
La paciencia tiene un límite": Los países del Golfo, atrapados en la represalia de Irán a la guerra de EEUU e Israel
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Desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, las naciones del Golfo Pérsico se han encontrado en medio de una tormenta de represalias. Inicialmente dirigidas a instalaciones militares estadounidenses, las acciones de Teherán se han intensificado, impactando aeropuertos, hoteles y distritos financieros. Además, la interrupción del tráfico marítimo en el estratégico estrecho de Ormuz amenaza las economías del Golfo, con repercusiones globales en el sector energético.
Mientras Donald Trump y Benjamin Netanyahu celebran la operación, que ha provocado caos y pérdidas de vidas en Irán, se resisten a fijar un plazo para la resolución del conflicto. La situación se agravó con el asesinato de líderes iraníes y un ataque israelí al yacimiento de gas de Pars Sur, compartido con Qatar.
Irán respondió con ataques directos a la producción energética de sus vecinos, incluyendo una refinería de Aramco en Arabia Saudí, importantes refinerías en Kuwait y la planta de gas natural licuado de Ras Laffan en Qatar.
Los países árabes han instado a Irán a detener los ataques. En una reunión en Arabia Saudí, ministros de Exteriores árabes y musulmanes emitieron un comunicado conjunto condenando las acciones de Teherán y llamando a la diplomacia como vía para resolver la crisis.
Advertencias y reacciones
Arabia Saudí elevó el tono, reservándose el derecho a emprender acciones militares si fuera necesario, advirtiendo que su paciencia “no es ilimitada”. Turquía, por su parte, afirmó estar transmitiendo consejos a Irán para evitar una mayor escalada del conflicto en Oriente Medio.
Las reacciones en la región son cada vez más enérgicas, aunque dispares. Omán aboga por la distensión, mientras que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos adoptan posturas más beligerantes. Las tensiones entre Irán y Emiratos Árabes Unidos han escalado, con deterioro de las relaciones diplomáticas, suspensión de visados y cierre de instituciones iraníes.
Teherán ha respondido afirmando que no habrá “contención” en su represalia. Tras el bombardeo al yacimiento de gas, Irán publicó una lista de objetivos “legítimos” que incluía complejos petroquímicos, refinerías, yacimientos de gas y plantas industriales en Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Qatar.
La ira de los países del Golfo se ha intensificado con los ataques, que aumentan la presión sobre sus dirigentes, y algunas fuentes apuntan a que existe la sensación generalizada de que Irán ha cruzado todas las líneas rojas.
A pesar de la creciente presión, se cree que los líderes de la región temen una conflagración mayor y evitan una implicación militar directa. Qatar, por ejemplo, expulsó a los agregados militares y de seguridad de la embajada de Irán tras el ataque al yacimiento de gas.
Esta decisión refleja la creciente preocupación incluso entre los Estados que han mantenido lazos relativamente estables con Teherán.
Impacto económico y estrategias
Las acciones iraníes suponen un “golpe importantísimo” para la economía de los países del Golfo, con posibles revisiones de cuentas e impacto en compromisos de inversión con Estados Unidos.
QatarEnergy ha informado que los ataques iraníes han dejado fuera de servicio el 17% de la capacidad de exportación de gas natural licuado del país, provocando una pérdida estimada de 20.000 millones de dólares en ingresos anuales.
La estrategia de Teherán se centra en imponer costos en lugar de buscar una victoria decisiva, explotando puntos de presión regionales como la infraestructura energética, las rutas marítimas y las instalaciones militares estadounidenses.
Hasta ahora, los países del Golfo han priorizado la estabilidad, expresando su preocupación por los ataques iraníes, pero manteniendo declaraciones moderadas para evitar una mayor escalada. Algunos incluso han intentado mediar entre Teherán y Washington.
Los países de la región se encuentran en una situación estratégica delicada, atrapados en el fuego cruzado de una guerra por la que están pagando un alto precio.
En este contexto, los Estados del Golfo intentan equilibrar la amenaza de los ataques iraníes con el riesgo de verse arrastrados a la guerra liderada por Estados Unidos e Israel.
Presión y posibles escenarios
Washington ha estado presionando a los Estados del Golfo para que se unan a su guerra con Israel. Al inicio del conflicto, la Administración Trump se enfrentó al descontento de sus aliados del Golfo Pérsico, quienes no fueron avisados con antelación del ataque estadounidense-israelí.
Recientemente, ha trascendido que estos mismos países parecen estar animando a EEUU e Israel a que concluyan la guerra de forma contundente, debilitando por completo la capacidad militar de Irán.
Algunos medios estadounidenses han señalado el rol de Mohammed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, quien habría aconsejado a Trump actuar con dureza contra Irán.
¿Arrastrados por la guerra?
Hasta el momento, los países del Golfo han optado por una estrategia defensiva. Sus sistemas de defensa aérea han interceptado la mayoría de los drones y misiles disparados por Irán, aunque algunos proyectiles han causado daños y víctimas.
La mayoría de los analistas coincide en que sigue habiendo una reticencia generalizada a entrar en la guerra, y creen que las probabilidades de que reconsideren su postura y pasen a la ofensiva son bajas.
Se considera que Israel sería el “gran interesado” en un escenario de confrontación directa entre un bloque suní-israelí e Irán, aunque esto se considera poco factible.
Los ataques están cohesionando a los países del Golfo, que se ven amenazados en conjunto. Arabia Saudí se está coordinando más con todos los países del Consejo de Cooperación del Golfo.
Todos están haciendo un frente común ante lo que perciben como una amenaza vital, considerando a Irán como el principal desestabilizador en la región.













