
Fría Novillada Inaugural en Las Ventas: Utreros Sin Opciones
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La primera novillada del año en la Plaza de Toros de Las Ventas se saldó con una sensación agridulce, marcada por la falta de brillantez de los utreros. A pesar del esfuerzo evidente de los tres novilleros, el encierro, compuesto por reses de Sánchez Herrero y López Gibaja, no ofreció muchas oportunidades para el lucimiento.
Un Encierro Deslucido
Los seis novillos, de correcta presentación, con trapío y astifinos, adolecieron de una preocupante falta de empuje. Algunos carecían de fuerza, mientras que otros demostraron falta de clase y entrega. En general, el lote resultó deslucido, con embestidas cortas y, en muchos casos, con tendencia a defenderse.
Jesús Romero: Actitud y Firmeza
El primero de la tarde ya anticipó las dificultades.
Un novillo brusco, desordenado y sin ritmo, obligó a Jesús Romero a demostrar firmeza. El novillero madrileño, que debutaba en Las Ventas, se plantó de rodillas en el centro del ruedo para iniciar su faena. Romero mantuvo una actitud seria, lidiando con parones y derrotes, y logrando incluso ligar algunos muletazos meritorios en el tercio final, a pesar del viento. No obstante, su esfuerzo no encontró una gran respuesta en los tendidos.
Romero demostró nuevamente su compromiso con el cuarto, un novillo falto de fuerzas al que intentó mantener con insistencia y colocación, logrando extraer algunas series con sentido antes de que el acero desluciera su actuación.
Mariscal Ruiz: Valor y Oficio
Mariscal Ruiz tampoco encontró un buen aliado en su primer novillo, un animal descoordinado y sin recorrido que apenas permitió el lucimiento.
Ruiz apostó fuerte en el quinto, recibiéndolo a portagayola en un gesto de valentía. Sin embargo, el novillo mantuvo su aspereza y falta de entrega, obligando al novillero a recurrir a su oficio en una faena de escaso brillo.
Pedro Andrés: Destellos Aislados
Pedro Andrés, también debutante en Madrid, tampoco tuvo suerte con su primer novillo, un animal que se vino a menos y que rodó en varias ocasiones, permitiéndole mostrar solo algunos muletazos aislados.
El sexto novillo, sin ser excepcional, al menos resultó más manejable, lo que permitió a Pedro Andrés construir una faena más hilvanada, especialmente por el pitón derecho. Esto conectó con una minoría del público que incluso llegó a solicitar un trofeo, una petición que no se correspondía con lo visto en el ruedo.












