
La desconocida historia de Plautilla Bricci, la primera mujer arquitecta
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
En el corazón de Roma, entre el Panteón y Piazza Navona, se alza la Iglesia de San Luis de los Franceses, una joya barroca famosa por albergar tres obras maestras de Caravaggio en una de sus capillas.
Más allá del atractivo de la Capilla Contarelli, donde se exhibe el tríptico compuesto por El martirio de San Mateo, La vocación de San Mateo y La inspiración de San Mateo, esta iglesia romana guarda un secreto poco conocido: la tercera capilla a la izquierda, dedicada a San Luis IX, fue diseñada por **Plautilla Bricci**, la primera mujer arquitecta de la historia.
Plautilla Bricci (1616-1705) fue una artista polifacética que destacó en el siglo XVII no solo como pintora, sino también por su labor pionera como arquitecta en Italia.
Una Familia de Artistas
Plautilla Bricci provenía de una familia de artistas. Su padre, Giovanni Bricci, era pintor, músico y dramaturgo. Su hermano Basilio también se dedicó a la pintura y la arquitectura, colaborando con Plautilla en varios proyectos.
La carrera de Plautilla despegó con su pintura *Santa María en Montesanto* (1640). Su incursión en la arquitectura se produjo gracias al mecenazgo de Elpidio Benedetti, un influyente clérigo y diplomático que le encargó el diseño y la construcción de la Villa Benedetti, cerca de la Puerta de San Pancracio en la colina Janículo.
Satisfecho con el resultado, Benedetti volvió a contratar a Plautilla en 1671 para diseñar la capilla de la Iglesia de San Luis de los Franceses. Bricci no solo diseñó y decoró el espacio, sino que también pintó el retablo principal, que representa a San Luis IX de Francia entre la Historia y la Fe.
Villa Benedetti, conocida popularmente como Il Vascello, fue destruida durante el asedio francés de Roma en 1849. A pesar de esta pérdida, el exquisito trabajo de Plautilla Bricci en la Iglesia de San Luis de los Franceses perdura. Mármoles policromos, dorados y un cortinado de estuco azul adornado con flores de lis doradas enmarcan la entrada de su capilla, permitiendo a los visitantes admirar el legado de esta arquitecta pionera.













