
Una inquilina escribe al presidente del Gobierno: "El problema de la vivienda no es de precios, es moral
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María Álvarez, empresaria y escritora, ha dirigido una carta abierta al presidente del Gobierno exponiendo su preocupante situación personal y la de miles de familias afectadas por el vencimiento de las prórrogas de los contratos de alquiler aprobadas durante la pandemia.
Un problema personal que refleja una realidad nacional
Álvarez relata que su casera le ha notificado un aumento significativo en el alquiler de su vivienda, lo que la obligará a mudarse. Si bien reconoce que su situación económica le permite afrontar este cambio, se muestra preocupada por aquellos que no tienen la misma suerte.
“Nosotros no somos, ni de lejos, los más afectados por esta tragedia que tenemos en ciernes. Yo soy empresaria, gano mucho dinero”, afirma, pero lamenta que para muchos, la subida del alquiler supondrá una dificultad insuperable.
Éxito profesional no garantiza estabilidad
La escritora señala que, incluso para personas con éxito profesional, como ella, es cada vez más difícil tener estabilidad en la sociedad actual. “Hoy no basta con escribir libros, ni artículos. No basta con ser bilingüe, saber programar, ni tener muchos años de experiencia”, enumera.
Álvarez denuncia que la generación nacida a partir de 1980 está condenada a trabajar arduamente solo para mantener a flote su vivienda, ya sea en alquiler o en propiedad. Considera que el sistema actual beneficia a quienes acumularon capital en el pasado, mientras que las nuevas generaciones deben destinar gran parte de sus ingresos a retribuir ese capital.
¿Un acuerdo de país?
La autora describe la situación como un “acuerdo de país” en el que una generación vive para pagar la plusvalía de la otra. Critica que su casera pueda obtener ingresos significativos sin esfuerzo alguno gracias a la propiedad de una vivienda, mientras que ella, como creadora de valor, enfrenta dificultades para acceder a una vivienda digna.
La fuga de talento
Álvarez plantea una inquietante pregunta: “¿Cuánto tiempo pasará hasta que todas las personas como yo, que podemos trabajar desde donde queramos, nos demos cuenta de que viviríamos mejor en Londres, en Berlín, en París o en Viena que en España?”. Advierte sobre el riesgo de que las ciudades se conviertan en meros escenarios habitados por caseros, trabajadores precarios y turistas.
Un problema moral, no solo económico
La escritora enfatiza que el problema de la vivienda trasciende lo económico y se sitúa en el plano moral. “El problema de la vivienda, señor presidente, no es de precios. Es moral. Es de justicia. Es de modelo de país. Y de sociedad. Y de vida”, sentencia.
Álvarez concluye con una reflexión sobre el futuro y se pregunta si la transformación social que se avecina contará con el apoyo de las organizaciones políticas progresistas o si se producirá a pesar de ellas. Exhorta al gobierno a prorrogar los contratos de alquiler y a enviar un mensaje de esperanza a la ciudadanía.













