
Un Siglo del Lyceum Club Femenino: Rescate de un Legado Perdido
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En 1926, en una España donde los derechos de las mujeres eran prácticamente inexistentes, un grupo de intelectuales, artistas y políticas desafiaron las convenciones creando el Lyceum Club Femenino. Este espacio, por el que transitaron figuras como María de Maeztu, Victoria Kent y Zenobia Camprubí, llegó a congregar a medio millar de mujeres que lucharon por la igualdad a través de conferencias, debates y exposiciones.
Una profunda investigación realizada por Tània Balló Colell y Carmen de la Guardia Herrero para el Ministerio de Cultura, con motivo del centenario del Lyceum, revela la trascendencia de esta experiencia. El final llegó en 1939, con la victoria de los sublevados en la Guerra Civil, que significó la apropiación del legado del Lyceum por parte de la Falange.
Los inicios y la oposición conservadora
Balló, comisaria del Centenario del Lyceum, señala que incluso alquilar la primera sede, la Casa de las Siete Chimeneas (actual sede del Ministerio de Cultura), habría sido un desafío para estas mujeres. La oposición no se hizo esperar. Antes incluso de su creación, los sectores más conservadores y la Iglesia atacaron la iniciativa.
“Las llegaron a acusar de fumar opio y las criticaron duramente. Para una gran parte de la sociedad era inaceptable que se creara una asociación autónoma de mujeres que trascendiera el ámbito social tradicional”, explica Balló. La prensa intentó denigrar su objetivo: “crear mujeres ilustradas, competentes e independientes”.
Un espacio internacional de debate y cultura
De la Guardia sitúa la creación del Lyceum en un contexto de auge de las asociaciones feministas y de intentos de reforma educativa para mejorar la situación de las mujeres en España. Las fundadoras conocían experiencias similares en Londres, Roma, París, Florencia, La Habana e incluso Barcelona.
Tras más de un año de investigación, las expertas han determinado que alrededor de 500 mujeres formaron parte del club. Sus fundadoras provenían principalmente de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Institución Libre de Enseñanza y el Instituto Internacional. “La función social del Lyceum fue tremendamente impactante por su eficacia”, afirma De la Guardia.
Actividades y figuras destacadas
El Lyceum organizaba charlas, conferencias, debates, talleres, cursos, exposiciones y obras de teatro. La institución, que tuvo que mudarse a un local más grande en la calle San Marcos, contaba con un marcado carácter internacional, con la participación de figuras como Františka Paminkovà (senadora checoslovaca), Alfonsina Storni (escritora argentina) y Angélica Palma (autora peruana), además de socias extranjeras.
La exposición inaugural, protagonizada por las pinturas y esculturas de las hijas de Joaquín Sorolla, ya marcaba una declaración de intenciones. Concepción Aleixandre y Elisa Soriano, ambas médicas, impartieron diversas conferencias. También formaron parte del Lyceum figuras como María de Maeztu, Victoria Kent, Clara Campoamor, Isabel Oyarzábal, Carmen Baroja y Nessi, Rosario Lacy y Zenobia Camprubí.
De la Guardia destaca las exposiciones de la pintora Victorina Durán y de las hermanas Quiroga, Antonia y Josefa, cuyo objetivo era “fomentar la profesionalización artística de las socias y de otras mujeres”. El Lyceum también acogía recitales de poesía y contó con la visita de Federico García Lorca.
La Segunda República y la labor social
Según Balló, el Lyceum recibió la llegada de la Segunda República con “mucha alegría”. El nuevo gobierno democrático apoyó a este tipo de organizaciones, lo que permitió ampliar las actividades culturales. Sin embargo, es probable que muchas socias no alineadas con el republicanismo se dieran de baja.
La acción del Lyceum trascendió el ámbito cultural. De la Guardia destaca la creación de la Casa de los Niños, impulsada por Consuelo Bastos y Camila Ventura, que ofrecía cuidado médico, alimentación y educación a los hijos de las trabajadoras de los barrios de Tetuán y Cuatro Caminos. Este proyecto no pudo extenderse debido al estallido de la Guerra Civil.
Otro ejemplo de la labor social del Lyceum fue la creación del “Libro para el ciego”, gracias a Mercedes Rodrigo, que tradujo al braille obras de la literatura española y trabajó con mujeres invidentes, que finalmente contaron con una sala propia de lectura en la Biblioteca Nacional de España.
El fin con el franquismo
El inicio de la Guerra Civil en 1936 alteró la normalidad del Lyceum. La última actividad fue una conferencia de Champourcín en julio de ese año. Tras la derrota de la República, el Lyceum fue silenciado y su sede incautada por la Falange. La biblioteca, uno de los mayores legados del Lyceum, terminó en manos del Círculo Cultural Medina, un organismo falangista.
Balló agradece el trabajo colaborativo en la investigación, que ha unido el esfuerzo de expertas académicas con el apoyo del Ministerio de Cultura para encontrar documentación. “Hemos encontrado muchas cosas, pero también ha sido una demostración de todo lo que hemos perdido”, lamenta la comisaria.
A pesar de la documentación aún no hallada, se ha logrado reconstruir la biografía de casi el 95% de las mujeres que formaron parte del Lyceum. “Una tarea titánica porque muchas de estas mujeres, como era normal en su época, estaban registradas como ‘mujeres o señoras de’”, explica Balló.
En 2026, al cumplirse un siglo del inicio de esta experiencia femenina emancipatoria, el Ministerio de Cultura planea rendirle el reconocimiento que merece. Los resultados de la investigación se expondrán en la Fundación Ortega-Marañón en septiembre. La programación incluirá encuentros, mesas redondas, conciertos, publicaciones, clubes de lectura, proyecciones y un ciclo de cine en colaboración con la Filmoteca Española, entre otras actividades.













