
Amarga Navidad": Almodóvar reflexiona sobre la responsabilidad creativa en su brillante y arriesgada película
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El cine dentro del cine ha sido una constante en la obra de Pedro Almodóvar. Desde el brillante inserto de *El amante menguante* en *Hable con ella* hasta la compleja estructura de *La mala educación*, el proceso creativo y lo que hay detrás de escritores y cineastas siempre han sido temas recurrentes en su filmografía.
Una matrioska narrativa
Con *Amarga Navidad*, Almodóvar lleva al extremo el juego de ficción y realidad en una filigrana narrativa. La película se presenta como una inteligente y arriesgada matrioska donde cada historia revela la siguiente, formando un entramado que culmina en una escena final impactante.
La primera capa nos muestra a una directora, interpretada por Bárbara Lennie, que acude a un hospital por migrañas. Pronto descubrimos que este personaje es una creación de otro director, Leonardo Sbaraglia, cuyo aspecto recuerda al propio Almodóvar.
De esta manera, la película contiene a tres directores: Lennie, el que escribe su historia (Sbaraglia) y el propio Almodóvar, quien da forma a la película y entrelaza todas las piezas del rompecabezas.
La responsabilidad moral de los creadores
*Amarga Navidad* se revela como una reflexión sobre la responsabilidad moral de los creadores. ¿Hasta qué punto pueden nutrirse de las historias que les rodean, caiga quien caiga? Esta pregunta, planteada por un personaje, resuena a lo largo del filme.
La película evoca a *Arrebato*, un clásico del cine español, al plantear cómo el cine y la necesidad de crear pueden devorar a los artistas.
Autoficción y verdad
En este juego de trenzas narrativas, Almodóvar se desnuda en un ejercicio de autoficción con un gran componente de juego narrativo. Aborda temas recurrentes en su obra, como la soledad y la unión de las mujeres como forma de superación.
La película se permite construir una ficción errática que, en su última pirueta, se convierte en parte del filme. La última matrioska, la más pequeña, da sentido a las anteriores en una escena final donde Almodóvar incluso hace autocrítica de lo que se ha dicho de sus últimas películas.
Un encaje de bolillos
*Amarga Navidad* es un encaje de bolillos planificado al detalle, evidenciado en un final protagonizado por Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez Gijón.
Almodóvar recupera señas de identidad perdidas en los últimos años, como el humor. Hay guiños al kitsch, como el bombero stripper interpretado por Patrick Criado. Los insertos musicales recuerdan a *Hable con ella*, aunque el de Amaia no encaja tan bien como el *Cucurrucucú Paloma* de Caetano Veloso. Destaca la escena en la que Bárbara Lennie y Victoria Luengo escuchan *La llorona* de Chavela Vargas.
La película desprende el sello de Almodóvar en cada fotograma, desde la composición hasta el vestuario y la partitura de Alberto Iglesias. En esta ocasión, el espectador se rinde al riesgo de un director que podría vivir en el conformismo, pero que decide ofrecer algo intelectual, emocionante y que invita a reflexionar sobre lo que hay detrás de cada obra de ficción.













