
El impacto de la crisis energética: ¿Quién se beneficia realmente?
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El cierre del estrecho de Ormuz ha provocado la interrupción de entre el 20% y el 25% de los flujos mundiales de petróleo y gas natural licuado, lo que ha disparado los precios internacionales de estos combustibles fósiles. Esta situación afecta a todas las economías, especialmente a las que dependen de las importaciones del Golfo Pérsico.
Ante esta crisis, diversos países han implementado medidas para reducir el consumo de energía y proteger el poder adquisitivo de la población. Estas medidas incluyen la reducción de la semana laboral, el fomento del teletrabajo, el cierre de oficinas y universidades, restricciones a la circulación de vehículos, la limitación de exportaciones de petróleo y gas, el racionamiento y los topes de precios, así como subvenciones sectoriales.
El impacto en Europa
Aunque Europa tiene una menor dependencia física de los combustibles fósiles del Golfo Pérsico, no está aislada del impacto monetario, ya que el precio de referencia del petróleo se establece a nivel mundial. Los primeros efectos económicos de la crisis se están manifestando a través de los precios.
Aumento de precios: ¿Dónde se nota más?
El aumento del coste del combustible para vehículos privados es uno de los canales más inmediatos por los que la ciudadanía se ve afectada. En un intento de contener esta subida, el gobierno ha aprobado la rebaja del Impuesto del Valor Añadido (IVA) al 10%. Sin embargo, existe la posibilidad de que esta rebaja sea absorbida por los márgenes de beneficio de las empresas.
Otro canal de impacto es el financiero, con la subida del Euríbor, el tipo de interés al que están referenciadas la mayoría de las hipotecas variables. Los bancos anticipan que el Banco Central Europeo (BCE) elevará los tipos de interés para combatir la inflación, trasladando esta expectativa a los precios que cobran a sus clientes.
Finalmente, la subida de los precios de los alimentos también influye. Los combustibles fósiles se utilizan en toda la cadena de distribución y consumo de alimentos, y los fertilizantes nitrogenados requieren gas natural para su producción. El incremento del precio de la energía se traducirá en un aumento del precio del producto final.
¿Cómo se establecen realmente los precios?
La explicación convencional de la inflación suele centrarse en el exceso de demanda, la cantidad de dinero en circulación o el aumento de los salarios. Sin embargo, esta explicación a menudo ignora el papel de los beneficios empresariales. Se asume que los mercados son competitivos y que las empresas simplemente trasladan al consumidor el aumento en el coste de sus insumos.
Sin embargo, en los sectores estratégicos de la economía mundial, como el petróleo y el gas natural, las empresas tienen poder para fijar precios. En estos mercados, las empresas no solo trasladan la subida del coste, sino que la amplifican, aprovechando eventos extraordinarios para aumentar sus márgenes de beneficio.
Durante la pandemia y la guerra en Ucrania, las empresas con poder de mercado han cosechado “beneficios caídos del cielo”. Estos beneficios no se deben a una conspiración, sino a una “coordinación implícita” en la que las empresas aprovechan la incertidumbre y la aceptación pública de las subidas de precios para aumentar sus márgenes.
El caso de la gasolina
El “crack spread 3-2-1” es un indicador clave de rentabilidad del sector de refino que estima el margen de las refinerías al comparar el coste del petróleo crudo con el precio de los combustibles derivados. Este indicador ha experimentado una subida importante, lo que indica que las compañías están obteniendo miles de millones en “beneficios caídos del cielo”.
En resumen, ante un shock de oferta y la presencia de empresas con gran poder de mercado, cualquier medida que no neutralice estos beneficios adicionales será insuficiente. La rebaja del IVA propuesta por el gobierno, por ejemplo, podría ser absorbida por los márgenes de beneficio de las grandes empresas.
Es previsible que tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo suban los tipos de interés, lo que podría provocar un frenazo a las inversiones y un incremento del desempleo. En este contexto, se necesita una intervención política más activa y audaz para evitar que la frustración alimente el descrédito de la política.
La historia se repite: un shock geopolítico dispara los precios de la energía, los gobiernos responden con rebajas fiscales que erosionan la recaudación sin contener la espiral, y las grandes empresas del sector acumulan beneficios extraordinarios. Romper este patrón exige actuar sobre los márgenes de beneficio. Europa ya lo intentó tímidamente en 2022 con un impuesto a los beneficios extraordinarios del sector energético, y España experimentó con topes de precio en el mercado eléctrico. Estas medidas fueron imperfectas, pero apuntaban en la dirección correcta.
No podemos permitirnos repetir la estrategia de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Es necesario atreverse a señalar a quienes se benefician de esta situación para evitar que la crisis alimente aún más el descrédito de la política.













