VIOLENCIA Y VULNERABILIDAD: LA DURA REALIDAD DE LAS MUJERES SIN HOGAR EN TENERIFE

VIOLENCIA Y VULNERABILIDAD: LA DURA REALIDAD DE LAS MUJERES SIN HOGAR EN TENERIFE
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VIOLENCIA Y VULNERABILIDAD: LA DURA REALIDAD DE LAS MUJERES SIN HOGAR EN TENERIFE

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La situación de las personas sin hogar en Tenerife se ha agravado, con un aumento del 27,5% en 2024, afectando especialmente a las mujeres. Un estudio reciente revela las múltiples violencias y dificultades que enfrentan, incluyendo problemas de salud mental, vejaciones y agresiones, particularmente en el caso de las mujeres racializadas.

Mujeres invisibles: Estas mujeres sobreviven en un contexto de invisibilidad social e institucional, donde los recursos y servicios disponibles no están diseñados para atender sus necesidades específicas. El informe “Perder la casa ha sido mi enfermedad”, elaborado por Médicos del Mundo, ofrece una visión más completa del sinhogarismo, incluyendo a personas sin techo, sin vivienda, con vivienda insegura o inadecuada.

Causas y consecuencias: A diferencia de los hombres, las mujeres sin hogar suelen llegar a esta situación debido a la pérdida de apoyo social y la violencia, especialmente la violencia de género. Buscan evitar la calle recurriendo a familiares, amigos o parejas, lo que a menudo las expone a situaciones de violencia machista que deterioran su salud física y mental. Además, muchas enfrentan la pérdida de la custodia de sus hijos y la desintegración de sus familias.

Datos alarmantes: En 2022, Cáritas Diocesana cifró en 458 las mujeres en situación de sinhogarismo en Tenerife, representando una de cada cuatro personas sin hogar. La mayoría reside en el área metropolitana (Santa Cruz de Tenerife y La Laguna) y en municipios turísticos como Arona y Adeje. Cerca del 50% son españolas, mientras que entre las extranjeras predominan las venezolanas, colombianas e italianas. La mayoría tiene entre 46 y 60 años.

Salud precaria: Depresión, ansiedad y cáncer

Las mujeres sin hogar en Tenerife sufren en mayor medida ansiedad (21,3%), depresión (22,1%) y trastornos mentales (14%) en comparación con los hombres. La falta de privacidad y las interrupciones en el descanso, sumadas al estrés constante por evitar la violencia, afectan su bienestar físico y emocional.

Enfermedades y adicciones: Las enfermedades articulares y musculares son comunes debido al esfuerzo físico de cargar sus pertenencias, así como por trabajos precarios en el hogar y la limpieza. En alojamientos de apoyo, se observa un porcentaje significativo de casos de cáncer (15,2%), posiblemente vinculado al envejecimiento y a diagnósticos tardíos. Un tercio de las mujeres encuestadas consume alguna sustancia, siendo más frecuente el consumo de drogas entre quienes viven en la calle (77,3%).

Barreras de acceso: Salud, higiene y descanso

El acceso a la salud es un desafío, especialmente para las mujeres en situación administrativa irregular, ya que la mayoría no tiene tarjeta sanitaria. Incluso algunas españolas carecen de este documento, debido a robos, agresiones o control por parte de sus parejas.

Más allá de la salud, las mujeres enfrentan dificultades para satisfacer necesidades básicas como la alimentación, el aseo y el descanso. Muchas han dejado de comer durante el día, conformándose con un vaso de agua con azúcar. La higiene es un problema, recurriendo a baños públicos y toallitas. La falta de sueño es otra constante, debido a las preocupaciones y la inseguridad.

Violencia constante: Vejaciones e insultos

Las mujeres sin hogar están expuestas a robos, insultos, agresiones sexuales y mendicidad. Las mujeres migrantes sufren en mayor proporción agresiones físicas, insultos y discriminación en los servicios públicos que las nacidas en España. Las propuestas sexuales a cambio de dinero o ayuda son más frecuentes entre las jóvenes, mientras que la mendicidad afecta más a las mayores de 60 años.

Propuestas de solución: Para proteger a estas mujeres, el estudio propone intervenciones con enfoque de género, interseccional y antirracista, la creación de recursos específicos y la prevención de alojamientos informales e inseguros. Se plantea reconocer la violencia de género como desencadenante y fomentar espacios participativos donde puedan conversar, recibir y ofrecer ayuda.