El auge de la violencia machista en línea: ataques y respuestas

El auge de la violencia machista en línea: ataques y respuestas
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

El auge de la violencia machista en línea: ataques y respuestas

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Durante el mes de marzo, los medios han destacado el aumento de la violencia digital, que en algunos casos ha trascendido las pantallas para manifestarse en forma de acoso y agresiones físicas. Figuras públicas como Rita Maestre, Ione Belarra e Irene Montero, junto con Tesh Sidi y Antonio Giraldo, han denunciado estos actos ante las autoridades y los medios. Además, se han iniciado procesos judiciales contra individuos por enviar mensajes homófobos a jóvenes a través de Instagram y contra futbolistas por difundir un video sexual de una menor de 14 años.

Un estudio reciente de la Universidad de Murcia, basado en entrevistas a más de mil mujeres, revela que el 61% ha sufrido presiones sexuales en línea. La investigación subraya el impacto negativo de la violencia digital en la salud mental, manifestándose en ansiedad, baja autoestima y temor a que el acoso se extienda al ámbito físico. Esta situación provoca que muchas mujeres limiten su participación en espacios digitales.

En respuesta a esta problemática, los gobiernos de España y México han anunciado medidas para combatir la violencia en línea. El gobierno español presentó la herramienta “Huella del Odio y la Polarización (HODIO)”, destinada a medir y evaluar la presencia de discursos violentos y degradantes en redes sociales. Por su parte, el gobierno mexicano ha establecido un acuerdo con plataformas digitales como Meta, Google y TikTok para implementar mecanismos de protección para las mujeres, que incluyen campañas de sensibilización, la creación de canales para denunciar y retirar contenido violento o íntimo no consentido.

Si bien hace una década el enfoque estaba en la violencia entre jóvenes nativos digitales, actualmente la atención se centra en las acciones coordinadas desde la “manosfera” para intimidar a feministas, activistas, comunicadoras y políticas. No obstante, también se ha producido un aumento en las iniciativas para documentar, contextualizar, prevenir y dar apoyo en casos de violencia machista en línea.

Un ejemplo de estos esfuerzos es la sentencia de la Audiencia Provincial de Bizkaia, que condenó como delito de odio las expresiones racistas y misóginas vertidas en redes sociales contra la activista Quinndy Akeju. Esta sentencia demostró que la investigación de la violencia puede superar el anonimato y garantizar la justicia.

Adaptación de leyes y exigencia de responsabilidad

La abogada penal Laia Serra elaboró en 2018 un informe sobre la violencia de género en línea. Serra destaca que en aquel momento la violencia digital se consideraba principalmente un problema de reputación o conflicto interpersonal, sin reconocer su impacto en la participación ciudadana y la democracia. El tiempo ha demostrado la importancia de abordar esta violencia transversal que afecta a diversos grupos, no solo a los jóvenes.

En 2020, Serra logró que la ley catalana contra la violencia machista incluyera la violencia en redes sociales y en la esfera pública. Esta medida ha impulsado la formación de profesionales en la atención a la violencia digital y la creación de recursos como la línea Fembloc, que ofrece asesoramiento tecnológico, legal y psicosocial.

Posteriormente, se introdujeron modificaciones en el Código Penal para castigar no solo a quienes divulgan contenido sexual sin consentimiento, sino también a quienes lo republican. Sin embargo, Serra lamenta que los estados y las instituciones europeas no logran que las grandes plataformas rindan cuentas y prioricen la responsabilidad sobre el lucro, lo que dificulta la lucha contra la violencia facilitada por los algoritmos y la inteligencia artificial.

Serra insta a la Agencia Estatal de Protección de Datos, a la Inspección de Trabajo y al sistema de salud, entre otros actores, a ser proactivos en la lucha contra la violencia digital e incluirla en diversas normativas.

Redes de apoyo

Las huelgas feministas de 2018 y 2019 marcaron un punto álgido en la lucha, pero también generaron una fuerte reacción misógina y supremacista en redes sociales, con participación de grupos de extrema derecha y los llamados *incels*. El Instituto de las Mujeres ha analizado el uso del término “Charo” para ridiculizar y silenciar a feministas de izquierda.

La Relatora especial de las Naciones Unidas sobre la libertad de opinión y de expresión y otros organismos internacionales de derechos humanos han instado a abordar esta ofensiva globalizada. Amnistía Internacional ha llamado a actuar con perspectiva interseccional contra la violencia de género facilitada por la tecnología.

En México, la colectiva feminista Luchadoras MX ha creado una Línea de Apoyo contra la Violencia Digital, que ofrece información, orientación legal, mecanismos de reporte, contención emocional y canalización con autoridades y otras colectivas.

Las responsables de la Línea de Apoyo, Gisel Santos y Paola Rivera Niño, destacan la importancia de contar con redes de apoyo que escuchen sin juzgar, acompañen y validen las emociones de las víctimas. Subrayan que es en estos espacios donde se puede recuperar la voz y tomar aire.

Desde Luchadoras, señalan que la tecnología avanza más rápido que la regulación, por lo que es fundamental documentar el fenómeno y no bajar la guardia. Además, alertan sobre la proliferación de bots y cuentas automatizadas para coordinar ataques y la manipulación de imágenes mediante inteligencia artificial (deepfakes).

Advierten que los algoritmos de las plataformas facilitan la viralización de narrativas misóginas, LGTBIQA+fóbicas, antifeministas y supremacistas, lo que se traduce en hostigamientos masivos contra periodistas, creadoras de contenido y activistas. Concluyen que se trata de una estrategia dentro de conflictos políticos más amplios sobre género, democracia y derechos.

Mayor conciencia

La psicóloga Isa Duque, del proyecto Psico Woman, observa que en las charlas que ofrece a estudiantes de secundaria, el tema de la violencia digital no surge con tanta frecuencia como las dudas sobre relaciones y salud mental. En cambio, los jóvenes expresan preocupaciones sobre el control a través del móvil en las relaciones de pareja.

Estíbaliz Linares, investigadora de la Universidad de Deusto y autora de la guía de ciberviolencias “Ponle nombre”, destaca que los jóvenes son cada vez más conscientes y conocen sus límites en las redes sociales. Además, identifican discursos racistas y generan redes de protección en plataformas como Tinder.

Linares celebra que en la comunidad autónoma vasca se ha superado la etapa en la que la policía impartía charlas sobre ciberviolencias sexuales, que promovían el miedo y la culpabilización. Ahora, educadoras de consultorías con perspectiva de género acuden a las aulas. El siguiente paso es transversalizar el tema en el currículo e implicar a todos los agentes educativos.

Linares no comparte medidas como la prohibición del uso de redes sociales a menores de 16 años. Considera que es necesario trabajar desde la infancia para que los jóvenes rechacen el contenido violento y se vinculen con otros discursos sobre masculinidades, feminidades y diversidad.

¿Y las violencias benevolentes?

La guía sobre ciberviolencias de Emakunde dedica un apartado al *body shaming* y a la gordofobia, entendida como el rechazo y la violencia hacia las personas gordas.

Magda Piñeyro, divulgadora sobre gordofobia, género y diversidad corporal, distingue entre la gordofobia explícita (insultos, amenazas, burlas) y la gordofobia benevolente (comentarios bienintencionados sobre la necesidad de hacer ejercicio o dieta).

Piñeyro señala lo difícil que es concienciar sobre el daño que causan mensajes aparentemente inofensivos como “con un par de kilitos menos estarías mejor”. Agrega que tanto las violencias explícitas como las benevolentes ponen en el punto de mira a cualquier mujer gorda que suba una foto de vacaciones con sus amigas.

Las recomendaciones de la guía de Emakunde se dirigen al resto de la ciudadanía: “Antes de recomendarle a alguien que cambie sus hábitos de vida, piensa si de verdad te importa su salud o te molesta su cuerpo. ¿Le harías la misma recomendación a alguien que sube una foto fumando o bebiendo?”.