
Nuevos Horizontes para la Hispanidad: Más Allá de la Melancolía y la Promesa
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Superar el perpetuo estado de promesa, esa condición entre melancólica e ingrávida que el historiador Germán Carrera Damas denominó el síndrome del «dominador cautivo», es un desafío crucial para el mundo hispano. Este síndrome describe a aquel hispanoamericano que no se acepta como tal, atrapado en la impostura de no ser moderno y anhelando ser un angloamericano inalcanzable, mientras rechaza su propia identidad.
Un Legado de Posibilidades
Julián Marías, con optimismo, vislumbraba en el mundo hispánico no solo un pasado, sino un futuro por construir. Tras la pérdida de un imperio, la generación del 98 se embarcó en una guerra cultural a principios del siglo XX, planteando un primer ‘Brexit’ hispano que buscaba integrar el regeneracionismo con una nueva posición postimperial.
En la década de 1920, conceptos alternativos sobre lo español y lo hispano coexistían como solución, no como problema. El «hispanismo», impulsado por investigaciones como las de Antonio Niño, se consolidó como una academia del español y sus derivados.
En universidades de Europa y Estados Unidos, el hispanismo ofrecía oportunidades de lucro, como descubrió George Ticknor, quien prosperó en Boston con sus clases y libros sobre literatura española.
Los «hispanistas» se dedicaron a la investigación y enseñanza de la lengua, la literatura y la historia españolas. Sin embargo, el intento de recuperar la hispanidad en los años cincuenta fue rechazado por un desarrollismo pragmático en América, que consideraba la herencia hispana como un lastre para el nacionalismo criollo oligárquico.
La Hispanidad como Horizonte Postpolítico
Tras la Primera Guerra Mundial, el debate sobre la decadencia de Occidente, impulsado por la obra de Oswald Spengler, generó una reacción entre los pensadores hispanohablantes. Se configuró un horizonte de posibilidades civilizatorias en ambas orillas del Atlántico, definiendo una riqueza común y una hispanidad compartida que arraigó popularmente en una era de migración masiva hacia Cuba, Estados Unidos, Argentina y México.
Este horizonte se caracterizó por ser «postpolítico», atento a signos de identificación social como el lenguaje, los gestos, la familia, la religión y la monumentalidad barroca. No obstante, el intento de recuperar esta hispanidad en los años cincuenta fue nuevamente rechazado por un desarrollismo pragmático, disfrazado de tecnocracia liberal.
En España, la corriente europeísta dominó el escenario aspiracional, permitiendo que lo español se considerara moderno y relegando la literatura catastrofista a la ciencia ficción.
José Varela Ortega recordó que Raymond Carr criticaba los escritos negrolegendarios como «basura intelectual» con opiniones ridículas sobre España.
Hacia una Hispanocracia Realista
Quizás ha llegado el momento de valorar lo común de la hispanidad no como un legado exótico, sino como una Hispanocracia articulada y realista, capaz de ajustar la teoría a los fenómenos, como proponía Carr. Es necesario enterrar el bucle melancólico que exige la destrucción completa para comenzar de nuevo.













