
El 'truco' ilegal de los compañeros de piso en Ibiza: Subarriendo y precios desorbitados
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Manu, un profesor de alemán de 29 años, se enfrenta a la dura realidad de la vivienda en Ibiza, donde los subarriendos y los precios desorbitados dificultan encontrar un lugar permanente para vivir.
Llegado a la isla desde Cartagena tras una experiencia laboral en Múnich, Manu consiguió una plaza interina que combinaba medias jornadas en dos instituciones educativas. Sin embargo, encontrar alojamiento se convirtió en una odisea desde el primer momento.
Inicialmente, se hospedó en un hotel hasta encontrar una habitación cerca de Can Misses. Pagaba 850 euros por un piso cuyo alquiler total era de 1.200 euros. Sus compañeros de piso, de manera irregular, le subarrendaban la habitación sin el conocimiento del propietario.
El laberinto inmobiliario de Ibiza
La problemática inmobiliaria en la isla presenta múltiples facetas: propietarios que aprovechan la tensión del mercado para fijar alquileres exorbitantes, e inquilinos que se benefician de la entrada y salida de personas en sus inmuebles, subarrendando habitaciones a precios inflados.
Actualmente, en portales inmobiliarios, los pisos más económicos en la zona de Can Misses rondan los 1.500 euros mensuales. Algunas ofertas incluso incluyen el pago de tasas de basura y gastos de comunidad por parte del inquilino, a pesar de que estos corresponden al propietario.
Otro ejemplo son los alquileres de temporada, como un piso de 135 metros cuadrados que se ofrece entre noviembre y abril por 1.500 euros al mes, ideal para empresas o particulares con justificación de temporalidad. Este tipo de alquileres a menudo incluyen restricciones y cargos adicionales, como la prohibición de fumar y el cobro de una limpieza final.
Subarriendos y dificultades
Manu ha experimentado esta situación en repetidas ocasiones. En su primer piso, donde pagaba 850 euros por una habitación subarrendada, solo duró dos meses. No pudo empadronarse porque sus compañeros no querían que el propietario se enterara del subarriendo.
El alquiler de la habitación que Manu pagaba 850 euros en otoño e invierno, ascendía a 1.100 euros en primavera y verano, mientras que el piso entero se alquilaba por 1.200 euros. Esto significa que Manu prácticamente cubría el alquiler de los otros inquilinos durante la temporada turística.
Tras abandonar este piso, encontró otro alojamiento cerca de Can Misses, pero solo duró trece días. No le hicieron contrato y le pidieron que se marchara justo antes de las vacaciones de Navidad. La situación lo superó y consideró renunciar a su trabajo.
Sin embargo, su familia lo animó a intentarlo de nuevo. Pasó cuatro días en un hotel, gastando alrededor de 100 euros por noche, hasta encontrar un nuevo alquiler en la zona de la milla de oro, una de las más caras de Ibiza.
Actualmente, Manu vive solo en un apartamento de dos habitaciones por el que paga 1.100 euros al mes. Este también es un alquiler de temporada, y deberá marcharse en junio, ya que los propietarios quieren disfrutar del piso en verano.
La falta de movilización por la vivienda
Manu no sabe si volverá a Ibiza en septiembre. Aunque en teoría podrían volver a contratarlo, desconoce las condiciones y el puesto que le ofrecerían. Al aceptar el trabajo, pensó que el alquiler sería caro, pero no imaginó la escasez de viviendas.
En comparación con la península, le sorprende que “aquí directamente no hay pisos que se alquilen”. “No hay habitaciones, no hay nada, todo el mundo espera a la temporada turística para alquilar”, afirma.
Además del alquiler, el coste de vida en Ibiza es más elevado que en la península. El transporte público, por ejemplo, le cuesta más de cuatro euros al día, ya que no puede acceder al servicio gratuito para residentes por no estar empadronado.
A pesar de la difícil situación, Manu se sorprende por la falta de movimientos sociales y asociativos en la isla. “No hay un movimiento fuerte pese a la situación”, concluye.













