sucedido con mayor distancia. Serna optó por el terreno íntimo, enfrentándose a un toro que exigía respeto.
Un final con premio
“¡Tos por iguá valientes!”, resonaba en la memoria colectiva, y allí estaba Serna, fajándose en las cercanías, con el corazón latiendo al ritmo de su sangre bética y macarena. Los ayudados por abajo y el penúltimo rezo precedieron a la estocada.
El sevillano se lanzó a matar con fe y obtuvo una oreja, el único trofeo de la tarde, como premio a su autenticidad.
Serna dio la vuelta al ruedo, envuelto en el verde y blanco de su sentimiento, mientras la emoción de sus seres queridos, presentes y ausentes, llenaba el aire.
El resto de la tarde
Álvaro Lorenzo destacó con una faena silenciosa ante un toro manso y complicado. José Fernando Molina debutó en Sevilla, pero no tuvo la presentación soñada. La tarde, marcada por la seriedad de los toros de Fuente Ymbro, concluyó con la oreja de Serna como único premio.













