La ciudad de los heridos”: Murcia y el mayor complejo sanitario de las Brigadas Internacionales

La ciudad de los heridos": Murcia y el mayor complejo sanitario de las Brigadas Internacionales
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La ciudad de los heridos": Murcia y el mayor complejo sanitario de las Brigadas Internacionales

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En julio de 1937, la escritora y brigadista austrohúngara Gusti Jirku llegó a Murcia en un convoy sanitario, directamente desde el frente de la Guerra Civil. Describió la ciudad como “la ciudad de los heridos”, un lugar de retaguardia donde la guerra se manifestaba a través de los brigadistas heridos y mutilados en combate.

Estos brigadistas, vendados o con muletas, eran una visión común en los bares y a orillas del río Segura. Jirku escribió que “los heridos le dan a esta pequeña ciudad provincial su sello especial de una gran época histórica, el sello de las penas humanas por un gran ideal”. Hoy, la ciudad ha olvidado que albergó el mayor complejo hospitalario de las Brigadas Internacionales en España.

La Necesidad de un Servicio Sanitario Propio

Mercedes Nicolás, presidenta de la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia (FAMHRM), explica que las Brigadas Internacionales pronto se dieron cuenta de la necesidad de un servicio sanitario paralelo al de la República Española. La barrera idiomática y la necesidad de atención especializada para los brigadistas motivaron esta decisión.

Murcia fue elegida por su ubicación estratégica como zona de retaguardia, cercana a Albacete, sede central de las Brigadas Internacionales, y por la disponibilidad de edificios adecuados para hospitales.

Los Hospitales de Sangre en Murcia

Se establecieron cuatro grandes centros médicos en la ciudad: Pasionaria, Federica Montseny, Comandante Dubois (Casa Roja) y Paul Vaillant-Couturier (Radio), conocidos como “hospitales de sangre”. Estos hospitales atendían a pacientes estabilizados después de las primeras intervenciones de emergencia en el frente, realizando cirugías más complejas y ofreciendo recuperaciones lentas.

Pilar Murcia Hernández, médica intensivista y doctoranda en Historia de la Medicina en la Universidad de Murcia (UMU), estima que estos hospitales atendieron a más de 6.000 heridos durante su funcionamiento. La mortalidad era menor en comparación con el frente, con complicaciones infecciosas como principal causa de fallecimiento.

El Hospital Federica Montseny en la Facultad de Derecho

El claustro de la Facultad de Derecho de la Merced se convirtió en el hospital Federica Montseny. Gusti Jirku destacó que “jamás existió en una guerra otro hospital tan ejemplarmente equipado para los heridos”. Los pacientes eran atendidos en camas al aire libre, bajo las galerías de la estructura. Se ubicaba a los pacientes con heridas infectadas en el claustro para facilitar la ventilación y evitar problemas de olores.

En el Federica Montseny se instaló un taller para fabricar prótesis, financiadas por campañas de recaudación de fondos en Francia e Inglaterra. Herreros y trabajadores de fragua formaban parte del personal del hospital.

El Yiddish como Puente Lingüístico

La investigación de Murcia Hernández ha recopilado datos de más de 230 personas que trabajaron en el complejo hospitalario. La vida hospitalaria y la civil se entrelazaban, con sanitarios y heridos conviviendo en los mismos centros.

El historiador Michael Uhl destaca la presencia de jóvenes judíos, de izquierdas y antifascistas, entre el personal sanitario. Estos voluntarios, en su mayoría asquenazíes, hablaban yiddish, que sirvió como puente lingüístico debido al escaso conocimiento de inglés en la época.

El yiddish facilitó la comunicación, siendo el doctor Minkoff, el último director del hospital Radio, quien no hablaba inglés. La primera doctora americana en llegar a Murcia, Franzes Vanzan, expresó su frustración por el desconocimiento de su idioma y solicitó un diccionario médico alemán-inglés.

Tras la Pista de Betty Rosenfeld

Michael Uhl viajó a Murcia en 2017 tras la pista de Betty Rosenfeld, una enfermera judía alemana que luchó contra el fascismo y fue deportada a Auschwitz. Betty se unió a las Brigadas Internacionales en 1937, llegando a Murcia como enfermera titulada.

Betty provenía de una familia burguesa, pero eligió la solidaridad en lugar de la seguridad. Su estancia en Murcia quedó documentada en cartas y fotografías. En el verano de 1938, Betty solicitó un permiso y quedó atrapada en Francia debido al cierre de la frontera catalana.

Los hospitales de las brigadas fueron evacuados en abril de 1938. En 1939, las tropas franquistas llegaron a los hospitales y detuvieron a los médicos que quedaban. El hospital Federica Montseny pasó a llamarse Calvo Sotelo.

La Desaparición de los Hospitales de Sangre

Muchos de los fallecidos en los hospitales de sangre descansan en la fosa común de la Plaza de la Paz del cementerio de Nuestro Padre Jesús de Murcia. El Ayuntamiento de Murcia designó un lugar de honor en el cementerio para los brigadistas internacionales fallecidos.

Entre febrero de 1967 y mayo de 1938, se realizaron los entierros de los hospitales de las Brigadas Internacionales. Entre los fallecidos en esta fosa hay dos mujeres: Dora Steinbock, enfermera de 35 años, y Josefa Cuesta Sánchez, de 17.

Cuando terminó la guerra, Franco ordenó exhumar los cuerpos de los brigadistas y trasladarlos a dos zanjas en la zona D Disidentes. En los años 80, las fosas fueron redescubiertas y los cuerpos trasladados de nuevo a una tumba dignificada.