
Daniel Lacalle, economista: "Si seguimos disparando la inmigración y aumentando el gasto público como solución para las pensiones, España va camino de la quiebra"
El economista Daniel Lacalle ha repasado la actualidad económica en España, Europa y Estados Unidos, ofreciendo su visión sobre el nuevo orden geopolítico y las mejores estrategias de inversión para un entorno global cambiante. Lacalle advierte sobre la divergencia entre los datos macroeconómicos oficiales y la realidad que perciben los ciudadanos, marcada por una pérdida de poder adquisitivo y un estancamiento de la riqueza real per cápita.
Para Lacalle, el triunfalismo del Gobierno sobre la economía española, que “va como un cohete”, es un espejismo. Explica que el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) es “relativamente fácil de dopar” a través de un estímulo fiscal y monetario sin precedentes. “Disparar el gasto público sube el PIB, disparar la inmigración sube el PIB”, afirma, pero esto no se traduce en una mejora real para los ciudadanos.
Según datos del FMI, la riqueza por habitante en España apenas habrá aumentado un 0,1% entre 2017 y 2026.
Esta situación provoca que los ciudadanos perciban que “son más pobres” y que las condiciones de vida, como el acceso a la vivienda, se han endurecido. Lacalle atribuye este empobrecimiento al “inflacionismo”: los gobiernos dopan la economía con gasto público, que se financia emitiendo nueva moneda, lo que a su vez genera una “pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos” mientras se penaliza al sector productivo con una alta carga fiscal y regulatoria.
El economista considera que el sistema de pensiones es insostenible y califica de “falacia” la idea de que la inmigración puede solucionar su déficit. “Si disparar la inmigración y aumentar el gasto público fueran la solución para las pensiones, Francia no estaría al borde de la quiebra”, argumenta. Sostiene que la única solución viable es atraer a “ricos de verdad” y facilitar el crecimiento de las empresas para aumentar las bases imponibles.
Sin embargo, denuncia que la política actual es la contraria: “No queremos empresas más grandes, no queremos más ricos, no queremos más rentas altas y a la vez queremos unas pensiones altas.
Eso es imposible con la demografía, con la inmigración y con la productividad de España. Eso es la receta incuestionable de la quiebra del sistema”.
Lacalle extiende su diagnóstico a la Unión Europea, que, en su opinión, ha permitido que “una burocracia extractiva haya copado no solamente el debate económico, sino todo el proceso regulatorio fiscal y legislativo”. Esta “combinación de arrogancia e ignorancia” de las élites burocráticas ha llevado, según el economista, a que el continente pierda su liderazgo en sectores clave. “La Unión Europea ha perdido el liderazgo en el sector primario, el liderazgo en el automóvil, el liderazgo en industria y va a perder su posición de liderazgo como mercado”, sentencia.
También critica duramente la política energética europea, a la que califica de “política de Maybelline” o “de PowerPoint” por ser puro maquillaje.
Considera que se ha diseñado sin tener en cuenta la necesidad de que la energía sea “abundante, barata y competitiva”, lo que ha provocado que Europa se “dispare en el pie” y regale el futuro de su industria a otras potencias.
A nivel global, Lacalle afirma que no vivimos en un mundo de libre comercio, sino en uno donde las barreras son la norma. En este contexto, lo que está ocurriendo no es una “desdolarización”, sino una “desfiatización”: una huida general de las monedas fiduciarias.
“El dólar no compite con el oro porque nadie se puede pedir un préstamo en oro”, explica, pero los bancos centrales prefieren aumentar sus reservas de oro porque los bonos soberanos ya no ofrecen la rentabilidad y seguridad de antes. El dólar, sostiene, mantiene su hegemonía por la falta de alternativas viables con la seguridad jurídica, profundidad y liquidez de Estados Unidos.
Ante este panorama, el economista comparte su estrategia de inversión a largo plazo. Si tuviera que realizar un viaje al futuro y despertar dentro de muchos años, su apuesta sería clara: “Yo, oro, renta variable estadounidense y crédito estadounidense siempre”.
Su preferencia por la renta variable de EE. UU. se basa en “la identidad de objetivos entre los gestores y los accionistas minoritarios” y una cultura empresarial orientada a crear valor, en contraste con Europa.
Para Lacalle, la conclusión es clara en un entorno de constante destrucción del poder adquisitivo de las monedas. Considera que la estrategia más peligrosa es no hacer nada y quedarse en liquidez.
“La apuesta más arriesgada es no estar invertido”, concluye, insistiendo en que el mejor momento para empezar a construir un patrimonio era ayer.













