Arturo Mérida, camionero internacional: "Si a los chóferes les pagaran como debieran, habría más, hay muchos quemados por los sueldos"

Arturo Mérida, camionero internacional: "Si a los chóferes les pagaran como debieran, habría más, hay muchos quemados por los sueldos"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Arturo Mérida, camionero internacional: "Si a los chóferes les pagaran como debieran, habría más, hay muchos quemados por los sueldos"

Arturo Mérida es un camionero internacional de 30 años, natural de Baena (Córdoba), que lleva cuatro años recorriendo las carreteras de Europa. Con un estilo directo y claro, ha compartido los entresijos de su profesión en una reciente entrevista en el pódcast “El Camionero Recomienda”, donde desvela tanto las satisfacciones como las duras realidades del oficio. A pesar de su juventud, su testimonio ofrece una radiografía precisa de los desafíos a los que se enfrentan los transportistas hoy en día.

Su vocación por el volante tiene raíces familiares. “La culpa la tiene mi padre”, afirma Arturo.

Aunque su padre no conducía un camión, sino una furgoneta, esa exposición temprana al mundo del transporte marcó su futuro sin que él mismo lo supiera. Tras probar sin éxito en la electricidad, a los 25 años decidió sacarse los carnés de camión, una decisión que definiría su camino profesional.

El estallido de la pandemia de coronavirus retrasó la obtención de sus licencias, pero también le sirvió para reafirmar su elección. Mientras el mundo se paraba, observó que los camiones no paraban, lo que le convenció de la estabilidad del sector. Su primer trabajo fue en Transportes Valiente, donde Antonio Sala fue su mentor.

Su carrera empezó directamente en el transporte internacional, una modalidad que prefiere por encima del nacional. “A mí me gusta hacer internacional más que nacional”, asegura.

Sin embargo, los comienzos no fueron sencillos. Arturo recuerda su primer viaje en solitario como una experiencia muy dura. “La primera etapa es la más dura”, confiesa.

Las dificultades iban más allá de la conducción: “No sabía dónde parar, no sabía ducharme. A lo mejor me tiraba 10 o 12 o 14 días de viaje y me duchaba una vez en todo el viaje”. Para él, el camión no es solo un trabajo, “es una forma de vivir”, donde la cabina se convierte en tu casa y aprender a gestionar el día a día es fundamental.

Uno de los mayores problemas que denuncia son los tiempos de carga y descarga. En uno de sus vídeos más conocidos, narra cómo, tras conducir de madrugada para llegar a una cita a las 8:00 h, le hicieron esperar hasta las siete de la tarde por haber llegado, según la empresa, veinte minutos tarde.

“Yo ya sabía que eso era una encerrona”, comenta sobre un incidente que le costó horas de disco y descanso.

Pero el desgaste no es solo mental. También ha sufrido percances físicos, como una lesión en las cervicales que arrastra desde una carga mal estibada en Italia. “Me fié de ellos”, lamenta sobre aquel viaje en el que la mercancía se desplazó, obligándole a sujetar el remolque con cintas por fuera y a pasar un mal trago cuando los Mossos d’Esquadra le dieron el alto en la frontera.

Arturo tiene claro cuál es uno de los principales problemas del sector: los sueldos. “Si a los chóferes les pagaran como debieran, habría más, hay muchos quemados por los sueldos”, sentencia.

Considera que el factor económico es un motivo clave por el que “no hay tantos chóferes”, aunque matiza que muchos están en casa a la espera de mejores condiciones. Esta situación se une a la de otros compañeros del sector que han afrontado problemas con sus nóminas y retenciones.

Esta precariedad se suma a la falta de reconocimiento social. “Es una profesión que no tiene visibilidad y no hay empatía con nosotros”, explica. Sin embargo, cree que las redes sociales están ayudando a cambiar esta percepción.

Gracias a su perfil Mérida Track, donde muestra su día a día, no solo ha creado una comunidad, sino que también encontró su trabajo actual. Un conocido vio su constancia en las historias y le recomendó para un puesto con un autónomo que necesitaba a alguien “que no falle”.

Para Arturo, las redes son una herramienta para dar transparencia, generar oportunidades y, sobre todo, combatir la soledad. Le permiten conectar con otros camioneros con los que comparte intereses y afinidad, algo difícil de encontrar fuera del sector. “Las personas que me ven y me siguen, a esas personas que llevan camión, pues sí les interesa”, afirma.

A sus 30 años, sin pareja ni hijos, se siente en una etapa que le permite disfrutar de la vida en la carretera, aunque es consciente de que las prioridades pueden cambiar.

De momento, no se plantea bajarse del camión, un oficio que le ha dado estabilidad económica y personal. “Con el camión pues ya tengo mi casa, tengo mi coche, tengo una estabilidad”, concluye, convencido de que su futuro, al menos en la próxima década, seguirá sobre ruedas.