
El emblemático barco de guerra de Enrique VIII rescatado cuatrocientos años después de su hundimiento
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El reinado de Enrique VIII de Inglaterra marcó un punto de inflexión en la corona británica, no solo por su enfrentamiento con Roma al no conseguir la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón, lo que lo llevó a crear la Iglesia Anglicana, sino también por sus seis matrimonios y sus importantes movimientos en materia de defensa.
La creación de la Armada Real Británica
El monarca invirtió grandes sumas de dinero en la creación de buques de guerra, dando origen a la Armada Real Británica, un cuerpo que hasta entonces no existía en el país. Esta flota tenía como objetivo controlar el Canal de la Mancha y bloquear los puertos de la Europa continental.
Aunque heredó algunos barcos de su padre, Enrique VIII mandó construir nuevas naves, entre las que destacó el Mary Rose. Esta embarcación, terminada en el siglo XVI, sirvió durante 34 años y se convirtió en su barco de guerra favorito.
El Mary Rose: Características y funciones
Construido en Portsmouth en 1510 y botado un año después, el Mary Rose tenía un diseño de carraca, corto y no especialmente rápido, con una eslora de 32 metros. A pesar de sus dimensiones, estaba equipado con una gran cantidad de cañones, colocados de forma innovadora para la época, que podían hundir barcos enemigos abriendo agujeros en el casco por debajo de la línea de flotación.
El Mary Rose sirvió a Enrique VIII durante 34 años, participando en misiones como la batalla de St Mathieu (1512) y en campañas para asegurar el Canal de la Mancha. Sin embargo, su historia tuvo un final trágico en la Batalla del Solent (1545), donde se hundió por causas nunca del todo esclarecidas.
El descubrimiento y la recuperación
El buque de guerra se hundió frente a la costa sur de Inglaterra, mientras intentaba detener una invasión francesa. Cientos de tripulantes murieron y el navío quedó sepultado en el fondo del mar. No fue hasta 1971, más de cuatrocientos años después, cuando un equipo de buzos lo redescubrió, en lo que se considera un extraordinario proyecto de arqueología subacuática.
Un complejo proceso de restauración
Tras el hallazgo, comenzó un complejo proceso de recuperación y restauración que duró décadas. Durante años, el barco fue cuidadosamente rociado con agua y polietilenglicol (PEG), una cera soluble en agua, para recuperar al máximo su estructura. Actualmente, los restos conservados se exhiben en un museo, ofreciendo a los visitantes una experiencia inmersiva que los transporta a la época Tudor.













