EL OLVIDADO FERROCARRIL DEL TAJUÑA: UN VIAJE EN EL TIEMPO

EL OLVIDADO FERROCARRIL DEL TAJUÑA: UN VIAJE EN EL TIEMPO
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EL OLVIDADO FERROCARRIL DEL TAJUÑA: UN VIAJE EN EL TIEMPO

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

El Ferrocarril del Tajuña, un antiguo tren de vía estrecha que unía la estación del Niño Jesús en Madrid con la localidad de Alocén en Guadalajara, es hoy un recuerdo desvanecido en la memoria colectiva. Este trayecto de 139 kilómetros, concebido con la ambición de alcanzar Aragón, sucumbió ante el auge de las carreteras y los planes económicos de la época.

Orígenes y Expansión

Inaugurada en 1866, la línea ferroviaria nació como un enlace entre Madrid y Arganda del Rey. Con el tiempo, se extendió hacia Chinchón y Colmenar de Oreja gracias a la inversión de la Sociedad Belga de Caminos de Hierro, llegando a Orusco de Tajuña en 1910. El proyecto de conectar con la red nacional en Teruel, impulsado por el conde de Romanones, se vio frustrado por la complejidad del terreno, los altos costos y el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Función Social y Económica

Conocido popularmente como “el tren de Arganda”, este ferrocarril no solo transportaba pasajeros, sino que también servía para llevar a Madrid productos agrícolas como verduras, hortalizas y remolacha, así como materiales de construcción como arena, caliza y yesos.

Guerra Civil y Posguerra

La Guerra Civil Española interrumpió el servicio en 1936, causando graves daños en la infraestructura.

El puente de La Poveda fue dinamitado y la circulación se detuvo. Tras la contienda, se repararon los desperfectos y se restableció el servicio hasta Alocén. Se rumoreaba que en sus vagones se vendían productos del mercado negro con destino a Madrid.

Anecdotas y Curiosidades

El trayecto completo duraba seis horas, dando pie a la leyenda de que los pasajeros podían bajarse, caminar un tramo y volver a subir al tren. Su lentitud era tal que el refrán popular decía: «El tren de Arganda pita más que anda».

Era común ver agricultores con gallinas y cestas de comida a bordo, y los horarios eran flexibles, adaptándose a la carga de mercancías o a la reparación de averías. Incluso, la locomotora se detenía para recoger a los campesinos que esperaban junto a la vía.

El Declive y el Olvido

En 1953, se clausuró el tramo entre Morata y Orusco, y el tren dejó de transportar pasajeros, limitándose al transporte de mercancías. La construcción del embalse de Entrepeñas fragmentó la línea. En 1964, Portland Valderribas adquirió 34 kilómetros del trazado para transportar cemento, pero en 1997 se cerró definitivamente este tramo, que fue adquirido por la Comunidad de Madrid para la extensión de la línea 9 del Metro.

Resquicios del Pasado

Hoy en día, poco queda del Ferrocarril del Tajuña.

Aún se conservan edificios de antiguas estaciones como las de Sacedón y Orusco. Un tramo ha sido rehabilitado como vía verde y un tren turístico recorre unos pocos kilómetros con vagones de madera de la época, hasta Arganda. El resto es solo un eco del pasado.